“La verdadera medida de la grandeza de un hombre es cómo trata a quien no puede beneficiarle en nada”
 Samuel Johnson

ISSN0719-0212

La problemática de la democracia en la América Latina de hoy

Diego A. ChávezPor
Publicado el 7 Apr, 2011

América LatinaLa historia de la lucha por la democracia en América Latina es extensa y compleja pues implica un recorrido no ausente de obstáculos, entre los que se encuentra, principalmente, el periodo de gobiernos autoritarios que duró entre las décadas de 1960 y 1970; sin embargo, a pesar que hoy es posible afirmar que este tipo de régimen de gobierno se ha consolidado en la región no podemos dejar de lado la idea de que la democracia latinoamericana, como todo proceso político de trascendencia, tiene una naturaleza dinámica y, por lo tanto, continúa desarrollándose y lo seguirá haciendo por varios años.

Para demostrar estos obstáculos sorteados por la democracia en América Latina, podemos recurrir a los estudios realizados por Michael Coppedge, quien señaló que es posible establecer dos grandes tendencias en el ámbito regional, en especial, en el periodo que transcurre entre 1982 y fines de los años noventa:

a) una transición desde partidos de masa con fuerte énfasis en la organización, encapsulamiento y movilización de militantes hacia partidos profesional-electorales orientados hacia la captación de adhesiones mediante el marketing político y la cooptación clientelar de sectores sociales bajos; y b) un proceso de reemplazo de partidos tradicionales por nuevos partidos con características organizacionales más funcionales al contexto económico de crisis y de austeridad que se inicia en 1982 y perdura a lo largo de los años noventa (cit. Luna, 2011: 378).

Todo este proceso fue definido por este autor como ‘darwinismo político’, pues implicaba la necesaria adaptación de las organizaciones partidarias a los continuos cambios en el contexto socio-económico por el que atravesó América Latina. No obstante, más allá de que dichas organizaciones todavía requieren una continua reforma para adaptarse a las transformaciones en las especificidades de los contextos históricos de los diferentes países, al parecer ese periodo en el que todavía se podía temer por una ‘regresión democrática’ en la región ha desaparecido y los temas que hoy son objeto de estudio y análisis son otros, más aún cuando existe, estadísticamente, un amplio apoyo al desarrollo de este tipo de régimen de gobierno.

Algunos datos que permiten constatar esta consolidación de la democracia como régimen de gobierno preferido en la región, son aquellos proporcionados por los estudios de la Corporación Latinobarómetro que año a año reflejan el estado de la opinión pública en América Latina respecto a una serie de temáticas en las que se encuentra precisamente el apoyo a la democracia.

Los datos de dichos informes reflejan que desde el año 2000 existe un incremento constante –natural en el lenguaje estadístico puro– del apoyo a la democracia en América Latina, tal es así que encontramos en 2010 un promedio de 61,38 por ciento de apoyo a este régimen de gobierno en toda la región (Latinobarómetro, 2010: 43); dato que, junto a los continuos análisis a los que se ha enfrentado en las últimas décadas, permite afirmar la consolidación de la democracia en Latinoamérica. No obstante, es en este punto en el que conviene realizar un interrogante relevante para el estudio del proceso democrático: ¿de qué tipo de democracia estamos hablando? ¿Cuál es la problemática central que hoy atañe a la democracia en América Latina?

Para responder a las preguntas planteadas, nos apoyamos en el marco teórico que vino desarrollando la denominada Red de Investigación de la Democracia Andina (RIDA), la misma que diferencia entre la democracia electoral –poliarquía en términos de Robert Dahl–, la democracia constitucional y la democracia de ciudadanos [1]. En este marco, podríamos decir que los datos presentados sobre apoyo a la democracia en la región están haciendo referencia, principalmente, a los dos primeros tipos señalados, es decir, a la democracia electoral y la constitucional.

En resumen, la primera de ellas se caracterizaría por la existencia de un régimen democrático en el que los ciudadanos puedan votar y postularse en elecciones competitivas, para ello, el índice de este tipo de democracia estaría compuesto de cuatro aspectos centrales: el derecho a votar, la existencia de elecciones limpias, procesos electorales seguros y la garantía que las autoridades electas puedan ejercer sus cargos. Por su parte, la democracia constitucional es concebida como un sistema en el que las instituciones deliberativas cumplen los propósitos para los que fueron diseñadas, por lo tanto, implica la posibilidad que tiene la población de legislar y fiscalizar, entre otras, de forma indirecta a través de sus representantes electos/as (Cfr. RIDA, 2011: 518-525).

A esta altura, está por demás decir que la problemática de la democracia en la América Latina de hoy no es la forma de acceso al poder, sino más bien el ejercicio del mismo, lo que no implica solamente el cómo se lleva a cabo dicho poder, sino para quién se lo hace. Es por ello que la pregunta central para el actual proceso democrático en la región ya no es ¿qué hacer para evitar el regreso del autoritarismo?; por el contrario, las nuevas interrogantes se orientan hacia: ¿cómo mejorar y ampliar la calidad de la democracia?, ¿cómo generar sostenibilidad en el proceso democrático?, ¿cuáles son las nuevas tensiones que deberá resolver la democracia latinoamericana? Por lo tanto, como mencionamos anteriormente, el riesgo ya no está en una potencial ‘regresión democrática’, sino más bien cómo logramos que no exista una pérdida de legitimidad en sus instituciones.

Todo esto se hace más importante aún en un contexto político en el que –a pesar de la existencia de cierto interés de parte de gobernantes de algunos países en mantenerse en el poder– la población demanda constantemente mayor participación (primera tensión) ante el descrédito de la representación política (segunda tensión) en un escenario donde emergen outsiders, independientes y líderes de oposición a los gobiernos de turno, que salen a la superficie del campo político, hechos que se acrecientan aún más debido al derrumbe de los partidos tradicionales (tercera tensión).

Panorama de por sí complejo al que se debe añadir el prolongado ‘rally electoral’ –parafraseando a Daniel Zovatto– que continúa a lo largo del año 2011, por un lado, con la espera de los resultados oficiales de la segunda vuelta realizada en Haití y que el Consejo Electoral Provisional prometió entregar hasta este 4 de abril. Por otro lado, una serie de elecciones de importancia para el escenario político latinoamericano, donde destacan: las ya cercanas elecciones en Perú que, conforme a los datos generados en las encuestas (El Comercio, 3 de abril de 2011), tiene un resultado final incierto aunque es casi confirmada la existencia de una segunda vuelta electoral; las elecciones de Guatemala el mes de septiembre; el también incierto proceso electoral en Argentina en octubre y; finalmente, durante el mes de noviembre, las esperadas elecciones en Nicaragua (Cfr. Zovatto, 2011).

Es este el escenario del proceso democrático en América Latina donde, más allá de los debates tradicionales que se generan en vísperas a elecciones presidenciales y parlamentarias que indican las formas de acceso al poder, la principal problemática de la democracia en la región parece ser la forma de ejercer el poder en un contexto marcado por una creciente demanda por participación más directa en los asuntos públicos, por un marcado interés por el respeto y la garantía de derechos de las más variadas características y, por supuesto, por una mejora constante de la calidad de la democracia, todo ello en entornos estatales que cuentan con sus propias especificidades y desafíos.

Por ello, en resumen, como muy bien señala Gerardo Munck (2010: 590), el nuevo reto para la América Latina de hoy es ‘democratizar la democracia’.

Nota al pie:

  • [1] La ‘democracia de ciudadanos’ es una idea que fue propuesta en base a los estudios encargados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) desde el año 2004, cuyos informes afirman la necesidad de analizar la democracia en América Latina más allá de la concepción minimalista y procedimental generada a partir del voto en las urnas y, por lo tanto, prestar mayor atención a las garantías que la democracia debe generar para el cumplimiento de los derechos sociales y civiles de las personas que conviven en sociedad, sin dejar de lado, por supuesto, el respeto a los derechos políticos de las mismas.

Fuentes:

  • Corporación Latinobarómetro. 2010. Informe 2010 Latinobarómetro. Santiago de Chile: Corporación Latinobarómetro.
  • Luna, Juan Pablo. 2011. “¿Participación versus representación? Partidos políticos y democracia en la región andina”, en: Democracia en la región andina: diversidad y desafíos. La Paz: IDEA Internacional / Instituto de Estudios Peruanos / Plural Editores.
  • Munck, Gerardo. 2010. “Los orígenes y la durabilidad de la democracia en América Latina: Avances y retos de una agenda de investigación”, en: Revista de Ciencia Política, vol. 30, N°3. Santiago de Chile: Pontificia Universidad Católica de Chile.
  • Red de Investigación de la Democracia Andina. 2011. “Marco teórico y metodológico”, en: Democracia en la región andina: diversidad y desafíos. La Paz: IDEA Internacional / Instituto de Estudios Peruanos / Plural Editores.
  • Zovatto, Daniel. 2011. Agenda electoral latinoamericana 2011. Tendencias. Disponible en: http://bit.ly/gzTULO
  • Javiera Arce

    Me gustó tu artículo, sin embargo, viniendo de un boliviano, me extraña que no toques la ampliación del concepto de democracia, por demandas sociales crecientes que se adhieren incluso a una demanda por equidad, y participación en la riqueza , o los llamados derechos sociales, considerados en la ampliación del concepto de Democracia en América Latina- indicadores que la OEA y el UNDP están proponiendo como nueva metodología de análisis-.

    Nuevamente, existe un problema, procedimientos más que sustento político. Si seguimos analizando la política desde las elecciones, difícilmente vamos a mejorarla.
    Saludos

  • Diego Chávez

    Estimada Javiera, muchas gracias por el comentario. Coincido contigo en la necesidad de mirar la política y, en este caso, la democracia más allá de los procesos electorales, por ello me pareció interesante plantear como final de la columna la idea de Gerardo Munck sobre el nuevo reto que para él tiene la democracia en América Latina que es precisamente ‘democratizar la democracia’, algo así como ir más allá de las fronteras de la ‘democracia electoral’ y prestar especial atención a la gestión del poder, además de la necesidad de estudiar la ampliación del concepto mismo de democracia.

    Como muy bien señalas, viviendo en un país como Bolivia donde el proceso de participación y demanda social ha desbordado los límites formales de la democracia y el ejercicio del poder público, sería interesante desentrañar cuáles son las bases teóricas sobre las que se asienta dicho desbordamiento, si bien no realizo un análisis de tales características, en una columna previa intenté determinar algunos de los desafíos de la ‘democracia intercultural’ boliviana (Ballotage: http://bit.ly/hQyAHI).

    Saludos cordiales.