“La dignidad no consiste en nuestros honores sino en el reconocimiento de merecer lo que tenemos”
 Aristóteles

ISSN0719-0212

La ciudad de noche

Miguel VillalobosPor
Publicado el 6 Aug, 2012

La Noche MaupassantLa ciudad, lugar donde cada día nos movemos con, entre y a través de la masa. Donde nuestros cuerpos son conducidos –ya sea bajo los designios de la propia razón o, como es más habitual, por terrible e indolora inercia– a través de calles llenas de autos, atestadas de publicidad, de señales, de gente. En ella todo es flujo, ritmo, hormiguero. Unos suben y otros bajan; unos van y otros vienen: pero todos, sin excepción, sea donde sea, se desplazan. Y lo que no se desplaza, lo que no fluye, simplemente no existe, es transparente, más bien invisible (expulsados, marginados, indigentes…). Porque a la luz del día la ciudad es padre y madre a la vez: nos encausa, nos dirige, nos controla. Por ello en este espacio urbano todo es predecible, y lo que no rápidamente se invisibiliza o se reduce a mera anécdota, a excepción. En definitiva, a la luz del día –e incluso cuando los colores del neón le dan la bienvenida al anochecer– la ciudad organiza los comportamientos, distribuye los espacios y los tiempos [1].

Pero, ¿qué ocurre en la noche? ¿Será posible hablar del mismo espacio en distinto tiempo? ¿Será tan cierto eso de que la ciudad nunca duerme? En busca de una respuesta vino a mi cabeza, de forma inevitable, aquel cuento de Maupassant llamado, precisamente, La Noche (invito desde ya a su lectura, sobre todo a los amantes del cuento fantástico). Tomaré las palabras de su protagonista quien reflexiona a modo de introducción, antes de referir la historia:

«El día me cansa y me aburre. Es brutal y ruidoso. Me levanto con pena, me visto con desgano, salgo a disgusto. Cada paso, cada movimiento, cada gesto, cada palabra, cada pensamiento, me fatiga como si levantara un enorme peso de encima» [2].

Sirva esta primera cita para ilustrar que el estado diurno de su ser se equipara con el de la masa, es decir, para ilustrar el sentir del sujeto que se desplaza por la ciudad hasta convertirse en objeto. Pero ojo: su sensación de hastío no es antojadiza, pues su rechazo no apunta a los gestos, palabras y movimientos que han surgido libre y espontáneamente, sino aquellos que han pasado por el cedazo de la ciudad: esos gestos, palabras y movimientos que han sido elaborados, clasificados y definidos por los patrones de control de la maquinaria urbana.

No obstante, pareciera ser que a medida que el sol se oculta el esquema de la ciudad cambia y, por extensión, todo aquello que durante el día ha sido definido por la ya mencionada maquinaria –incluyendo a sus habitantes– se transforma, o al menos tiene la oportunidad de hacerlo:

«Pero cuando el sol desciende, me invade un goce confuso, una felicidad en todo mi cuerpo. Despierto, me animo. A medida que la oscuridad crece me siento mejor, más joven, más fuerte, más activo, más dichoso. Veo cómo se condensa la sombra grande y suave que cae del cielo: inunda la ciudad como una ola inasequible e impenetrable. Esconde, borra y destruye los colores, las formas. Envuelve las casas, los seres, los monumentos, con su imperceptible toque.» [3].

Cabe señalar aquí dos cosas que a mi juicio son en extremo interesantes (seguro que son muchísimas más, pero el lector, como siempre, es libre de completarlas y modificarlas a su antojo): primero, que la oscuridad es capaz de desdibujar el esquema urbano y, por lo tanto, de borrar todos aquellos caminos, semáforos y señaléticas que antes mencionamos y que limitan nuestro movimiento indicándonos qué hacer y por donde seguir; segundo, que, al anularse estas estructuras que nos direccionan y condicionan, tenemos en nuestras manos la posibilidad de escabullirnos del control:

«Me entran, entonces, deseos de gritar como las lechuzas. Me dan ganas de correr por los tejados, como los gatos. Y un ansia impetuosa, invencible de amar, se enciende en mis venas.

Salgo y camino, a ratos por los arrabales sombríos, a ratos por los bosques cercanos a París, allí donde siento merodear a mis hermanas las bestias y a mis hermanos los cazadores furtivos.» [4].

Vemos así que a medida que nos escapamos del control, de lo artificial, nos acercamos, de una u otra forma, a la experiencia libre de lo natural, de lo atávico y puramente instintivo; o sea, de todo aquello impredecible y asistemático que la ciudad reprime de día. El espacio urbano se diluye y se convierte en un espacio sin límites ni horizonte. Un espacio en donde los objetos se desenmarcan de sus límites y encarnan nuevos seres. Un espacio en el que –aunque parezca paradójico– lo invisible (marginados, expulsados, indigentes…) se vuelve visible otra vez: «El búho huye en la noche, negra mancha que cruza el negro espacio, y con regocijo, lanza su grito vibrante y siniestro, embriagado por la negra inmensidad» [5].

Por la noche, la dinámica de la creación vuelve a invertirse: si durante el día la ciudad elabora sus objetos a placer, ahora nosotros, desde los márgenes indescifrables de la profunda oscuridad, podemos recrearla a nuestro antojo.

PUBLICADO EN LITERATURA

Notas al pie:

  • [1]  Lanceros, Patxi, La Modernidad Cansada. Biblioteca Nueva, 2006, p.81 [Capítulo IV].
  • [2] Maupassant, Guy de, La señorita Perla, El Horla y otros cuentos. Editorial Andrés Bello, Chile, 1982. p. 81.
  • [3] Ibid., p. 81.
  • [4] Ibid., p. 81.
  • [5] Ibid., p. 81.

Obras de referencia:

  • LANCEROS, PATXI, La Modernidad Cansada. Biblioteca Nueva, 2006, p.81.
  • MAUPASSANT, GUY DE, La señorita Perla, El Horla y otros cuentos. Editorial Andrés Bello, Chile, 1982. p. 81.
  • Ana Raquel

    Me encantó y creo que me sucede a mí…
    Dice un estudio que las personas que trabajan por la noche o son más activas para trabajar durante la noche, son más inteligentes… Tengo mis dudas…

    Aún así, soy más nocturna que diurna…

  • Miguel Villalobos

    Gracias, Ana Raquel. Supongo que “lo nocturno” siempre ejercerá -tarde o temprano, en mayor o menor medida- un influjo en nosotros, pues es también una carta más dentro de nuestras innumerables posibilidades de ser. Saludos.