“Incluso los malos libros son libros, y por lo tanto sagrados”
 Günter Grass

ISSN0719-0212

Egipto: la gobernabilidad de una transición política incierta (Parte II)

Diego A. ChávezPor
Publicado el 11 Sep, 2012

EgiptoEn un artículo anterior quedamos ante un incierto contexto político que marcaban las primeras elecciones presidenciales libres en Egipto, las mismas que se iniciaron los días 23 y 24 de mayo, cuyos resultados oficiales confirmaron la pesadilla de muchos activistas políticos, esto es, que el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, y el último primer ministro del régimen de Mubarak, Ahmed Shafiq, se enfrentarían en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales los días 16 y 17 de junio (El País, 25-05-2012); resultados que permitieron el establecimiento de una figura para representar la batalla electoral que se libraría para elegir al nuevo presidente de Egipto. Se trata de la pelea entre los representantes de las fuerzas de mayor peso específico en el país, los Hermanos Musulmanes y las Fuerzas Armadas (Washington Post, 25.05.2012), lo que refleja la influencia de dos de las estructuras de poder más importantes en el Egipto contemporáneo (Bastenier, 2012).

En medio de la noticia de la condena a cadena perpetua a Hosni Mubarak a raíz de la represión que dio causó 800 muertos en los dieciocho días de protesta (El País, 02-06-2012), el 5 de junio la Junta Militar lanzó un ultimátum para que los partidos políticos egipcios con representación en la Asamblea del Pueblo aceleraran las negociaciones para la elección de los 100 miembros que compondrían la Asamblea Constituyente encargada de redactar un nuevo texto constitucional, caso contrario, dicha Junta se encargaría de elegir a los mismos. Esta fue la razón por la que el 8 de junio los partidos políticos decidieran que del total de miembros del Comité Constitucional, 39 sean representantes de la misma Asamblea del Pueblo en proporción a su representación en dicha instancia y el resto de asambleístas –61 para ser exactos– sean académicos, jueces, representantes de instituciones religiosas y sindicales, así como un representante del ejército. A su vez, esta negociación tomó como un acuerdo que las decisiones al interior de este Comité deberán ser adoptadas por el 67% del total de representantes (El País, 08-06-2012).

Cuando todo parecía encaminarse sin mayores sobresaltos a la segunda vuelta electoral, un nuevo hecho marcó esta transición política, el 14 de junio el Tribunal Constitucional dio a conocer dos sentencias que permitieron que las Fuerzas Armadas tengan nuevamente el control de todo el proceso. La primera de ellas tenía que ver con la inconstitucionalidad atribuida a la ley electoral, lo que en la práctica significaba la disolución de un tercio del Parlamento electo[1] y, la segunda, la invalidación de la denominada ley del aislamiento que impedía a representantes de altos cargos del antiguo régimen participar de las elecciones presidenciales, por lo que la candidatura de Ahmed Shafiq era legal y, por lo tanto, la solicitud de la anulación del proceso electoral previo no se daría a lugar (El País, 14-06-2012). Sin embargo, estas sentencias constitucionales se constituyeron en los instrumentos propicios para que las Fuerzas Armadas aprobasen un Decreto que estableció la disolución de la totalidad de la Asamblea del Pueblo y, por tanto, puso el poder legislativo en manos del ejército, además de implantar nuevas normas para redactar el nuevo texto constitucional –donde altos cargos militares podrían vetar artículos de dicho texto– y, por si fuera poco, restringir las atribuciones que tenía la presidencia hasta ese entonces.

De esta forma, más allá de la elección de un nuevo régimen de gobierno, las decisiones políticas de la transición tendrían que ser revisadas y, en cierto punto, aprobadas por la institución castrense.

Hasta la presentación oficial de los resultados de la segunda vuelta electoral, las manifestaciones de la población egipcia estuvieron presentes en la plaza Tahrir para pedir que las Fuerzas Armadas dejasen de lado su intención de mantener el poder. Finalmente, la tarde del 24 de junio la Junta Electoral dio a conocer los resultados oficiales de esta segunda vuelta electoral y nombró como vencedor al candidato de los Hermanos Musulmanes (El País, 24-06-2012), quien en su primer discurso, mostró una imagen conciliadora e intentó ahuyentar los temores surgidos ante su posible triunfo y señaló que gobernaría para todos los egipcios (El País, 25-06-2012), ello marcó la finalización de la segunda fase de este proceso de transición política.

Entretanto, la Corte Administrativa Suprema decidió derogar un decreto promulgado por el Ministerio de Justicia en el que se otorgaba al ejército la posibilidad de arrestar a civiles sin necesidad de permiso judicial; sin embargo, a la fecha, todavía queda pendiente su pronunciamiento sobre otros temas de importancia, como son: la disolución de la totalidad de la Asamblea del Pueblo cuando la sentencia del Tribunal Constitucional antes citada sólo declaró inconstitucional una parte de la ley electoral –aquella referida a los candidatos electos en calidad de independientes–, la legalidad de la Asamblea Constituyente electa por el Parlamento antes de su disolución y, finalmente, la declaratoria del estatus del decreto aprobado por la Junta Militar en la que reducen los poderes de la presidencia (El País, 26-06-2012).

A pesar de no contar con una posición de la Corte Administrativa al respecto, el 8 de julio, en una decisión inesperada, el nuevo presidente Mohammed Morsi, ordenó al Parlamento reanudar sus funciones (El País, 08-07-2012). Sin embargo, esa orden fue censurada por el Tribunal Constitucional, instancia que señaló que sus veredictos son de cumplimiento para todas las instituciones del país, incluyendo la presidencia (El País, 09-07-2012), lo que le permitió, a su vez, suspender el decreto de restitución de la Asamblea del Pueblo que había sido dispuesto por Morsi.

En este agitado proceso, uno de los últimos hitos de la transición política egipcia tuvo lugar el pasado 2 de agosto cuando el nuevo presidente dio a conocer su gabinete de 35 miembros entre los que destacan  personajes que conformaban el antiguo ejecutivo establecido por la Junta Militar –como el Ministro de Finanzas, de Exteriores y de Defensa (el Presidente de la Junta Militar), el entonces primer ministro que ahora asume como asesor presidencial–, así como profesionales que son denominados como tecnócratas y con sólo cuatro representantes del Partido Libertad y Justicia que representa a los Hermanos Musulmanes, lo que deja un claro desencanto en los activistas políticos que se enfrentaron al régimen de Mubarak, debido a su nula participación en dicho gabinete (El País, 02-08-2012).

A todo ello se suma el atentado ocurrido días después en la región del Sinaí, cuando un grupo de extremistas ingresó a un cuartel militar, matando a 16 uniformados en una región en la que se observa una extrema debilidad en la presencia de las instituciones estatales desde el inicio de la revolución contra Mubarak, lo que permitió que dicha península se convirtiera en uno de los territorios de mayor contrabando en el país, lo que le ha valido el denominativo de tierra de nadie (El País, 09-08-2012) por la libertad de acción que tienen en dicho espacio terroristas que cuentan con armamento pesado y sofisticado, lo que preocupa a la región en su conjunto debido a su proximidad con Israel, país con el cual Egipto posee un acuerdo de paz que data de 1979 en la que se comprometió la desmilitarización de la zona. Por ello, el gobierno de Morsi, en primer lugar, destituyó al jefe de espionaje de la región de Sinaí y, en segundo lugar, ha desplegado la “Operación Águila” –la mayor operación militar desde hace décadas– a través de la cual busca pacificar la península y, por ende, imponer la ley (El País, 11-08-2012).

Las críticas generadas a raíz de la composición de su nuevo gabinete, así como el primer desafío político y diplomático que significa la pacificación de la región del Sinaí, provocaron que el presidente egipcio haya tomado una decisión inesperada. Por un lado, jubiló al recién designado Ministro de Defensa y jefe de la Junta Militar, Husein Tantawi, que dirigió las primeras dos fases de la transición política y, por otro lado, revocó el decreto que dispuso la cúpula de las Fuerzas Armadas para reducir el poder de la presidencia egipcia; todo ello fue justificado por Morsi señalando que el objetivo de estas decisiones no era atacar a personas o con el fin de humillar a una institución, sino que con ello permitía que las fuerzas armadas puedan centrarse en su papel militar (El País, 12-08-2012), por ello decidió nombrar al reciente militar jubilado como uno de sus asesores. Además, el presidente egipcio decidió investir a un vicepresidente, el juez Mahmud Mekki, un cargo que había sido prescindido por Mubarak hasta sólo días previos a su salida del gobierno.

En este contexto es posible afirmar que, si bien se señalaba que la pesadilla egipcia estaba en la elección que tendrían que realizar sus habitantes en la segunda vuelta electoral ante la polarización generadas por las candidaturas, los hechos suscitados en la política egipcia permiten afirmar que la verdadera pesadilla de la transición política será la gobernabilidad, pues tendrá que afrontar una serie de desafíos, entre los cuales –sin el ánimo de agotar el debate en torno a ello– se pueden destacar:

  • La satisfacción de las demandas generadas durante este proceso revolucionario, es decir, de la población que se levantó en las calles egipcias para pedir la dimisión de Mubarak y reclamar un régimen más democrático.
  • La influencia del islamismo en la política y la vida cotidiana de la sociedad egipcia, teniendo en cuenta que esta tendencia religiosa cuenta con muchos representantes al interior del nuevo régimen en construcción, pero que también existe una gran cantidad de población que teme el poder que el islam pueda obtener durante este proceso, más aun en vísperas de construcción de un nuevo texto constitucional.
  • La entrega total del poder por parte de unas Fuerzas Armadas que tienen un claro interés de mantener los privilegios económicos y sociales acumulados a lo largo de los años y que a la fecha continúan a raíz de normas emanadas desde su mismo seno, pero que están siendo cuestionadas no sólo desde la sociedad civil, sino también desde el interior del nuevo gobierno.
  • La débil economía egipcia y el incremento constante de la pobreza debido al decaimiento de la actividad turística y la falta de inversiones ante un panorama de inseguridad jurídica y política.
  • Las relaciones internacionales, teniendo en cuenta que Egipto es un país que, por razones geopolíticas, resulta interesante para cualquier potencia mundial con el fin de expandir lineamientos ideológicos a la región en su conjunto, más ahora con el desafío de pacificar la región del Sinaí en un territorio que está marcado por una acuerdo entre Israel y Egipto para la desmilitarización de la zona.
  • La instalación de un nuevo régimen de gobierno alejado de las raíces totalitarias a las que ha estado sujeto el mismo durante décadas.

En vista de todos estos acontecimientos y los desafíos previsibles, la incertidumbre que caracterizó a todo este proceso, al parecer, permanecerá por muchos años anquilosada en una aparentemente frágil gobernabilidad, la misma que ya se manifiesta en una serie de miedos construidos alrededor de un nuevo régimen que en algunos sectores, debido a su proximidad con las Fuerzas Armadas, genera la imagen de la otra cara del antiguo régimen, pero que en otros sectores provoca una serie de expectativas positivas en torno a un nuevo rumbo de la política egipcia, haciendo que todo este proceso pueda ser definido, sin lugar a dudas, como una transición política incierta.

PUBLICADO EN POLÍTICA INTERNACIONAL

Nota al pie:

  • [1] Dos tercios de los diputados debían ser electos por un sistema de listas de partidos, y el tercio restante correspondería a candidatos individuales, pero tras un acuerdo entre la Junta Militar y las fuerzas políticas, se enmendó la norma para permitir que en la elección de los candidatos individuales pudieran concurrir personas afiliadas a partidos; pero fue precisamente ese acuerdo el que fue declarado inconstitucional por considerar que merma las opciones de ciudadanos independientes.

Referencias bibliográficas:

  • Ashour, Omar. 2012. Who will win Egypt? Project-Syndicate: 26.05.2012.
  • Bastenier, Miguel Ángel. 2012. Trinidad egipcia. El País: 29.05.2012.