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Mahatma Gandhi

¿Por qué la “Democracia de los Acuerdos” hoy?

Gabriel HenríquezEscrito por Gabriel Henríquez
Publicado en Nacional el 2nd Feb, 2010

Acuerdo EducaciónAnte la propuesta de una relación del próximo gobierno de Sebastián Piñera con la Concertación imitando la “democracia de los acuerdos” puesta en marcha desde principios de 1990 por la misma coalición de centro izquierda, voces a favor y en contra dentro de esta misma han dividido la opinión sobre la factibilidad de reinstaurar este tipo de “cordial” relación entre derecha e izquierda. Extraña que en una democracia que se hace llamar “de consenso”, palabra usada y explotada ampliamente por la Concertación, surja del seno de esta un discurso disonante e incluso rupturista respecto a esta relación.

La democracia de los acuerdos fue una forma de gobernar que respondió a un momento tenso en la historia de Chile donde un gobierno democrático ejercía el poder luego de 17 años de dictadura, bajo las reglas fijadas por esta y virtualmente compartiendo el poder político con la derecha más dura que se expresaba a través del Ejercito, por medio del mismo Pinochet. De cierta forma, la democracia de los acuerdos, puede ser concebida como un “tutelaje”- aunque obviamente el título original suena mucho más cordial – de la derecha a la forma de ejercer el gobierno por parte de la Concertación. Esto en cuanto a leyes y políticas que esta podía manifestar, en una clara soberanía limitada de la coalición de centro izquierda para llevar a cabo su programa y prerrogativas de gobierno. Esto permitió, no obstante, pasar leyes que si bien eran necesarias, por otra parte representaban lo máximo tolerable por la derecha.  Lo que quiere decir que no se tocaron puntos relativos  a la institucionalidad vigente, democratización, derechos humanos ni el sistema económico. Esta estrategia dio una salida a la penible situación del gobierno de Aylwin frente a la derecha dura comandada desde el Ejército por Pinochet, y por otra parte permitió a la derecha auspiciar leyes que no la desfavorecían y a la vez se encubría el carácter antidemocrático de las limitaciones que ejercían activamente contra la Concertación.

Hoy en día la proposición por parte de la derecha extraña por varias razones. La primera es que la “democracia de los acuerdos” reflejó políticamente una enorme asimetría entre el legitimo gobierno y las ilegitimas trabas impuestas por la derecha a este, las más chocantes el ejercicio de enlace y el boinazo de Pinochet para oponerse al actuar de la institucionalidad democrática. En segundo lugar, por el carácter extraordinario de esta política imponerla en “democracia” equivale a sacrificar los ideales de pluralidad, diferencia y competencia que supone el rol de la oposición y la legítima expresión ideológica de los partidos con respecto a las políticas que emanen del Ejecutivo o Legislativo. En tercer lugar, esta “estrategia política” fue ejecutada por las cúpulas partidarias y de gobierno con aquellas de la oposición a espaldas de la ciudadanía, que actuaba solo como recipiente de las decisiones acordadas “más arriba”, así ya 20 años después esperaríamos razonablemente que los partidos fuesen más inclusivos y cercanos a la ciudadanía, y no la política al servicio de las élites.

Quizá aun más relevante es explicarse ¿por qué la derecha querría volver a la “democracia de los acuerdos”?, invitación que fue de plano rechazada por el PS (Cooperativa.cl) y acogida por algunos personeros DC como Patricio Aylwin. Es más, durante los últimos días desde la derecha se ha reforzado el llamado de Piñera a conformar un gobierno transversal y a acordar con esta futuras políticas (Elmostrador.cl), por otra parte parece que de no lograrse una “democracia de los acuerdos 2.0″ la culpa de la inefectividad del gobierno pasaría a la Concertación (Elmostrador.cl), sumado al hecho de que si la Concertación actuase de manera dura con las propuestas que emanen del gobierno, según la derecha, esta cometería un error histórico (Latercera.com). Ante esto caben hartas lecturas, en primer lugar pareciera notarse el hecho de que la derecha no es gobierno desde hace más de 50 años por su incapacidad de tomar una postura solida como gobierno ante un Legislativo dividido, buscando espacios para acomodar sus propuestas antes que reinventar una estrategia política que es totalmente ahistorica e insultante para varios sectores de la Concertación. En segundo lugar, es probable que se haya reconocido la incapacidad de llevar a buen puerto gran parte del programa de gobierno de Sebastián Piñera – por no contar con mayoría en el Legislativo, razón por la cual, al parecer desesperadamente se buscó el apoyo de Independientes y Radicales en un bochorno que dejó damnificada a la cúpula política radical – y se desea ingeniar una forma de trasladar la culpa del fracaso de varias políticas trazadas en el programa, desde el Gobierno hacia la “intransigencia” de la Concertación. Y en tercer lugar, es probable que la Alianza esté tratando de dividir a la Concertación, por una parte planeando convocar a personeros Concertacionistas para integrar el gobierno de Piñera; y por otra parte buscando diferenciar entre una Concertación colaboracionista, de los partidos o facciones más cercanas ideológicamente a la derecha (ha de recordarse el “Frente Parlamentario por la Vida” de la UDI y la DC), y una Concertación oposición, que no tranzaría en temas ideológicamente opuestos. En definitiva, dividir para conquistar apoyos.

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