El primer gabinete de Piñera y una estocada al corazón de la Concertación
Publicado el 10 Feb, 2010
Este martes Sebastián Piñera presentó su gabinete en una ceremonia bastante protocolar. En cifras duras tenemos que esta conformado por cuatro militantes de la Unión Demócrata Independiente (UDI), cuatro militantes de Renovación Nacional (RN) y catorce “independientes”, uno de ellos hasta hace poco militante de la Democracia Cristiana (DC) y destacado concertacionista. De los 22 ministros sólo seis son mujeres, dejando de lado la idea de gabinete paritario – la cual la misma Concertación dejo de lado hace mucho – pero cumpliendo la promesa de que el gabinete tendría un alto grado de independencia y existirían altos estándares técnicos y méritos académicos de sobra, lo cual refuerza la idea de meritocracia.
El gabinete político de la Moneda tiene su punto alto con el nombramiento de Cristián Larroulet quien por su gran trayectoria y peso político marcará el paso del Ministro del Interior (Rodrigo Hinzpeter) y la vocera de gobierno (Ena von Baer). Sin embargo los tres deberían conformar un muy buen equipo, una estupenda primera línea. Por otra parte, más allá de nombramientos esperados como el de Felipe Larraín (Hacienda) y otros que no nos dicen mucho hasta que veamos a sus titulares en acción como en Salud (Jaime Mañalich), hay grandes aciertos como Juan Andrés Fontaine en Economía lo cual apunta a revitalizar esta cartera tan dejada de lado en el último tiempo, y Obras Públicas con el peso y tonelaje de Hernán de Solminihac. También hay nombramientos que resultan muy complicados como el caso de Alfredo Moreno (Relaciones Exteriores) por su escasa experiencia política y diplomática, Joaquín Lavín (Educación) por lo complicada que resulta la cartera, y Camila Merino (Trabajo) por su nula experiencia política y la dificultad natural del sector en el próximo gobierno. También resultan interesantes nombramientos como el de Felipe Kast que es avalado por diversas credenciales académicas que lo vinculan directamente con la cartera asignada (Planificación).
Sin entrar en mayores detalles resulta bastante evidente que la derecha económica y académica – no se puede decir que intelectual por razones que veremos más adelante – se ha impuesto en la configuración del gabinete (Elmostrador.cl). No obstante, más allá de eso es importante distinguir dos cosas, lo primero es que la independencia política no existe, aquello por lo menos es una falacia, la distinción correcta es con respecto a la militancia política, pero es difícil imaginarse que alguien nombrado por el Presidente electo es “independiente”, es sabido hace mucho que grandes personeros políticos prefieren mantenerse al margen de un partido y presentarse como líderes transversales de su sector, en la misma Concertación hay ejemplos de aquello. Lo segundo es con respecto al concepto de meritocracia o “equilibrio técnico-político”, el cual se ha instalado con fuerza en la opinión pública como una falsa necesidad de separar lo político de lo técnico, siendo que lo realmente importante es reforzar la profesionalización de los cuadros políticos, la cual además debe ser adecuada pues no se es técnico de un sector sólo por ser tener un MBA. Sebastián Piñera nos ha querido hacer creer – equivocadamente – con su gabinete que cualquier persona con un MBA de Chicago u otra Universidad similar esta capacitado para ser ministro de cualquier cosa, aquello no es correcto y quedará demostrado con los ajustes que deberá realizar antes del segundo semestre en su gabinete.
Los dos aspectos señalados anteriormente están entrelazados y apuntan a la idea de apoliticidad que caracteriza al pensamiento conservador chileno, idea alimentada por el “mito portaliano” dónde se considera que el poder debe tener un carácter despersonalizado y se desprestigia profundamente el ejercicio político (se recomienda leer La apoliticidad en el pensamiento conservador chileno, Editorial de Ballotage).
Por otra parte, también se vislumbran evidentes problemas en la configuración del nuevo gabinete que apuntan a la falta de experiencia y peso político – tan sólo destacan como figuras políticas fuertes Larroulet, Hinzpeter y Lavín – de los nuevos ministros, lo cuál podría ser lógico pues la derecha no ha sido gobierno, sin embargo aquel argumento resulta falaz pues no es necesario ser parte de un gobierno para tener conocimiento de lo público. También hay muchísimos conflictos de intereses siendo los más evidentes el de Alfredo Moreno por el caso de la instalación de empresas en que ha trabajado en Perú y el de Jaime Mañalich director de la Clínica las Condes, no entraré en más detalles pues aquello eso es digno de otra columna. Finalmente señalar lo preocupante que resulta la poca diversidad del gabinete, al parecer es requisito obligatorio ser todo un Chicago Boy y ser cercano a los sectores conservadores de la Iglesia Católica, parece en cierta medida un club social dominical, y más allá de lo meritocratico que pueda resultar es paradójico ver la presentación del “gabinete del bicentenario” en el lugar dónde O’Higgins asumió como Director Supremo acompañado de los antepasados de la mayoría de quienes nos dirigirán por cuatro años más, a veces pareciera que la democracia, monarquía y aristocracia resultan más parecidas de lo que nos gustaría.
Un puñal en el corazón de la Concertación
Punto aparte merece el hecho político más destacado del atípico “show mediático” que se presento para anunciar el primer gabinete del próximo gobierno, el nombramiento de Jaime Ravinet como Ministro de Defensa. Finalmente Piñera consiguió una de las cosas que más anhelaba, reclutar a una figura importante de la Concertación para su gobierno.
El no sentirse impactado por la estocada de Ravinet al corazón concertacionista es desconocer la realidad política de Chile y dejarse guiar por una falsa ilusión de una Democracia Cristiana caricaturizada por los conflictos que vivió durante la época de la Unidad Popular, hace ya casi cuatro décadas. La DC chilena es un partido de centro-izquierda que cultiva una identidad mucho más alejada de la derecha que los demás partidos de la Concertación – con excepción claramente del Partido Socialista – de hecho durante los últimos años dicha actitud le ha costado cierto distanciamiento con sus pares internacionales.
Ravinet ha justificado la incorporación al gobierno de Piñera mencionando la unidad (Elmostrador.cl), sin embargo el manoseado concepto de “Unidad Nacional” corresponde a gobiernos en tiempos de crisis política, hoy sólo resulta una estrategia de Piñera para poder acercarse cada vez más al “centro político”, por otra parte ni siquiera corresponde a una real re-articulación política propia de sistemas más dinámicos como el parlamentario o fruto de sistemas electorales más flexibles y democráticos. Es inevitable comparar los motivos de Ravinet con el caso de Kouchner en Francia, una gran figura de la oposición de Sarkozy que asumió como su Ministro de Relaciones Exteriores esgrimiendo la frase “Francia me llamó, no podía negarme” (Elmostrador.cl).
Si bien la DC de inmediato ha respondido condenando la actitud de Ravinet (Elmostrador.cl) es necesario esperar un tiempo para ver las reales consecuencias que traerá esta situación. Con respecto a lo anterior existen expectativas de que eventualmente la DC o una facción de esta se pueda incorporar al gobierno de Piñera, sin embargo me aventuro a señalar que lo de Ravinet es sólo un caso aislado que a corto plazo dará impulsos a ciertos sectores en la batalla para configurar la oposición (Ballotage.cl). Sin embargo, a mediano y largo plazo las cosas podrían cambiar, aunque hoy eso parece bastante difícil.
Foto: Juan Farías | Latercera.com
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