Obama, ¿la extinción de una esperanza?
Publicado el 14 Jan, 2010
Hope we can believe in, así proclamaba uno de los tantos logos utilizados por Barack Obama en su carrera por el sillón presidencial estadounidense. Luego de un poco más de un año de gobierno, las esperanzas al menos en política exterior parecen esfumarse. El fracaso en lograr un acuerdo de cambio climático, incapacidades en sembrar éxitos en seguridad internacional (más precisamente en Medio Oriente) y el retorno de la retórica del terrorismo son resultados que el mundo no hubiese esperado de un presidente que buscaba diferenciarse de las políticas impuestas por el ultraconservador George W. Bush, trayendo tolerancia y respeto al ejercicio de la política exterior norteamericana. E incluso para ciertos comentaristas Obama parece reflejar hoy importantes aspectos de las políticas y actitudes encaminadas por Bush, mientras otros lo asimilan a Jimmy Carter, y creen que terminará sin un segundo periodo por su actitud blanda y poco exitosa en política exterior.
Copenhague y el Cambio climático
El tema del cambio climático depende esencialmente de las principales potencias industriales mundiales, de modo que generalmente quienes más producen, más contaminan y contribuyen a las alteraciones climáticas en curso y las que científicos han presagiado para los próximos años. En términos de contaminación los líderes son justamente Estados Unidos y China, donde esta última ha sobrepasado ostensiblemente las cantidades de contaminación por carbono emitidas en EE.UU. (News.bbc.co.uk). Por tanto la responsabilidad de lograr un acuerdo en materia medioambiental en Copenhague era china y norteamericana esencialmente. Sin embargo, no se llegó a un resultado satisfactorio debido a la inacción norteamericana, y al deseo de las economías emergentes lideradas por China (Guardian.co.uk) de no comprometerse en la reducción de emisiones.
Aquello sucedió por dos razones: la primera es la inhabilidad y falta de voluntad de EE.UU. de liderar un proceso de cambio y de fijación de metas razonables de cómo reducir las emisiones de CO2 en 80% hacia 2050, y por otra parte el deseo chino de seguir disfrutando de altos niveles de crecimiento a costa de elevados niveles de contaminación (con el respaldo de otras potencias emergentes), pues mayor crecimiento económico significa, mayor cuota del poder económico internacional y a mediano plazo según diría Paul Kennedy, poder a nivel internacional. Por otra parte, EE.UU. se encuentra limitado por actores domésticos para liderar un cambio en las energías y procesos productivos a nivel internacional, ya que es débil el discurso ambientalista y los productores nacionales prefieren producir barato antes que invertir en energías limpias (Spiegel.de). Debe haber sorprendido, en la Cumbre, la actitud china de enviar Ministros subrogantes a dialogar con Obama en vez de instaurar un diálogo entre iguales. Sin embargo, luego del estancamiento en las negociaciones se presenció un ofuscado Obama solicitando una conversación directa con el presidente chino Wen Jiabao, luego de la cual se acordó el denominador común más bajo en políticas ambientales, y el bullado fracaso de Copenhague. La actitud de China fue lejos de ser cooperativa, más bien su posición fue de dilatar las conversaciones hasta el punto de hacerlas casi fracasar completamente.
China
Un resultado tal no hubiese sido posible si China justamente no hubiese tenido el poder, o el leverage, para casi hacer fracasar Copenhague. De hecho la retórica irrupción de Sudan, puede explicarse solamente como portavoz de una serie de intereses ajenos a esta, donde pesan notablemente los chinos. China ha actuado con una confianza no antes observada (Spiegel.de), que sólo se puede explicar por su actual lugar en los asuntos internacionales. Esto nos señala que el poder que EE.UU. ejerce a nivel internacional está en notable caída, quizá permaneciendo solamente a nivel militar, y que vivimos en un mundo en transición, desde una fuente de poder hacia otra.
Por otra parte, China es el principal socio estratégico de EE.UU. en todo sentido, pero no necesariamente a la inversa, por tal razón Obama en su gira asiática visito primero el país de la Gran Muralla antes que cualquier otro país. China apoyó la recuperación económica mundial con su propio plan de estímulos, sin el cual probablemente la economía internacional se hubiese hundido. Dicho plan alcanzaba el 13 por ciento del PIB chino, doblando el plan de recuperación norteamericano. Además, dos tercios de las reservas internacionales chinas están en dólares, por tanto cualquier alteración por parte de Beijing pondría en peligro la moneda norteamericana.
Así pues, la actitud de Obama se orienta hacia la cooperación y a desarrollar una relación con el liderazgo chino el cual él necesita más de lo que los chinos lo necesitan a él (Spiegel.de), una estrategia poco adecuada al delicado momento de por el que pasa EE.UU. hoy. Cabe notar también que EE.UU. está en una situación de dependencia con China. No sólo China es el principal comprador de la deuda externa norteamericana (lo que posibilitó en parte el escandaloso bail-out a fines del 2008) también – gracias en parte a un devaluado yuan- tiene un enorme excedente comercial con los EE.UU.
Cuando asumió Obama prometió que deseaba escuchar al mundo con respeto. Pero al parecer esta actitud no es tan convincente como creía. Los intereses y no las emociones son las que dominan los asuntos internacionales de realpolitik, esto sobre los asuntos de seguridad y poder específicamente. Al final de su viaje Obama no logró ninguna concesión importante por parte de China: no se redujeron las emisiones de carbono, una revaluación del yuan fue pospuesta, sanciones contra Irán fuera de discusión, y el desarmamiento nuclear no es tema para los chinos. En definitiva, en su gira asiática Obama volvió con pocos logros de los que hubiese esperado concretar. Al parecer la posición benevolente de Obama es incompatible con la política exterior que requiere el deteriorado status de EE.UU. en política exterior y la notable competencia de igual a igual que ejerce China hoy en día.
Seguridad Internacional y Terrorismo
La reciente crisis de seguridad nacional en EE.UU. ha devuelto la retórica y la influencia del miedo a la política exterior norteamericana de los labios del presidente Obama, el cual calificó de “casi desastrosas” las fallas de inteligencia que rodearon al intento de atentado terrorista el día de Navidad en un avión de Northwest Airlines. Obama trató en este primer año de no referirse a la temática terrorista que había sobreexplotado su predecesor G.W. Bush, e incluso una de sus promesas de campaña, el cierre de Guantánamo, no se ha cumplido hasta hoy. Hoy es el presidente del contraterrorismo y su vocero de gobierno Robert Gibbs ya usa el término “Guerra contra el Terrorismo” como si todavía estuviese Bush en el gobierno. En este sentido, hoy la seguridad nacional y el terrorismo han vuelto a la mentalidad de los norteamericanos (Spiegel.de). Donde a pesar de la diferenciación que Obama deseaba hacer con su predecesor, hoy lo preocupan los mismos temas, utiliza la misma retórica y quizá resolverá el tema de una manera similar.
En Medio Oriente, sus socios israelíes lo han dejado sin incidencia en los asuntos con Palestina. El gobierno de Benjamin Netanyahu concibe la paz sólo bajos sus términos, rechazando el llamado de Obama para un fin de la construcción de los asentamientos israelitas. Como tal Obama no puede ofrecer ni negociar nada con palestinos y sirios (Spiegel.de), estancando aun más el lento proceso de paz que se desea lograr en aquella región. En Afganistán luego de la estrategia de reconstrucción civil propuesta a principios de su gobierno, esta está siendo cambiada a otra que de una rápida “salida estratégica” de territorio afgano. Esto sobre todo luego de informes de seguridad nacional que informan que las células de Al-Qaeda han dejado ese país para concentrarse en Pakistán y Yemen. Con Irán, ha habido un cambio estratégico de otorgarle a ese país la posibilidad de convencer al mundo de sus fines nucleares pacíficos, al discurso en Asia donde Obama mencionó “consecuencias” si no se siguen sus recomendaciones, volviendo al punto en que Bush dejo el poder, una posición confrontacional.
En definitiva, en política exterior hoy Obama tiene más deudas que éxitos luego del aura de esperanza y de promesa un efectivo nuevo liderazgo que surgió en su campaña. En cambio climático, el tema más importante a mi juicio, sólo si los EE.UU. reducen su consumo excesivo de energía, se comprometen a objetivos de reducción de emisiones de CO2 obligatorios y ayudan a financiar países en desarrollo para que se alejen del petróleo todavía hay esperanza de que países como China o India lo sigan y permitan parar el peligroso calentamiento global (Spiegel.de). Lograr esto permitiría dar nuevas fuerzas a la política exterior norteamericana, otorgarle credibilidad y peso real, no especulativo. No obstante aquello no ocurre y EE.UU. tiene una posición ambivalente y poco comprometida con el cambio climático, lo que toca evidentemente el liderazgo que lo empuja a tales políticas. El discurso conciliador y suave de Obama puede ser ahistorico a la realidad que enfrentan los Estados Unidos y a la altura de los desafíos actuales, en el discurso se pueden pintar muchas realidad posibles, con China, Irán, Israel, en Afganistán, etc., pero en la práctica los países son fríos y moldeados por los intereses nacionales antes que el bien inmediato de la Comunidad Internacional, al menos así lo prueba la falta de permeabilidad de la retorica y actitud de Obama en política exterior.
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