“El estado no es más que el bozal que tiene por objeto volver inofensivo a ese animal carnicero, el hombre”
 Arthur Schopenhauer

El asesinato de Frei Montalva

Iván MurayPor Iván Muray
Publicado el 11 Dec, 2009

Eduardo Frei MontalvaEl 22 de enero de 1982 fallecía en la clínica Santa María Eduardo Frei Montalva, Presidente de la República de Chile (1964-1970), Presidente del Senado de Chile, Ministro de Obras Públicas y vías de comunicación durante el gobierno de Juan Antonio Ríos, senador por Atacama y Coquimbo, Senador por Santiago, miembro del Partido Conservador, miembro fundador de la Falange Nacional, fundador del Partido Demócrata Cristiano, creador del Ministerio de Vivienda, bajo su gobierno se promulgó la Ley de Guarderías Infantiles, promovió la sindicalización tanto obrera como campesina, Pavimentó la Carretera Panamericana desde Arica hasta Puerto Montt, nacionalizó la Compañía Chilena de Electricidad, se creó en su gobierno la Comisión Nacional de Energía Nuclear, se adquirió para el Estado, la Compañía de Teléfonos de Chile (CTC), se creó la Oficina de Planificación Nacional, actual Ministerio de Planificación y Cooperación, impulsó la Reforma Agraria, para “dar acceso a la propiedad de la tierra a quienes la trabajan, aumentar la producción agropecuaria y la productividad del suelo“, durante su mandato se determinó la Nacionalización del Cobre, con lo cual el Estado de todos los chilenos pudo adquirir El Teniente, Andina, La Exótica, Chuquicamata, El Salvador y Potrerillos (Wikipedia). Moría ese 22 de enero de 1982 un hombre que hizo del servicio a la Patria la razón de su vida.

Hoy, a 27 años de su muerte, el ministro Alejandro Madrid determinó judicialmente que la muerte del presidente Frei fue un homicidio perpetrado por agentes de la Central Nacional de Investigaciones, agencia que dependiente del Ministerio del interior, en calidad de “organismo militar, integrante de la Defensa Nacional” (www.memoriaviva.com) siendo ministro de esa cartera, el ex senador Sergio Fernández (UDI), y subsecretario Jovino Novoa, actual presidente del Senado, quien será el encargado de entregarle la banda presidencial a nuestro futuro presidente.

Las primeras reacciones que surgieron inmediatamente por parte de la derecha fueron de indicar una jugada política desde el gobierno para blindar al actual candidato Eduardo Frei, hijo del anterior. Efectivamente tenemos muchas razones para pensar que esto es así, hacer el anuncio a menos de una semana de las elecciones, es por lo menos sospechoso, más después de un entierro simbólico (y merecido) de Víctor Jara, también asesinado por la dictadura de Pinochet, muestra por lo menos una tendencia a revivir el pasado con el fin de marcar las diferencia de quienes apoyaron y justificaron la dictadura y de quienes se encontraban en su oposición.  Aunque esto no sea así es un flaco favor para la justicia, que se ve empañada por las críticas de la derecha y el oportunismo de una Concertación, que no sabe como obtener más votos.

Sin embargo es necesario que hagamos oídos sordos a la mezquindad y a la  pequeñez, a la falta de nobleza de la clase política que tenemos, y ver más allá del pantano actual en que se encuentra la política chilena, para que podamos ver con claridad la importancia del asesinato de un presidente de la República.

La dictadura de derecha, no sólo se dedicó a asesinar y a ocultar a sus víctimas, no sólo torturó y amedrentó a los habitantes de nuestro país por 17 años, no sólo transformó la política en algo despreciable, sino que además practicó el magnicidio, algo muy raro en la historia de Chile, matando a Eduardo Frei Montalva, uno de los más importantes presidentes que ha tenido este país, nos guste o no admitirlo. Ésta dictadura, defendida hasta el último minuto por la derecha, practicó el terrorismo de Estado, matando a Orlando Letelier, en la capital misma de Estados Unidos, mató a su ex Comandante en Jefe, Carlos Prats junto a su señora, en Buenos Aires, también atentó en Roma contra la figura de Bernardo Leighton. Tampoco debemos olvidar el asesinato del general Rene Schneider, poco antes de la elección de Allende por parte del Congreso Nacional.

Matar a Frei Montalva, significó terminar con la vida de un dirigente político capaz de reunir a las fuerzas opositoras en contra del régimen militar, en un escenario de crecientes protestas populares y de crisis económicas. Esto no hace más que confirmar la deshonrosa actitud de las Fuerzas Armadas durante los años de la dictadura, haciendo moralmente inválida cualquier pretensión justificatoria de tan horrendos acontecimientos. La derecha que siempre apoyó a la dictadura, que se benefició políticamente del actuar de los militares, que siempre negó la posibilidad de que se cometieran crímenes contra ciudadanos chilenos, o que justificó estos hechos como parte de una supuesta “guerra civil”, hoy comete el mismo pecado de eludir el fondo del problema de la muerte del ex presidente Frei Montalva, en vez de aprovechar la ocasión, propicia en una elección presidencial, de condenar el asesinato y aparecer ante la opinión pública, comprometida con la defensa de los derechos humanos, demuestra su acostumbrada cobardía y simpleza para enfrentar las violaciones a los derechos humanos, mostrando su adherencia irrestricta a un régimen moralmente despreciable, y cayendo en el repetido juego de la Concertación.

La Derecha Chilena se encuentra ad portas de ganar una elección después de 52 años. Tiene la oportunidad de mostrar al país que es una opción viable de proyecto país; más allá del proyecto institucionalizado por la dictadura, un proyecto del cual la derecha, tanto en lo político, como en lo económico, es la mayor ganadora. Sin embargo la pequeñez y la mezquindad de sus sectores más tradicionales, nuevamente florecen, mostrando una vez más aquella derecha repudiable, comprometida sólo con sus intereses, la derecha que definitivamente los chilenos prefirieron desahuciar en el plebiscito de 1988. La muerte de Frei Montalva es un horror en si misma, y a pesar de lo inapropiado de su reconocimiento judicial, a pocos días de las elecciones, la clase política chilena debiera estar satisfecha que después de 27 años se este conociendo la verdad, en vez de preocuparse de sus egoístas intereses privados. Pero claro, gestos de grandeza sólo se les pueden pedir a los grandes y honestos.

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Un comentario
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  1. Lo felicito por poner el foco donde debe estar: repudio sin peros a este crimen asi como al de todos aquellos que fueron víctimas de la dictadura.

    Lo otro, pequeñeces o no, cálculos mas o menos, no es lo importante hoy.

    saludos

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