“El coraje es la primera de las cualidades humanas, porque es la que te garantiza todas las demás”
Winston Churchill

La Infidelidad Política, una triste realidad en la política chilena

Leonel QuezadaEscrito por Leonel Quezada
Publicado en Editorial el 13th Jan, 2010

Patricio NaviaLa “discología” (patología asociada a una rebeldía política) se ha impuesto como una moda dentro de la política del S. XIX en nuestro país. Ya son varios los casos en que por desacuerdos partidistas se han separado facciones o personas y se han sumado a otras agrupaciones como se dio con los díscolos DC que se sumaron al PRI, se han formado nuevas agrupaciones como lo es ChilePrimero (Lasegunda.com) y el fenómeno Marco Enríquez-Ominami, por otro lado. Sin duda estos cambios desde pocas aristas pueden ser criticados, ya que en el punto en que los objetivos e ideas se separan, no hay forma de convivir en un mismo lugar mental y por ende si el cambio no demuestra un alejamiento ideológico visceral no existe forma de objetar una conducta apegada a la coherencia ideológica. Los cuestionamientos surgen cuando este desvío deriva en una preocupante oscilación ideológica, ya que en punto denota un atropello a los ciudadanos que han confiado su voto o su apoyo político a estas personas que han demostrado pensar de una forma, pero han actuado de una forma totalmente incoherente a la imagen que en algún momento ofrecieron.

Esto es lo que se ha dado en el último tiempo. Emblemático es el caso de Fernando Flores y Jorge Schaulsohn, que luego de formar ChilePrimero, se pasaron al comando de Sebastián Piñera (Lanacion.cl), siendo que ellos fueron parte de la consolidación de la Concertación e incluso Flores fue Ministro en el gobierno de Salvador Allende. Los casos aludidos vienen del mundo netamente político, lo cual no debería sorprender dada la dinámica de este juego: el candidato de la derecha aprovechando el apoyo de un par de personajes surgidos del mundo de la Concertación, lo cual siempre viene bien a la hora de captar unos cuantos votos de la centro-izquierda; y por otra parte un par de figuras desgastadas que habían perdido importancia dentro de la coalición de gobierno la recobran en el bando contrario, incluso tomando muchas veces la vocería del comando de Piñera (Cooperativa.cl), como lo ha hecho Schaulsohn en reiteradas ocasiones en esta elección.

Formar parte de un partido, es compartir los valores e ideales individuales con una agrupación.  Es probable que a una edad temprana las personas tengan inquietudes y sus ideas transiten de un lugar a otro, pero cuando las personas son políticos consagrados, su conjunto de valores y creencias ya esta formado, por lo tanto estos cambios denotan un fuerte componente utilitario, lo que claramente desprestigia aún más la figura de lo políticos, deslegitimando el sistema y haciendo frágil la institucionalidad ideológica de los partidos políticos que es elemental en democracia, es cosa de mirar a nuestros vecinos para encontrar esa penosa realidad. Ejemplos como Fujimori o Bucaram representan la incapacidad de un sistema de partidos de reforzar el carácter ideológico y programático de los partidos, facilitando la irrupción de personas sin partido, contrapartidarias o de comportamiento utilitario que debilitan el sistema y afectan a la representatividad democrática integra.

Ahora bien una cosa es el utilitarismo que se da entre los políticos, y sus enormes desviaciones ideologicas, y una bien distinta y novedosa es lo que pasa con los politólogos. La figura del analista político es bastante respetada en nuestro país, muchos de ellos son líderes de opinión que actúan como intermediarios entre la cúpula política-gubernamental y la sociedad (Bouza Brey, 1991), en donde una de las funciones importantes que tienen es colocar temas en la agenda pública y proveer de análisis más sofisticado al que se encuentra en la prensa tradicional, influenciando con mayor fuerza la opinión pública. Muchos de ellos no se identifican con un color o agrupación política, lo cual les permite opinar y criticar de una forma bastante más objetiva y libre, mientras que otros dejan ver de antemano sus posturas y como éstas se asocian ideológicamente a algún sector. Juicios de valor respecto a este tema no son muchos lo que pueden haber, cualquiera de los casos es una opción respetable que allana una pluralista forma de discriminar contenido y transparentar opiniones, ponderando el público lo que quiere leer o escuchar. Ahora bien, una cosa distinta es cuando un politólogo de marcada tendencia decide tapar con un dedo toda su estructura valórica y pasa a apoyar al bando contrario (Duna.cl). Las críticas que este puede haber hecho de su propio sector pueden estar muy bien fundadas, pero ¿es tanta la liviandad intelectual de alguien como para cometer semejante error?

En un primer momento Patricio Navia consideró que apoyar a Marco Enríquez-Ominami era una opción coherente desde la posición en que él ha criticado a la Concertación (Elreferente.cl), lo cual a todas luces fue acertado ya que ni un sector se vio ofuscado por esta determinación, de hecho Navia siguió haciendo su trabajo y manteniendo una posición preponderante dentro del “selecto” grupo de analistas consagrados, además de otorgar sólidos argumentos a su decisión de respaldar al candidato rupturista.

Luego de la segunda vuelta y un intercambio de mails con el candidato de la Alianza, Navia da su apoyo a Piñera (Latercera.com) ¿Es entendible como en menos de un año un “líder de opinión” pase desde un polo del espectro político al otro? ¿Desde apoyar al candidato socialista a apoyar al candidato que representa a uno de los partidos más ultraconservadores de Latinoamérica, y quizá el mundo, la UDI? El análisis que se desprende de esta situación es que Navia ha marcado un hito. Primero porque se pasea peligrosamente por la delgada línea que separa el objeto de estudio del estudio del objeto, lo que genera una confusión en su rol dentro de la arena política, ya no sabemos a que juega Navia. Segundo, su desconfiguración ideológica ya no da pie para ponderar sus columnas y opiniones, ya no sabemos hacia donde va ni que es lo que desea como sociedad. Y tercero, es claro el descontento de sus lectores expresado en gran cantidad en las redes sociales, ya que pasó de ser un representante de la sociedad civil a un mero votante ahogado con las penosas prestaciones de los candidatos en contienda, perdiendo todo el prestigio que supuestamente alguna vez tuvo.

La “Infidelidad Política” ha tomado lugar en nuestro sistema, primero por parte de los mismos políticos (cosa obvia a mi parecer) y ahora por parte de los analistas políticos (cosa nada obvia y sin querer generalizar). Esta “patología” si sigue su escalada, puede terminar por debilitar los cimientos de la disciplina partidaria y de la honestidad ideológica, imprescindibles para un sistema político democrático saludable. Lo último quizá es más importante pues el elector tiende a percibir que un partido u otro da lo mismo, pues no existe una trinchera defendible al punto de que sean atractivas ciertas ideas y claramente contrastables con las de los opositores. Y por sobre todo, quienes son reconocidos como comentaristas y analistas serios, pues son estudiosos de la política, no pueden seguir el camino de la infidelidad política de los actores políticos, pues la seriedad y prolijidad del análisis coyuntural se ve contaminada con la misma patología que se quiere diagnosticar y analizar, desincentivando por parte del publico la confianza en la palabra de quienes mejor pueden describir y analizar los asuntos políticos.

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