“Resulta imposible atravesar una muchedumbre con la llama de la verdad sin quemarle a alguien la barba”
 Lichtenberg

ISSN0719-0212

Siria: particularidades de la demanda democrática en una república hereditaria (Parte II)

Diego A. ChávezPor
Publicado el 7 May, 2011

Syria RevolutionEn una columna anterior (Ballotage, 28.40.2011), intentamos describir la estructura de poder en Siria que en la actualidad continúa siendo cuestionada por su población, la misma que desde el 15 de marzo salió a las calles en manifestaciones de protesta para demandar reformas, que no son del todo nuevas. Si nos remitimos tanto al denominado ‘Manifiesto de los 99’ del 27 de septiembre de 2000, como a la ‘Declaración de Damasco’ del 16 de octubre de 2005, encontramos las mismas peticiones, a saber: la liberación de los presos políticos y retorno de los deportados y exiliados; la libertad de reunión, prensa y expresión; la liberación de la vida pública de las leyes, limitaciones y otras formas de vigilancia; el establecimiento de un gobierno plenamente democrático; la supresión de la ley marcial (o también denominada leyes de emergencia); y la plena igualdad de todos los ciudadanos, independientemente de su etnia (Cfr. Izquierdo y Gutiérrez, 2009: 290-291).

Las demandas señaladas, que datan en muchos casos hace más de una década, fueron enarboladas nuevamente por la sociedad civil siria ante una fatiga con la retórica y práctica del régimen de gobierno de Bashar al-Assad que, como señalamos antes, está anclado en el culto a la personalidad del líder. Es así que podemos encontrar dos polos de oposición política: el primero que nace desde las opiniones de personajes sirios que se encuentran en el exilio pero que, debido a una pluralidad de intereses no pueden configurar un frente común y; el segundo polo se encuentra al interior de Siria y está encabezado por la sociedad civil y una serie de sectores con pesos específicos, en este polo destacan los Hermanos Musulmanes sirios, la población minoritaria kurda y algunos personajes fuertes disidentes de la estructura de gobierno.

No obstante, debido a las restricciones impuestas por el régimen sirio, dichos polos de oposición política no pueden acceder a espacios formales de decisión ni representación, lo que permite que el gobierno de Bashar al-Assad y las alianzas estratégicas generadas a su alrededor sigan al mando del país. A su vez, es interesante notar que la oposición política interna todavía no ha generado la legitimidad necesaria al interior de la población para constituirse como una alternativa política pues continuamente se señala, por un lado, que dicha oposición no deja de ser reflejo de las características del régimen actual y, por lo tanto, responde a intereses específicos de élites que reclaman espacios de poder y no buscan una restructuración radical del estado actual de situación. Por otro lado, también existe la creencia de que la ausencia de alauíes en las alianzas tácitas generadas en torno a la oposición interna muestra cierto sectarismo que ha sido denominado ‘prosunnismo anti alauí’ (Cfr. Ibíd.: 289).

Son estas particularidades del proceso sirio las que se conjugan actualmente en la ola de protestas que está viviendo ese país. Como señalamos, todo se inició el 15 de marzo a través de una manifestación masiva en las ciudades de Damasco, Alepo y Daraa en las que se demandaba reformas democráticas y liberación de los presos políticos [1]. Situación que se fue ampliando los días posteriores, llevándose a cabo protestas en otras ciudades como Homs, Latakia, Hama, Harasata, Duma, Banias y Jableh, lo que produjo también la introducción de una mayor cantidad de demandas entre las que destaca el fin a las leyes de emergencia. No obstante, también se iniciaron las acciones de represión por parte de las fuerzas de seguridad del régimen sirio –caracterizadas éstas por redadas nocturnas, represión con gases lacrimógenos y armas de fuego, incursión a mezquitas, dispersión violenta de personas que participaban de los funerales de fallecidos en los enfrentamientos, utilización de sicarios civiles del régimen (shabiha), entre otras– , lo que provocó enfrentamientos con los manifestantes cuyo desenlace previsible fueron decenas de muertes a lo largo del periodo de conflicto que, lamentablemente, aún continúa. Tal es así que los portales de noticias del 25 de abril narran una intensificación del conflicto a partir del cierre de las fronteras con Jordania e incursión de soldados acompañados de tanques de guerra a la ciudad de Daraa, lo que implicó enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad del régimen.

Así como existieron protestas en contra del régimen sirio, también se dieron a lugar manifestaciones de apoyo al mismo, principalmente en la ciudad de Damasco. Las alocuciones y acciones del presidente Bashar al-Assad fueron pocas y dejaron mucho que desear entre la población. El 30 de marzo, en el primer discurso público que brindó después de iniciadas las protestas señaló que Siria era víctima de una gran conspiración que tenía el objetivo de desestabilizar el régimen, y a pesar de manifestar la necesidad de introducir reformas no anunció ninguna en concreto. Por su parte, el 7 de abril otorgó la ciudadanía a la minoría kurda con el fin de aplacar un poco las manifestaciones, pero dos días después, en la ciudad de Harasata, los kurdos salieron a la calles con la consigna “libertad y no sólo ciudadanía”. En su segunda aparición pública, el 16 de abril, anunció que las leyes de emergencia serían levantadas y, además, señaló que se crearía una comisión con el objetivo de introducir una política multipartidista en el régimen. Intentando mostrar un símbolo de apertura, el 21 de abril se dio por ratificada una ley a través de la cual se daba por terminado el estado de emergencia que había regido por 48 años.

Sin embargo, a pesar de los anuncios realizados por el presidente sirio, las protestas de la población continúan y al parecer las demandas centrales están siendo canalizadas, cada vez más, en torno a la petición de la dimisión del actual régimen sirio. Es importante resaltar también el simbolismo que representan las manifestaciones de descontento que surgen en varias regiones de Siria, encontramos a la ciudad de Daraa que se vio castigada por la sequía y la corrupción que se hace visible con la expropiación de tierras a las tribus locales bajo el pretexto de mantener la seguridad fronteriza con Jordania. Por otro lado, en Hama existe descontento generalizado debido a que esta región fue el objetivo de la represión de 1982 contra los Hermanos Musulmanes, dejando un saldo de entre 15.000 y 20.000 muertos. En Damasco las protestas se iniciaron en barrios pobres donde existe alta marginación socio-económica y donde se hace más perceptible la gran brecha existente entre quienes tienen más y quienes tienen menos, o no tienen casi nada. Finalmente, en otras ciudades los manifestantes quemaron las sedes del partido Baaz como símbolo contra la opresión política ejercida por el régimen, así como cuarteles de los servicios secretos en contra de las torturas, desapariciones, matanzas y represiones violentas e incluso algunas empresas emblemáticas sirias en contra del nepotismo y la corrupción (Cfr. Sancha, 2011).

Las represiones generadas por el gobierno de Bashar al-Assad provocaron una serie de rechazos de la comunidad internacional, tal es así que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el 27 de abril, buscó generar un acuerdo interestatal en el que se suscriba un texto condenatorio a las matanzas llevadas a cabo por el régimen, sin embargo, ello no fue posible debido a la falta de un acuerdo entre países ante la negativa de las delegaciones rusa y china –con poder de veto– que, según analistas, se debe al temor existente en ambos países que un instrumento de tales características pueda servir como llave para emprender acciones que desemboquen en una mayor pérdida de vidas humanas.

Al respecto, existen autores como Ribal al-Assad que señalan que “en Siria, parece que la protesta pronto pueda quebrar la frágil inmovilidad política del régimen. La mayoría de los sirios enfrentan situaciones económicas y sociales extremadamente difíciles, con un alto desempleo, alzas en los precios de los alimentos, limitaciones a la libertad personal y una corrupción endémica […] Lo que comenzó como manifestaciones por las condiciones de vida se convirtió en demandas generalizadas de libertad y democracia (Project Syndicate 2.03.2011).

No obstante, es bueno preguntarse ¿está Siria preparada para un cambio de régimen?, o más bien, ¿es conveniente para el mundo árabe y algunos países de occidente una alternancia en el poder sirio? Ambos interrogantes se han visto analizados desde distintas perspectivas por quienes siguen este proceso, por ello, una resolución de la confrontación desatada requiere, sin duda, tomar en cuenta el papel que cumple Siria en la región, primero como pieza clave de la alianza que mantiene Irán con grupos extremistas como Hezbolá y Hamas, hecho asociado a la posibilidad de firmar un acuerdo de paz con Israel. En segundo lugar, el papel estabilizador que constituye Siria en la actualidad para algunos países árabes, en especial Líbano y; finalmente, las implicaciones que tiene ‘un régimen sirio democrático’ para los negocios que tienen varios países occidentales con el actual régimen de al-Assad. Son éstas las particularidades que complejizan el panorama e impiden vislumbrar un recorrido del conflicto en dicho país, más aún cuando es perceptible el diferente tratamiento que tiene este proceso respecto de la guerra desatada, hoy en día, en Libia.

Este proceso de protestas sirias se une a toda la ola de rebeliones en el mundo árabe por una ampliación democrática pues la falta de regímenes democráticos en esta región es, según Khaled Hroub, resultado de una alianza profana entre intereses occidentales y los autócratas locales. Notablemente en lo que se refiere a la facilidad de iniciar negocios en el Medio Oriente con regímenes no democráticos, la posición de los países árabes en torno a Israel y el ascenso de los movimientos islámicos ya que, según los miembros de esta alianza,  la celebración de elecciones libres y justas en cualquier país árabe podrían permitir el acceso al poder a los islamistas, para este hecho existen ejemplos contundentes como Argelia en 1991-1992, en Irak en 2005 y en Cisjordania y Gaza en 2006 (Project Syndicate 17.05.2010).

Como muy bien señalan Luis Mauricio Phelan y Elena Cruzado, “todos los indicios nos hacen pensar que el motor de las revueltas es el pueblo y el combustible la desesperación de estos pueblos por mejorar sus condiciones de vida” (Ballotage 4.03.2011). Sin embargo, el desenlace todavía es incierto, los casos de Túnez y Egipto nos permiten pensar en la posibilidad de dar un paso más allá en la búsqueda democrática –sin olvidar que los gobiernos transitorios también podrían constituirse en autocracias en el tiempo–, pero también es necesario tener presente que pueden existir procesos en los cuales el costo de la democracia sea mayor como en el caso de Libia o Bahréin, el primero de ellos convertido en una guerra civil y el segundo donde el reclamo de mayor participación desemboca, en cierto sentido, en una lucha sectaria por el control del poder.

Sin duda, el proceso abierto en los países del mundo árabe recién se inicia y como tal es aún difícil sacar conclusiones al respecto, sólo podemos realizar una cartografía política en torno a su desarrollo y, por lo tanto, me parece oportuno concluir esta columna con una reflexión de Ian Bremmer que parece resumir la situación desatada en Medio Oriente: “La “primavera árabe” ha acabado con las suposiciones sobre la paciencia popular en la región. Ha comenzado un nuevo capítulo, pero nunca debemos sobreestimar la capacidad de los gobiernos nuevos para resolver los problemas antiguos…ni subestimar el ingenio y la brutalidad de los regímenes viejos” (Project Syndicate 6.04.2011).

Nota al pie:

  • [1] El relato de los hechos suscitados en Siria corresponden a una sistematización propia de las noticias de mayor relevancia entregadas por los portales de noticias, los que están citados más abajo, junto a las fuentes de este documento.

Fuentes:

  • al-Assad, Ribal. 2011. “¿Siria es el próximo dominó?”; en: Project Syndicate. Disponible en: http://bit.ly/e3VhQN
  • Bremmer Ian. 2011. “Evaluación de la oleada revolucionaria”; en: Project Syndicate. Disponible en: http://bit.ly/f25DUO
  • Chávez, Diego. 2011. “Siria: particularidades de la demanda democrática en una república hereditaria”; en Ballotage. Revista de Opinión Pública. Disponible en: http://bit.ly/lfp8ZQ
  • Hroub, Khaled. 2010. “Disuasión de la democracia árabe”; en: Project Syndicate. Disponible en: http://bit.ly/aouyS8
  • Phelan, Luis Mauricio y Cruzado, Elena. 2011. “Oriente Medio y la revolución de los jóvenes”; en Ballotage. Revista de Opinión Pública. Disponible en: http://bit.ly/i9Y0vc
  • Sancha, Natalia. 2011. “Siria: ¿reformas o revolución?; en: Foreign Policy, abril 2011. Disponible en: http://bit.ly/er4U79

Portales de noticias:

Leer Parte I