La derecha neoconservadora regresa a administrar el legado de Guzmán
Publicado el 20 Jan, 2010
Acabamos de salir de una nueva disputa electoral, en el cual los chilenos eligieron a la máxima autoridad del país, en un proceso efectuado eficientemente, con muy pocas irregularidades y con mucha responsabilidad política por parte del gobierno y de la oposición. El gesto del candidato perdedor de ir a saludar a su adversario, la llamada de la presidenta al nuevo presidente electo, así como la ordenada participación de los votantes y el interés que las elecciones despiertan en la ciudadanía en general, muestran como el proceso eleccionario, representante de la democracia, se encuentra arraigado en el ideario colectivo de nuestra sociedad, ideal democrático recuperado hace 20 años, después de la dictadura más brutal que Chile ha conocido.
Sin embargo fue aquella dictadura la que ha creado la institucionalidad democrática que tenemos, siendo su principal artífice Jaime Guzmán, principal forjador de la Constitución Política de 1980 (Cristi; El pensamiento político de Jaime Guzmán). Cuya visión conservadora es la que se impone, y es mantenida por el sector político afín a sus ideas, principalmente el partido político fundado por él, la UDI.
Para Guzmán la democracia sólo es concebida como un mero medio para elegir autoridades, sin ningún valor en sí misma, y por lo tanto un instrumento, que puede servir sólo hasta cierto punto: “entender la democracia como un medio y no un fin… permite asumirla no como una meta, sino como un camino” (Guzmán; Escritos personales). En esta concepción de democracia, esta se manifiesta tan válida como cualquier otra forma de gobierno, ya sea un autoritarismo o una oligarquía, pues lo importante es que ella funcione bien para gobernar.
Guzmán entiende la democracia como un medio para generar autoridades y nada más, y como ella es un instrumento y no una finalidad deseable, su ejercicio no implica ningún cambio cualitativo en la realidad social de Chile: “Otros buscan proyectar la democracia hacia un concepto económico-social de bienestar; de igualdad, ya sea de oportunidades… de variados anhelos que han generado incluso el termino de democracia económica. Esto me parece, en cambio, confuso y confundidor” (Guzmán). Al eliminar la concepción de la democracia como el fin de una sociedad, ella no puede ser considerada como una forma de establecer alguna influencia de la mayoría sobre la estructura política, económica y social del país, quedando en manos de las autoridades políticas elegidas y por sobre todo las autoridades técnicas. Esta concepción de la democracia, nace luego de que proyectos políticos reformadores de la sociedad hayan contado con el apoyo de una mayoría democrática, como fue el caso de la Democracia Cristiana del gobierno de Eduardo Frei y la Unidad Popular de Salvador Allende.
La razón que se esconde bajo este mecanismo, es separar radicalmente la política de los ciudadanos, quienes solo tienen el derecho a concurrir a elegir a sus autoridades. Esta separación entre el gobernante y los gobernados, es un principio fundamental del legado de la dictadura militar, al establecer la distinción entre poder político y poder social, fundamento de la nueva institucionalidad impuesta al país: “El poder político o facultad de decidir en los asuntos de interés general para la nación, constituye propiamente la función de gobernar al país… El poder social, en cambio, debe entenderse como la facultad de los cuerpos medios de la sociedad para desarrollarse con legítima autonomía hacia la obtención de sus fines específicos” (Declaración de Principios del Gobierno Militar). De esta manera la forma de gobierno, no podrá ser nunca la vía por la cual se ejerza un poder democrático que efectúe los cambios que la mayoría quisiera implantar, sino que se dejan a la voluntad de quienes gobiernan, creando un sistema político autónomo de la soberanía popular. Podemos recordar a modo de ejemplo, que los cambios en materia de educación llevados a cabo bajo el régimen de Michel Bachelet, no nacieron de la voluntad de nuestras autoridades, sino que se vieron obligados por el descontento general de los estudiantes, expresado en paros, protestas y tomas de colegios mayoritariamente públicos.
Tomando en cuenta estos antecedentes que nos muestran la esencia de la democracia implantada en Chile, tenemos fundadas razones en creer que los continuadores de la obra de Guzmán, la Unión Demócrata Independiente, profundizarán esta separación y además tendrán un gran poder político para implantar sus propios principios conservadores, ya que son el partido más fuerte dentro de la nueva coalición gobernante. Así temas como la legalización del aborto, la píldora del día después, o reformas que busquen cambiar el modelo económico y político, estarán en las manos de una oposición que mayoritariamente es conservadora y autoritaria, “La Unión Demócrata Independiente sostiene que es lícito que –a través de un órgano jurisdiccional independiente- se suspenda el ejercicio de los principales derechos cívico-políticos a las personas o grupos que pretendan valerse de ellos para conculcarlos… El debilitamiento del matrimonio, la legislación del aborto… son síntomas que se fomentan o aprovechan por esta nueva expresión gramsciana del marxismo… Enfrentar los peligros que entraña dicha agresión contra el espíritu y los valores de la cultura occidental y cristiana, es una misión de especial actualidad que Unión Demócrata Independiente asume” (UDI, Declaración de Principios).
Frente al panorama de un gobierno de la derecha, en que la UDI es el partido más fuerte y a la vez más ideologizado, cabe esperar una profundización de las políticas y restricciones impuestas en la dictadura, ya sea en el campo político, económico y moral, a menos que el nuevo presidente tenga el liderazgo para refrenar el impulso de las fuerzas más conservadoras que existen dentro de su coalición. Con las fuerzas de la derecha dentro del gobierno, no debemos esperar que nuestra democracia tome un carácter más sustancial, y no sea sólo un mero instrumento para elegir autoridades, ya que esta vez, las autoridades son las mismas que implantaron este sistema democrático, ajeno a la tradición republicana de nuestra historia política.
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