La tragedia Europea
Publicado el 13 Jan, 2012
El ambicioso sueño europeo, materializado en el Tratado de Maastricht que vio nacer a la Unión Europea en 1992, se ha transformado, con el correr de los años y desde la crisis sub-prime en Estados Unidos particularmente, en una completa pesadilla. El golpe a través del Atlántico ha sido notoriamente más fuerte que en el país del norte, en buena medida por la complejidad de la comunidad económica europea y la cantidad de países que, con el correr de la crisis, han sufrido de distintas maneras los coletazos del colapso financiero: en España, crisis de deuda con mayoría privada, y burbuja inmobiliaria; en Grecia crisis fiscal y bancaria; en Islandia, crisis bancaria y de deuda privada; por poner algunos ejemplos.
Ante la crítica fácil hay que destacar que esta no es una crisis de los Estados de bienestar. Más bien son las condiciones bajo las cuales existen los déficit fiscales actuales en el contexto de la moneda única. Los paradigmas, Suecia, Finlandia y Noruega se encuentran bien y han sorteado la crisis con más o menos facilidad. Suecia, en los 1990s, pasó por una crisis bancaria y realizó reformas fiscales que buscaron mantener la estructura solidaria de su economía. El próximo año, mientras Europa Occidental como un todo caerá a un crecimiento negativo de -0.2%, Suecia crecerá al 1.0%, y Noruega al 1.3% incurriendo incluso en un superávit fiscal.
Luego de la debacle financiera norteamericana es necesario preguntarse ¿por qué la crisis se trasladó a través del Atlántico?
Como ha sido analizado con anterioridad, estos últimos 30 años han visto una liberalización económica (Ballotage, 2011) que ha tocado notablemente las actividades financieras, generando una la excesiva financialización de las economías avanzadas, notablemente en Norteamérica y Europa. Estados Unidos incluso ha incurrido en una desindustrialización de la economía, dependiendo el consumo cada vez más de importaciones foráneas y del off shoring de empresas norteamericanas, notablemente en Asia. La excesiva financialización se tradujo en un crecimiento de los activos bancarios y de una mayor proporción del PIB nacional del sector financiero.
Por su parte, el boom inmobiliario de Estados Unidos fue replicado en otras partes de Europa, particularmente en España, mientras las transacciones financieras de deuda subprime securitizada [1] (deuda subprime combinada con otras categorías de deuda), en el mercado de intermediación financiera no bancaria o shadow banking, capturaba numerosos clientes en la medida en que los precios inmobiliarios seguían subiendo fruto de la burbuja especulativa. Tales transacciones al no ser propiamente una actividad bancaria tradicional no estaban sujetas a regulación ordinaria, lo que permitió al sector de shadow banking crecer enormemente. El valor de esos activos si bien no era claro, con el correr del boom parecía no importar a nadie, las transacciones seguían bajo la presunción de un ciclo especulativo sin fin. Las evaluaciones de riesgo y contabilidad (Fair Value Accounting), parte del accountability interno y externo de las empresas, permitió dar confianza ante cualquier colapso, ya que privilegiaba el historial de los activos financieros en el balance –hacia atrás sólo se veía el “saludable” ascenso en la montaña especulativa.
Cuando el engranaje de transacciones se estancó, fruto del alza de tasas de interés en Estados Unidos y la estabilización y baja del precio de bienes inmobiliarios, la burbuja se reventó. Los bancos veían cómo deudas insustentables y activos basura se acumulaban en los balances y fuera de ellos. El mercado de derivados –de intermediación financiera no bancaria– colapsó y fue imposible deshacerse de los productos nocivos. Los bancos dejaron de prestar dinero. La actividad bancaria, fundamental para mantener a las economías funcionando, se congeló y la liquidez se hizo escasa. Los gobiernos debieron rescatar bancos en aprietos para proteger a los depositantes y apoyar a los más importantes con dinero público, muchas veces mediante la compra de activos tóxicos. Ante la escasez de liquidez, los gobiernos debieron, además, proveer ellos mismos enormes estímulos a la economía desde los bancos centrales.
En Europa, la situación se complejizó por las características del constructo supra-nacional.
En primer lugar, se permitía a las empresas financieras asentarse en cualquier país miembro sin la necesidad de regulación del país de acogida. Notablemente en el caso de Islandia, la excesiva desregulación financiera permitió el crecimiento exponencial de los bancos de cerca de once veces el PIB del pequeño país (Ballotage, 2011), contrayendo enormes niveles de deuda con depositantes británicos y holandeses. Fue el Estado islandés que previa nacionalización de los bancos tuvo que negociar con Reino Unido y Holanda los términos de las compensaciones a sus nacionales.
En segundo lugar, las implicaciones de tener una moneda única obligaron un nivel de disciplina y responsabilidad de los estados miembros: contar con no más de un 60% de deuda y no más de un 3% de déficit en tiempos normales. Italia y Grecia no contando con esos requerimientos, fueron aceptados en la Zona Euro por razones políticas. Grecia, bajo la administración del partido de centro-derecha Alianza Democrática falsificó información sobre el estado de su economía.
Estando la política monetaria anclada en el Banco Central Europeo (BCE), los países miembros en aprietos no pueden devaluar la moneda para incrementar el crecimiento exportando. Menos aún reducir la deuda creando inflación.
En tercer lugar, los estándares de regulación son implementados a través de directivas europeas, dependiendo, por tanto, de Tratados y aprobación unánime. Así, cualquier esquema supranacional de regulación financiera debe someterse a un Tratado, tal como nuevas restricciones fiscales que busquen soluciones a la crisis, deberán pasar por la aprobación de los países miembro. Complicando aún más la efectividad de la Eurozona.
Noviembre, el mes del terror
Noviembre fue un mes clave dentro de la crisis. La salida de Berlusconi para muchos significó un paso importante para buscar serias medidas de solución a la crisis italiana –lejos ya de las preocupaciones mundanas del líder italiano-, mientras que en España en triunfo del PP fue visto como un resultado predecible que alentaría a los mercados. Pero a pesar de ello, los intereses en la deuda italiana y española oscilaron alrededor del umbral de “no retorno” de un 7%, luego del cual Grecia, Irlanda y Portugal, debieron buscar el rescate del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y el Fondo Monetario Internacional. El rescate de España e Italia sería el armagedón de la zona Euro, ambas economías son demasiado grandes para ser rescatadas.
También Francia tuvo dificultades al vender su deuda. Aunque lo más preocupante fue que a fines de noviembre Alemania –lejos la economía más disciplinada de la Eurozona- tuvo dificultades para vender deuda, bonos a 10 años de 6 billones de euros, debiendo el Bundesbank intervenir en la venta (Independent.co.uk). Esta situación señala la tendencia de inversores a identificar el destino de la Eurozona bajo responsabilidad de Alemania, que ha debido oficiar de gran financista de países en problemas a pesar de haberse autoimpuesto disciplina mientras otros vivían de la deuda fácil. Durante el 2000-2008, la deuda del Reino Unido aumentó en 157%, mientras que la de Alemania sólo lo hizo en un 7%. Los aumentos de salarios fueron bajo el nivel de inflación, con reformas al mercado laboral que incrementaron la competitividad en un 15%, consecuentemente aumentando las exportaciones un 30% más que el promedio europeo. Hoy el motor de Europa debe cargar con peso muerto.
El escenario parece la antesala de una gran depresión y un periodo de inestabilidad política y económica solamente comparable a los trágicos años 30. Simon Johnson, ex economista en jefe del FMI, señala “hemos construido un peligroso sistema financiero en los Estados Unidos y en Europa… debemos retroceder y reformar el sistema”. En Octubre de 1931 “la gente pensó que lo peor estaba detrás de ellos, pero la gente inteligente se equivocó y la crisis se amplió” (Seekingalpha.com). No sólo una segunda gran recesión nos revelaría el 2012, sino el auge de partidos de ultra-derecha y ultra-izquierda impulsados por las consecuencias de la crisis a nivel económico y político.
Por su parte, la política de austeridad asumida a rajatabla parece ser el remedio que empeorará la enfermedad el 2012. Al débil crecimiento de las economías, las recetas de austeridad a corto plazo harían infructuosos los esfuerzos por alivianar la deuda, más bien la aumentarían. Toda vez que una tasa de interés real más alta que el ritmo de crecimiento de la economía crearía un espiral de deuda, comprando cada vez más caro mientras la economía se derrumba. La capacidad de pago reducida por la misma política que “debía” aumentarla.
Políticas sin política
Las riendas de la Zona Euro hoy están lejos de las manos de la “comunidad de países”, menos aún de los ciudadanos de todos los países que la Comunidad dice representar. La estructura política supranacional, institucionalizada en el Consejo de Europa, el Parlamento Europeo y la Comisión Europea, son semillero de buenas ideas pero sin la legitimidad política para implementarse. Como mencionábamos, es necesario un Tratado para implementar un regulador financiero europeo supranacional o una agencia con capacidades para-fiscales a los países miembros. Nada de eso es posible sin concordancia política.
De la grata “comunidad” europea hemos pasado a la conducción de la crisis por parte Berlín y París. El poder nacional en época de crisis está de vuelta para resolver asuntos intergubernamentales, la dimensión de asimetría económica y política que en Europa se creía desvanecida ha vuelto con otros matices, hasta el punto de amenazar la soberanía de los países en crisis. Ante el polémico referendo anunciado por Papandreou, para que Grecia continuase o no en la Unión Europea, las cancillerías europeas reclamaron con ira, notablemente alemanes y franceses (Guardian.co.uk). El que paga la cuenta elige el menú, parece ser. Grecia dejó de depender de sí misma, y enfrenta la reducción fiscal más profunda que ha experimentado un estado desarrollado, sin la posibilidad de compensación vía estímulos monetarios ni una devaluación. La Eurozona parece ser un gran Hotel California donde se puede entrar pero resulta imposible salir.
Resulta evidente en retrospectiva las limitaciones de un proyecto de moneda única en países con diferente grado de desarrollo y productividad, sin impuestos generales y sin transferencias de gasto, complementada con un Banco Central rígidamente preocupado de la inflación y sin poderes completos en política monetaria (el BCE no puede actuar como prestamista de último recurso como el FED o el Bank of England). En su momento el Euro fue visto como catalizador de mayor integración, esencial para la actividad económica, y para que las empresas europeas pudiesen crecer lo suficiente para competir a escala mundial. Supuestamente la integración política estaría a la vuelta de la esquina, mientras las transacciones aumentasen y los vínculos económicos se estrechasen (Spiegel.de). El no desarrollo del componente político es justamente hoy el que ha producido el deadlock entre los Estados y el cuerpo supranacional.
Las alternativas al fin de la crisis son prácticamente dos: o se intenta una unión fiscal (promoviendo mayor integración política de los Estados miembro) con poderes supranacionales en presupuestos de los países –paso previo a una pseudo federación-, o la Zona Euro se reduce a los países más disciplinados de la Comunidad, dejando afuera, a largo plazo, al “sur” europeo. Lo peor es que no ha sido la voluntad política la que ha decantado en ambas soluciones, sino la turbulencia de los mercados y el deseo de calmarlos y evitar la eclosión de la Eurozona (Project-syndicate.org).
Si el 2011 fue un año crítico, el 2012 no augura nada mejor.
PUBLICADO EN POLÍTICA INTERNACIONAL
Nota al pie:
- [1] El enorme crecimiento del sector financiero y la desregulación vieron el boom de vehículos estructurados de inversiones (Structured Investment Vehicles SIVs), compuestos de diversas calidades de deuda para el caso particular del comercio de la deuda subprime en el mercado de intermediación financiera no bancaria.
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