“El mundo está desquiciado, ¡vaya faena haber nacido yo para tener que arreglarlo!”
 Hamlet

ISSN0719-0212

El avance de los independientes en las elecciones de los Estados Unidos

Luis Mauricio PhelanPor
Publicado el 4 Jul, 2012

ObamaEn la fase inicial de las primarias republicanas, el panorama se mostraba optimista para el equipo de Obama, una economía con cifras positivas pese a la crisis europea indicaba que el colapso en del sistema económico norteamericano y en el resto del mundo podría venir en cualquier momento. Por otra parte, la gresca entre los distintos pre-candidatos republicanos evidenciaba, por un lado la debilidad programática, y por otro, marcados desacuerdos en temas ideológicos y técnicos, discrepancias que no solo se mostraban entre los candidatos, sino también entre la base partidista republicana intervenidas repentinamente por el Tea Party.

Las diferencias entre los participantes de las primarias fueron discretas en sus primeros años de realización, esto en parte porque entre ambos partidos dominantes no existen grandes diferencias. Según el politólogo norteamericano James I. Lengle (1981) durante décadas anteriores “las diferencias ideológicas dentro y fuera de los partidos solo han estado presentes a nivel de la elite y a un nivel casi inexistente en las masas” esto llevó a que durante mucho tiempo los candidatos no tengan la necesidad de asumir una postura demasiado radical para atraer el apoyo de la base. Esta idea de homogeneidad ha ido cambiando y demostrando todo lo contrario  con el correr de los años y específicamente en la última década, la matización entre los electores de ambos partidos ha ido marcándose cada vez más, ejerciendo posturas claras incluso desafiantes.

Esta idea puede encontrarse en Ronald Dworkin (2006), quien en un trabajo donde se cuestiona la posibilidad real de democracia en EE.UU. reconoce además que desde las presidenciales de 2004 –yo agregaría desde la contienda Bush/Gore en 2000– las votaciones han sido cerradas, decididas por un pequeño número de votos y geográficamente agrupados, los republicanos ganan más en los estados rurales del centro-oeste, sur y sur-oeste, y los demócratas los centros urbanos, las costas y los niveles industriales de los estados del norte. Esta información puede verse expresada en los mapas electorales, mostrados en televisión y en los más importantes medios escritos por internet, los estados con mayorías republicanas son coloreados en rojo, mientras que los demócratas en azul. Cuando la cultura pintada de rojo demanda mayor presencia de la religión en la vida pública, la cultura azul por su parte la quiere menos. Y así como los azules desean mayor distribución de la riqueza subiendo los impuestos a las clases más ricas, los republicanos son claros en su posición de bajar los impuestos, ya que una carga excesiva penaliza la mentalidad enfocada al éxito, lo que solo lleva a la ruina de la economía. La postura demócrata, en cambio, asegura que los negocios deben ser controlados, o al menos se les debe dar un margen menor de libertad, la que solo debe existir en gran medida para la vida privada, específicamente en aquellos temas relacionados con el sexo y la reproducción.

En cuanto a política exterior las diferencias se atenúan aún más, pues para los rojos es insano limitar, desde cualquier punto de vista, el poder del gobierno en pro de la lucha por el terrorismo y sus enemigos. Si bien los azules reconocen que el terrorismo presenta un peligro cierto para el país, su postura es favorable a nutrir el derecho internacional y apoyar a las organizaciones internacionales, en otra palabras, los demócratas están dispuestos a arriesgar elementos de seguridad con tal de favorecer las leyes y tradiciones que protegen a las personas.

Pero estas diferencias que Dworkin expresa en términos radicales, para otros es todo lo contrario, y que esta supuesta dicotomía solo se da un plano discursivo-descriptivo, siendo en realidad ambos partidos una conformación política homogénea. Esto es al menos lo que concluye el estudio de polarización partidista entre 1987-2012 del Centro Pew, llevado a cabo del 4 al 15 de abril del presente año, entre 3.008 adultos de todo el país, quienes señalan que en años recientes los dos partidos se han tornado más pequeños e ideológicamente homogéneos; mientras el partido republicano era dominado por un número de militantes que se autodenominan conservadores, un grupo creciente de demócratas se llama así mismo liberales. Pero entre republicanos conservadores sigue habiendo una mayoría moderada en una proporción de 2 a 1, y contando al partido liberal, hay tantos liberales demócratas como demócratas moderados.

Lo cierto es que en los últimos 25 años la identificación partidaria ha ido disminuyendo entre los estadounidenses, según el estudio muchos de ellos ahora se hacen llamar independientes, pese a que existe una clara intención de voto hacia alguno de los dos partidos y estos, por su parte, amplíen su base para incluir a estos independientes. El hecho es que la diferencia de valores entre ciudadanos y partidos políticos se ha duplicado entre 1987 y 2012.

En cuanto a las presentes elecciones presidenciales, la mayor parte de las divisiones originadas entre el voto duro de Obama y Romney se da sobre el papel del gobierno en la economía, particularmente en el tema del desempleo, que si bien ha ido en aumento durante los últimos años, en los meses recientes ha comenzado a manifestar cierto retroceso. Los votantes indecisos, que representan aproximadamente una cuarta parte de todos los votantes registrados, se han demostrado incompatibles o “cruzadas” con las propuestas programáticas de ambos candidatos, sobre todo en temas como la seguridad social, inmigración, donde estaría existiendo cierta identificación general, cercana a la postura tradicional de los partidarios de Romney, mientras que en temas como los sindicatos y otros problemas sociales, las opiniones generales se asemejan a la postura de los partidarios de Obama.

En contraste con esta creciente brecha partidista, el estudio del centro Pew señala que no hay mayores diferencias ideológicas entre clases sociales, ni mayor crecimiento de valores políticos fundamentales. Asimismo el resentimiento entre clases tampoco ha aumentado, aunque se ha mantenido entre la sociedad estadounidense la creencia que “los ricos se están haciendo más ricos, mientras que los pobres más pobres”. Esta creencia no ha llevado a que exista una hostilidad creciente hacia los ricos y exitosos, como tampoco se ven indicios de que personas con bajos ingresos tengan una postura cínica hacia el control del poder político. Al mismo tiempo, si se observa comparativamente a la población a mediados de los 80, una buena proporción de estadounidenses ve una brecha creciente en los estándares de vida entre los pobres y la creciente clase media. Pero según el estudio, el público no ve la diferencia en términos de valores entre la clase media y la más pobre. El estudio encontró apoyo a la amplia noción de que frente a los problemas “los estadounidenses siempre podemos encontrar una manera de resolver nuestros problemas y conseguir lo que queremos”.

En cuanto al voto latino, desde la última elección presidencial cuando se vivió un record de electores hispanos, la cantidad ha ido aumentando considerablemente año a año, aunque la brecha entre latinos inscritos y no inscritos también crece. Se espera que para noviembre de este año voten cerca de 12,2 millones de latinos. Este aumento ha sido percibido por ambos partidos, por lo que una parte importante de la campaña se orienta a este segmento, aunque lamentablemente cometiendo el error de vincular al votante hispano con el tema migratorio, haciendo una relación sugerente entre hispanidad e ilegalidad. Las declaraciones que dan muchos de los latinos no inscritos en los registros electorales, sostienen frustración, aburrimiento, cansancio, decepción y mucho miedo. Esto claramente va dirigido a los candidatos y programas de los dos partidos hegemónicos, quienes no han sabido conquistar a estos nuevos electores, y más bien los están arrastrando poco a poco a una postura independiente o alternativa a la existente. Por otro lado, según especialistas como el profesor de ciencia política, Matt A. Barreto de la Universidad de Washington, sin entregar cifras concretas, señala que la tendencia de la votación latina es favorable a Obama, siendo muy específica la preferencia por el candidato republicano.

PUBLICADO EN POLÍTICA INTERNACIONAL

Referencias:

  • Dworkin, Ronald (2006) “Is democracy posible here?. Principles for a new political debate”.
  • Lengle, James (1981) “Representation and presidential primaries. The democratic party in the post- reform Era”.
  • Flynn, James R (2008) “Where have all the liberals gone? Race, class, and ideals in America”.