“La independencia del pensamiento es la más orgullosa aristocracia”
 Anatole France

ISSN0719-0212

Bajos niveles de lectura en Chile: ¿una cuestión de precios?

Amaro Oróstica OrtegaPor
Publicado el 17 Aug, 2012

LibrosAnteriormente se abordó por qué promover quitarle el IVA a los libros es una campaña errada pues no produciría el efecto buscado: bajar los precios de los libros. El sólo hecho de bajar los precios no necesariamente significa un aumento en la cantidad de lectores, pues este fenómeno responde también a otros factores.

Un primer factor se refiere al mercado de los libros en Chile. A grandes rasgos es posible encontrar cuatro fuentes mediante las cuales una persona en Chile puede acceder a un libro: a) mercado formal (venta en librerías y de forma online), b) mercado informal (venta en quioscos –como el caso de la calle San Diego–, libros “piratas”, fotocopias, etc.), c) de forma gratuita, vía Internet, y d) en bibliotecas públicas. En el caso del mercado formal e informal, ambos tienen en común que involucran un componente monetario, pues la persona debe desembolsar una cantidad determinada de dinero para poder obtener un libro. En este sentido, ese mercado tiene algunas particularidades que a continuación se exponen.

En el mercado formal la venta de los libros está afecta a IVA, lo que, tal como ya se abordó previamente, implica un recargo del 19% al precio de venta sin IVA del libro. En cambio, el mercado informal no está afecto a IVA –salvo las fotocopias, pero no es relevante para efectos de este análisis– por lo cual, considerando además que efectivamente la calidad material de los libros es menor al que se vende en el mercado formal, los que se venden en el mercado informal resultan ser más baratos.

En ese sentido, tanto el mercado formal como el informal apuntan a públicos objetivos distintos. En el primero lo que busca una persona al desembolsar más dinero es, principalmente, calidad –tapas más duras, hojas más bonitas, ilustraciones, etc.–, a diferencia del segundo, donde la persona aspira simplemente a obtener el contenido del libro. Aun así, en ambos participan personas que están dispuestas a desembolsar una suma determinada de dinero por obtener un libro.

Entonces cabe preguntarse, ¿qué pasaría si, mediante cualquier mecanismo idóneo, se rebajara el precio de los libros? En primer lugar, cualquier mecanismo tendría incidencia directa sólo en el mercado formal, puesto que –se trate de algún beneficio tributario o derechamente alguna clase de subsidio– el medio idóneo para llevarlo a cabo sería a través de un actor formal del mercado. En este sentido, cualquier incidencia en el precio de los libros del mercado informal sería sólo una consecuencia indirecta de la baja de los precios en el mercado formal.

Dicho esto existen dos posibilidades. La primera es que el mercado informal, por no existir una economía a escala lo suficientemente grande, no pueda bajar sus precios para quedar bajo el precio del mercado formal –que tiene los beneficios tributarios y/o subsidios que sean idóneos para bajar sus precios– y por ende no resulte competitivo y desaparezca. Es posible que esto ocurriese particularmente si se subsidiara la venta. La segunda posibilidad es que el mercado informal, de alguna manera, logre bajar sus precios, poniéndose bajo los precios del mercado formal.

Además existe un tercer e improbable caso: que, de alguna manera, los beneficios tributarios y/o subsidios beneficiasen directamente también al mercado informal.

En el caso en el primer caso, lo que ocurriría es que los que hoy compran en el mercado informal se trasladarían al mercado formal, dado que por un precio menor podrían adquirir un producto de mejor calidad. En el segundo caso, cada uno de los mercados mantendría a su público cautivo, dado que, como señalamos anteriormente, los compradores valoran en cada mercado distintas cualidades del producto ofrecido. Finalmente, en el tercer caso, como la relación entre los precios de uno u otro mercado se mantendrían, el resultado final sería similar al del caso número dos, dado que cada mercado mantendría a su público.

Entonces, la pregunta es: ¿aumentaría la cantidad de compradores de libros, en cualquiera de estos tres casos? Lo más probable es que no. Al respecto cabe preguntarse, por ejemplo, ¿por qué la gente no compra libros? Los precios, sin duda, tienen algún grado de influencia, sin embargo, no están dentro de los principales motivos por los cuales las personas no compran libros. Dentro de la categoría de personas que no compran libros es posible encontrar principalmente dos: a) quiénes los consiguen gratis –a través de Internet por ejemplo– o asisten a bibliotecas públicas para leer gratis, y b) quiénes no pueden o no quieren comprar libros ni leer. Con respecto a lo último es importante señalar que según un estudio llevado a cabo por Fundación La Fuente ante la pregunta “razones por las que no lee libros” los resultados fueron los siguientes: un 37,3% no lee por falta de tiempo; un 16,7% no le gusta leer; un 13,3% señala que existe una falta de interés o motivación; un 7,1% prefiere hacer otras cosas; un 13,2% señala que los libros son caros; un 9,1% no lo hace por problemas a la vista y un 2,4% no sabe leer. Como se puede apreciar, algunas opciones responden a criterios de gustos mientras otras responden a condiciones que imposibilitan o dificultan la lectura.

De esta manera, si la premisa es “bajar el precio de los libros para que la gente lea más”, en virtud de cuánto sea esa baja, es dable pensar que sólo se incorporarían a la masa lectora aproximadamente el 13% de gente que no lee.

Resulta interesante abordar brevemente las otras causas por las cuales la gente afirma que no lee: falta de tiempo y falta de interés, poco gusto por la lectura, o preferencia de hacer otras cosas. Con respecto a la falta de tiempo, por regla general, las jornadas laborales en Chile son mucho más extensas que en otros países, a lo que hay que sumar una mala planificación urbana y un transporte público que implica incluso horas de viaje entre el hogar y el trabajo en el caso de Santiago. En este sentido, considerando además el tiempo de atención a la familia, es complejo que una persona se haga el tiempo para la lectura. Con respecto a la falta de interés, poco gusto por la lectura, o preferencia de hacer otras cosas, cabe señalar que la lectura puede apuntar a diversos fines, tales como la información, la entretención, educación, etc. Sin embargo, el problema, desde el punto de vista de la lectura, es que hoy existen medios distintos –y para muchos más atractivos– que cumplen esos objetivos. Por ejemplo, antiguamente era imperioso comprarse un diccionario; hoy, en cambio, basta con consultar la página Web de la Real Academia Española. Asimismo, la televisión, los juegos de consola, Internet, etc. funcionan como sustitutos para la entretención contra lo que pudiese otorgar un buen libro.

De esta manera, mucha gente que no lee –las que están dentro de esas categorías– no lo hace por no poder, sino por no querer. En este sentido, las personas (en su mayoría) no van a desembolsar dinero por adquirir un libro, independiente de su precio. Además cabe señalar que incluso en ciertos casos se desembolsa más dinero en ciertos bienes que permiten obtener sustitutos a la lectura.

Finalmente, se puede señalar, a modo de conclusión, que bajar los precios de los libros no implica un aumento relevante en la cantidad de lectores. Esto porque principalmente una baja en el precio de venta sólo alteraría los mercados en los cuales éstas se dan, dependiendo la alteración del mecanismo mediante el cual se haya rebajado el precio de los libros. Pero, en definitiva, sólo beneficiarían directamente a los que hoy compran libros, existiendo a lo más un aumento marginal en la cantidad de compradores.

Por otra parte, existen causas extrínsecas e intrínsecas a la voluntad de las personas para no comprar y leer libros, muchas de las cuales tienen una raíz socioeconómica. En otras palabras, a mejor condición socioeconómica mayores posibilidades de ser un frecuente comprador de libros, pero no tanto por el precio de éstos, sino por el capital cultural de las clases más acomodadas, así como el tiempo libre que pueden tener para la lectura.

De esta manera, si se busca fomentar la lectura, entonces el trabajo debe ser a partir de las nuevas generaciones, enseñándoles el valor de la lectura y promoviendo sus ventajas como instrumento de educación, información y entretención, en relación a otros medios como la televisión, Internet o los videojuegos. En esta tarea, bajar los precios de los libros nunca será algo negativo, pero claramente es algo insuficiente, pues lo primero que hay que estimular es el gusto por la lectura y los hábitos.

PUBLICADO EN SOCIEDAD Y CULTURA

  • Pingback: La mauvaise culture littéraire au Chili : une question de prix - Jonathan Linat

  • http://www.facebook.com/jose.ramirez.gaete José Ramírez Gaete

    Muy de acuerdo, pero las generaciones que ya no tuvieron la oportunidad de haber sido fomentados a la lectura? no hacer nada? todo lo contrario, el Estado y la empresa privada (si es que algo le interesa) deben acercar la lectura a las personas, motivarlas. Obviamente el efecto no será inmediato, pero aumentar el número de eventos literarios, acercándolos a la realidad cotidiana de las personas en lugares públicos y en la misma televisión, sin duda, acrecentaría el interés por leer algún librillo

  • Yanara Ibáñez

    Con o sin iva la gente que lee seguirá comprando libros, por ende el problema no radica en los costos, sino más bien en la cultura, ya que esta carencia se ha vuelto parte de la idiosincrasia de nuestro país, lo que tiene como base el efecto cuna que ha sido determinante a la hora de leer, lamentablemente es un circulo que parece seguir su curso.

  • http://twitter.com/le_mandril Álvaro Arriagada Z.

    El problema es la profesionalización de la cultura, entender que el lector es el verdadero artista y no quien escribe. El impuesto no es tema, salvo para la industria, como bien dice Yanara quienes leen seguirán pagando, existen otros que intentan disminuir sus costos de producción. Lo que necesita Chile es más profesionales de las culturas y las artes, más fomento y menos industrialización abstracta que no incentiva a nadie.

  • Rodrigo

    En mi caso particular el precio si influye, puesto que los libros que tengo los he comprado en Argentina.

  • Ignacio

    Yo como estudiante creo bastante excesivos los precios. Se me hace defícil acceder a un libro con mi propio dinero(mesada/beca). Por lo general, debo hacer algunos sacrificios o perdir dinero a mi madre. Desde mi perspectiva, suprimir el IVA del libro, sería una ayuda enorme.

    Al igual que muchos, tampoco creo que la eliminación del impuesto incremente el nivel de lectores. Sin embargo, pienso que se debe dar una mano a la gente que realmente lee. Remover el tributo a la lectura, sigfinicaría potenciar a las personas que sí quieren ilustrarse, lo que a la larga es un beneficio para el país. Analógicamente, en los JJOO, los países que más invierten en sus deportistas son los que ganan más medallas. Si Chile invirtiera en sus lectores eliminando el IVA, intelectualmete, como país mejoraríamos de forma notable.

  • gisse

    yo creo que el precio es muy caro, a mi me encanta leer, pero como no tengo dinero suficiente para comprarme todos los libros que quiero, tengo que recurrir a leerlos de manera digital descargando los libros de internet, si costaran menos dinero yo los compraria gustosa y no los descargaria, yo creo que se obtendrian más ganancias si bajaran el iva, porque reduciria la cantidad de personas que descargan y aumentarian las que compren, los lectores siempre son los mismos, pero bajando el impuesto se lograria que los lectores prefirieran comprar que descargar.