“El hombre honrado es el que mide su derecho por su deber”
 Lacordaire

ISSN0719-0212

El triunfo de Mauricio Macri

Pablo A. ValenzuelaPor
Publicado el 4 Aug, 2011

¿Está en decadencia la política tradicional en Argentina?

Mauricio MacriEl domingo pasado se realizó la segunda vuelta de la elección para Jefe de Gobierno de la Ciudad autónoma de Buenos Aires. No hubo ninguna sorpresa, pues el candidato incumbente, Mauricio Macri (PRO) se alzó con más del 64% de los votos, dejando sin ninguna posibilidad al candidato del Frente para la Victoria, Daniel Filmus, quien apenas logró un magro 35,75%. En la legislatura los resultados no fueron muy diferentes, si bien es cierto que ningún partido alcanza la mayoría absoluta, el PRO alcanza 25 escaños de 60. El Frente para la Victoria sólo obtiene 15 y la UCR sigue relegada a su mínima expresión en la asamblea de la ciudad con sólo 2 bancas.

En el primer gobierno democrático después de la dictadura de Videla, Galtieri y compañía, el presidente Raúl Alfonsín manejó un país heredero de un clivaje político que enterraba sus raíces en los años 40 con la presidencia de Perón y que había atravesado generaciones, manteniéndose vivo en las dirigencias sindicales y en el liderazgo simbólico del exiliado general. Sin embargo, ya entrado los años 90 y con Carlos Menem en el poder, la Unión Cívica Radical, expresión manifiesta del bipartidismo argentina, empezó a perder votos de manera significativa, mientras otras fuerzas políticas empezaban a crecer.

El justicialismo, en tanto, se cristalizó en un partido híbrido que agrupó tanto a sectores de derecha, asentados en el gobierno de Menem, como a grupos de izquierda descontentos con la conducción neoliberal de los 90 encabezada por Cavallo, que renegaba de los postulados tradicionales del partido, cercanos a los trabajadores y a las clases populares. Es en este escenario donde el bipartidismo tradicional de la Argentina se empieza a resquebrajar y la separación entre peronistas y antiperonistas se hace mucho más difusa.

Sin embargo, el colapso del gobierno de Fernando de la Rúa en 2000, cuando el vicepresidente  Carlos Álvarez debió renunciar por un escándalo de corrupción, parecía que hacia retornar los marcos de análisis tradicionales de la política argentina. Rompiendo además la coalición de gobierno que unía al Frente País Solidario (FREPASO) y a los radicales –con lo cual se derrumbaba un pilar del gobierno, que quedó en un precaria situación que desembocó en la imposibilidad del gobierno para sacar al país de la crisis de diciembre de 2001.

Pero ya nada volvería a ser igual. El sistema de partidos argentino ha sufrido una constante desnacionalización y fragmentación. Hoy ni el peronismo ni los radicales, los dos pesos históricos, tienen alcance en todas las provincias y crecen de forma importante alternativas de izquierda o de derecha. Así nace la Propuesta Republicana, de Mauricio Macri, pero también nace la Coalición Cívica, de Elisa Carrió; y el proyecto Sur, de Pino Solanas. El mismo Frente para la Victoria se conforma como una alianza de partidos de izquierda en el que el Partido Justicialista es una parte que incluso compartió posiciones con una facción de la UCR.

Precisamente en estos meses Argentina está viviendo un rally electoral que comprende elecciones en casi la totalidad de las provincias, elecciones primarias y una elección presidencial en octubre donde Cristina Fernández buscará la reelección acompañada de Armando Bodou. Su principal seguidor en la contienda es el radical Ricardo Alfonsín, con lo cual parecieran reeditarse contiendas electorales pasadas entre radicales y peronistas.

En realidad, hoy el escenario es muy diferente. Los hechos sucedidos en Santa Fe y en la ciudad autónoma de Buenos Aires son señales de que la liza política argentina es distinta y que está en un proceso de cambio profundo desde lógicas tradicionales dicotómicas en torno a la herencia del peronismo y nuevas alternativas políticas que, renegando o no de la figura de Perón, se alejan de su legado, que ya empieza a ser almacenado por la historia y no por la dirigencias.

Con lo anterior no quiero decir que el peronismo esté en retirada. La imagen simbólica de Juan Domingo y Eva Perón siguen siendo trascendentales en la política argentina. Aunque quizás por los constantes golpes militares que impedían una maduración política de la sociedad rioplatense en las décadas posteriores al nacimiento del peronismo, o por la proscripción del partido y de su líder lo cual dotó al presidente, derrocado y exiliado, de un aura especial y mesiánica, provocando que el sistema político argentino no pudiera transitar hacia formas más evolucionadas de contienda partidista. Pero más allá de las razones, el hecho central es que después de 27 años de democracia continuada –el periodo más largo desde 1930– se profundiza en Argentina un cambio político que empezó hace poco menos de 20 años.

Dos casos recientes muestran que la Propuesta Republicana ha empezado a tejer redes hacia el interior del país y a consolidarse en la ciudad.

En Santa Fe, el cuarto distrito electoral del país, el candidato Miguel del Sel relegó al candidato del Frente para la Victoria a un tercer lugar y, si bien es cierto que el triunfo se lo llevó Antonio Bonfatti, delfín de Hermes Binner, por el socialismo santafecino, el candidato del PRO inauguró las incursiones electoralmente viables del partido de Macri en el interior del país.

El segundo hecho, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, menos sorpresivo y no tan decidor, pero no por ello menos interesante, muestra cómo la capital federal se ha transformado en el nicho de una opción política de centro derecha con aspiraciones presidenciales hacia 2015 –y con un enorme trabajo con miras a ese año– para alcanzar no sólo la posibilidad de llegar a la Casa Rosada, sino también buscar un contingente legislativo en el congreso de la Nación y triunfos en las gobernaciones provinciales. Tan importantes para la estabilidad del sistema político argentino que no termina nunca de aceptar  plenamente su condición federal.

Macri tiene algunos puntos a su favor. Si bien en la ciudad ha habido algunos problemas políticos, como las escuchas ilegales que lo llevaron a ser acusado de pertenecer a una asociación ilícita (La Nación, 16/06/2010), la gestión en términos generales ha sido positiva para Buenos Aires y eso tomando en cuenta solamente la retribución electoral que ha recibido el PRO. En 2009, el Frente para la Victoria alcanzó sólo el cuarto lugar en las elecciones legislativa, mientras el PRO obtuvo el primer lugar en preferencias.

El segundo elemento a su favor es el aparente fin de la dinastía Kirchnerista, sin importar el resultado de la próxima elección presidencial. De triunfar Cristina, no podrá optar a un nuevo mandato en 2015 y hasta ahora no hay ningún integrante del oficialismo capaz de tomar el liderazgo vertical del FpV que se ejerce desde la presidencia y que, debilitado por la muerte de Kirchner, ha sido ejercido por Cristina de todas formas. La alternativa, Daniel Scioli (La Nación, 17/10/2010), parece muy poco madura todavía como para aspirar a la presidencia de la Nación. En caso de ser derrotada –muy poco probable, si tuviera que apostar– la declinación del kirchnerismo se vería aún más acelerada.

En conclusión, hay un elemento que refuerza el fraccionamiento creciente del sistema de partidos argentino que nos llama a reflexionar sobre la decadencia de la política tradicional, atravesada por la imagen simbólica de Perón, y el surgimiento de nuevas alternativas y nuevas imágenes que buscan abarcar o superar su legado (Diario Perfil, 17/10/2010). El “Kirchnerismo” como opción política más abarcadora que el propio peronismo parece tener fecha de vencimiento con el segundo mandato de Cristina Fernández. En tanto Macri, consolidado en Buenos Aires y creciendo hacia otras zonas, parece encarnar la figura de una nueva manera de concebir la política.

Con todo, el resultado es aún incierto, lo que sí se puede afirmar es que la política Argentina hoy va por un derrotero distinto al de décadas pasadas. No sólo porque la amenaza militar, latente siempre entre 1930 y 1990, hoy prácticamente ha desaparecido. Sino que también porque se ha alcanzado una maduración política en la que surgen nuevos actores, mientras otros, más tradicionales, decaen. No es menor, por ello, recordar la consigna de las protestas de 2001 – “que se vayan todos”– y relacionarla con el triunfo de una opción política nueva en la principal ciudad del país: Buenos Aires. Quizá ese punto marca el inicio de un proceso político novedoso para los argentinos pero, ciertamente, todavía inconcluso.

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