El Frente Nacional francés ante la debilidad del liberalismo
Publicado el 23 Jan, 2012
Marine Le Pen, presidenta del Front National, se presenta a la elección presidencial francesa con un ambicioso programa de gobierno que pretende revertir el oscuro panorama económico y social que vive Francia, panorama que comparten todos los países de la Unión Europea. Mientras los dirigentes europeos discuten como salir del embrollo de la deuda publica llamando a «compartir» la soberanía presupuestaria de los Estados miembros, propuesta rechazada por el Reino Unido, el programa de gobierno de Le Pen tiene como punto central el restablecimiento de un Estado fuerte, a contracorriente de las políticas liberales llevadas a cabo tanto por el Partido Socialista y el UMP, partido del actual presidente Sarkozy. El programa frentista se fundamenta en cinco puntos: Autoridad del Estado, Futuro de la Nación, Política extranjera, Recuperación económica y Refundación Republicana.(Marinelepen2012.fr).
Autoridad, Estado, Nación, Republica, conceptos ausentes del discurso democrático liberal actual, pero que sin embargo parecieran resistirse al olvido, y que vuelven a aparecer con toda la fuerza de sus fundamentos cuando el sistema liberal parece incapaz de hacer frente a los problemas producidos por la globalización. Establecer que existe una relación entre el olvido de estos conceptos y la impotencia política de las democracias actuales pareciera ser a priori arriesgado, pero si nos remitimos a lo esencial enunciado por estos conceptos, veremos que es posible determinar que entre liberalismo y soberanía (porque autoridad, Estado, Nación y Republica, remiten en este contexto, al poder de la asociación política de decidir soberanamente) existe una distancia que es imposible de sobrepasar. Los esfuerzos del liberalismo fueron siempre tratar de limitar el poder político. Recordemos que esta corriente política nace en un contexto donde el poder del Estado era absoluto o aspiraba a serlo, estableciendo una separación entre la sociedad civil y la autoridad política, la cual limitaba su injerencia mediante el establecimiento de una constitución. El establecimiento del liberalismo político como régimen dominante, después del derrumbe de los socialismos reales, se hizo conjuntamente con la institución de la economía de libre mercado, la cual podríamos caracterizar como la expresión de una sociedad civil libre, que se otorga a sí misma una autoridad política acorde con el mantenimiento de su propia libertad. He ahí la separación infranqueable entre lo político, entendido como lo público, y el mundo privado; el primero es un derivado del segundo, según la doctrina liberal.
Dentro de un contexto como el europeo, donde la integración económica es el fundamento de su unión política; la crisis de la deuda, la crisis del euro, son el vivo reflejo del fracaso de la Unión Europea, fracaso que el Front National, había previsto en 2002 con una aguda claridad (Fninfos.fr) y cataloga como inevitable la salida de la moneda única.
Este acento del programa de Le Pen sobre la autoridad del Estado, se debe a que su partido, reconoce el lugar central que el Estado ha jugado en la emergencia de la nación francesa a lo largo de la historia, rol que ha sido dejado de lado por los gobiernos liberales, ya sean socialistas o de centro derecha: «totalmente desarmada por treinta años de inacción y de abandono frente a la globalización, Francia debe volver al juego de las Naciones. El empleo, la reindustrialización del país, la igualdad entre los franceses, la planificación del territorio, y la vitalidad de los servicios públicos dependen de eso. En razón de nuestra historia nacional, es naturalmente el Estado quien será la punta de lanza de la reafirmación de Francia: un Estado fuerte capaz de imponer su autoridad a los poderes económicos, a los comunitarismos y a los feudalismos locales». Sin lugar a dudas es un planteamiento reaccionario. Reaccionario porque el programa es una respuesta que busca reafirmar el rol primordial del Estado frente a una política liberal fundada sobre el establecimiento de la Unión Europea «Desde su origen, la Unión Europea se ha construido sin o contra los pueblos europeos. Desde hace treinta años, los partidos en el poder nos prometen una «otra Europa», menos burocrática, más democrática, más social, más comprehensible. Y sin embargo, la realidad no deja de separarse de esta Europa sonada de la cual los Franceses escuchan hablar en cada campaña electoral. En efecto, las fuerzas no democráticas que dirigen la Europa de Bruselas tienen intereses y concepciones en ruptura con las legítimas preocupaciones e intereses de los pueblos europeos» pero que de llegar a concretizarse, el programa político del Frente Nacional marcaria una revolución dentro del actual panorama político, una revolución de tipo islandesa quizás.
El Frente Nacional surgió como un partido de extrema derecha, su nacionalismo, su lucha contra la inmigración ilegal, y la demonización de los otros partidos políticos, han dejado su marca en el electorado francés. Sin embargo en 2002, Jean Marie Le Pen pasó a segunda vuelta contra Jacques Chirac, con un 17% de los votos, dejando en el camino al socialista Lionel Jospin. Ese porcentaje de votos es un techo para el partido frentista, pero también un electorado que no lo abandona. Hoy la volatilidad de las encuestas muestra a Sarkozy y al candidato socialista Hollande con la ventaja en la intención de voto, mientras que Marine Le Pen mantiene el porcentaje histórico de su partido (Sondages-en-france.fr ).
Más allá de los resultados, cabe preguntarse si la propuesta nacionalista podrá convertirse en la respuesta adecuada a los problemas políticos, económicos y sociales que la sociedad globalizada presenta, ya sea de una manera gradual o tacita, ya que la historia nos muestra que frente a grandes momentos de dispersión del poder político, siguen periodos de concentración y de unificación de este poder, por ejemplo la desmembración del imperio romano, la desintegración del sistema feudal o la emergencia del Estado nación. Esta misma historia nos muestra también que ningún presupuesto político es eterno, y menos lo son, los sistemas de gobierno que ellos proponen.
La vuelta a la soberanía absoluta del Estado, podría ser el resultado de todo este proceso liberal-democrático, más allá de las convicciones dominantes de nuestro tiempo, que son consideradas como verdades y el resultado de un dudoso progreso histórico.
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