“Fórmate tú en vez de esperar a que te formen y modelen”
 Herbert Spencer

ISSN0719-0212

¿Por qué la deuda es tan crítica en la Eurozona?

Gabriel HenríquezPor
Publicado el 17 Sep, 2012

EurozonaHace cinco años y un mes, en Agosto del 2007, se comenzaba a escapar el aire de la gran burbuja inmobiliaria norteamericana que tendría efectos comparables solamente a la Gran Depresión. El sector financiero fue el primero en sentir el impacto. Todos los bancos, incluyendo los europeos, estaban atiborrados de inversiones vinculadas al mercado inmobiliario norteamericano y nadie sabía cuánto era el volumen en pérdidas. Como era esperable, la desconfianza se hizo latente y el sistema financiero se estancó cuando los bancos dejaron de prestarse unos a otros (Guardian.co.uk).

Los gobiernos evitaron una caída de la magnitud de aquella de los 1930s a través de acciones coordinadas, pero desangrando sus arcas fiscales al llevar a cabo onerosos rescates al sistema bancario, para nada compensados por los ingresos en imposiciones, esta vez deprimidas por el bajo crecimiento del PIB. Por su parte, los bancos centrales intentaron promover crédito barato y abundante para estimular la recuperación del sector privado y dar espacio de maniobra a la recuperación financiera de los Estados, bajando tasas de interés y usando métodos no convencionales, como la compra de bonos por efectivo, para incrementar la oferta monetaria. Intentando resolver una crisis causada por el crédito creando aún más de éste. O, si lo quiere, una crisis de deuda emitiendo aún más.

Y así llegamos hoy a una situación interesante, donde, por ejemplo, sorprende el nivel crítico de la economía de la zona Euro, vís-a-vis los Estados Unidos.  Como se podrá deducir de la introducción, el “Estado de bienestar” europeo está lejos de ser el causante de la crisis, como varios críticos neoliberales quisieran afirmar (sobre todo en un país como Chile). Por el contrario, el crecimiento desmesurado del sector financiero, gracias a la desregulación y la ortodoxia ideológica neoliberal, es uno de los principales factores de la crisis. Además de todo un aparataje regulatorio laxo y modelos financieros (Davies, 2010) que nunca predijeron el peligro que se avecinaba, contribuyendo más bien a echarle carbón a la locomotora de la economía internacional. Resulta obvio también observar que si estuviesen los Estados de bienestar detrás de la crisis, observaríamos que los países con los mecanismos más avanzados de bienestar social: Noruega, Suecia o Finlandia; en una paupérrima situación, cosa que no es tal. Por el contrario, son los países con menos sofisticación “de bienestar” que están en el ojo del huracán: Italia, Grecia, Portugal, España, incluso Irlanda, que por tiempo fue la vedette de la liberalización económica en Europa.

Deuda, poder e instituciones… la variable comparativa

Para hablar de deuda es conveniente partir con algunos ejemplos. Consideremos que en la proporción deuda/PIB los Estados Unidos sobrepasaron el umbral del 100% del PIB en 2011, debido a eso debió subir el “techo” de la deuda permitida constitucionalmente. Luego, Japón tiene la mayor proporción deuda/PIB del mundo desarrollado sobrepasando el 220% y, con el aumento de importaciones de energía debido a la catástrofe nuclear, la deuda japonesa se elevará aún más. Sin embargo, dos diferencias son interesantes entre ambos países. En Estados Unidos más del 60% de los acreedores de la deuda son extranjeros, principalmente China y Japón, mientras en el segundo tal porcentaje es sólo de un 5% y el 95% de los acreedores son nacionales. En el caso de la Eurozona, el stock total de deuda pública es 87% del PIB (Europe’s Choice – Economist, 26 de Mayo 2012), menor que aquella de los Estados Unidos.

Entonces, ¿por qué la Eurozona está en una situación tan paupérrima mientras a Estados Unidos le siguen comprando bonos del tesoro, financiando su deuda, y el dólar se aprecia cada día más?

Acá hay dos factores importantes, que de todos modos no son los únicos. El primero es la posición del dólar como moneda de intercambio internacional pues “al adquirir dólares o derechos denominados en dólares, los extranjeros automáticamente extienden crédito a la economía norteamericana. […] La habilidad de los Estados Unidos para posponer un ajuste descansa en esa misma [seudo] encuesta de opinión perpetua [al mercado], es decir, en los juicios de agentes en otras partes, incluyendo no sólo actores privados que usan el dólar con propósitos de inversiones pero también en bancos centrales extranjeros que usan el dólar en sus reservas” (Andrews, 2006). Así, los norteamericanos están en una posición tan favorable que, mientras exista la confianza en el dólar, no tendrán problemas de financiamiento.

En segundo lugar, la escasez de activos confiables u otras monedas que puedan servir de reservas. Si por algún tiempo se especuló que el Euro pudiese sustituir al dólar como moneda de intercambio internacional, la situación hoy es diametralmente distinta. Hoy se especula, más bien, sobre el fin de la zona euro. La crisis europea provocó que los inversores se refugiasen en bonos soberanos de países emergentes, razón por la cual, ante la avalancha de capital, muchos países debieron recurrir a control de capitales o políticas para evitar el recalentamiento de sus economías. También el oro sirvió por un tiempo como resguardo  ante la incertidumbre.

Y el tercero. No se trata de que la economía norteamericana esté en mejor estado que la europea. Más bien, la complejidad de la crisis de la última es tal que, a pesar de las vacilaciones iniciales sobre el futuro del dólar post-2007, la confianza ha regresado, en gran parte porque es lo más sólido hoy en día. Se teme un sobrecalentamiento de las economías emergentes, y la situación institucional en Europa, que analizamos a continuación, es tan delicada que los países de la zona euro se encuentran con grandes dificultades a poder financiarse.

La deuda en una unión monetaria incompleta

Primero que todo, hay que tener en cuenta que la realidad en la zona Euro es bastante heterogénea. La deuda griega es diferente a la deuda española –una compromete al sector público y privado, mientras la segunda es principalmente privada, bancaria (Economist.com)–. Aún más, la deuda de los países de la Eurozona es distinta a la de cualquier país fuera de la Unión Europea. Situación que escapa muchas veces al análisis de la crisis que pasa simplemente por “exceso de deuda”, no quedando más que reducir el gasto y punto.

La complejidad se resume al observar la Eurozona como una “unión monetaria incompleta” donde política fiscal y monetaria no se armonizan. La política monetaria está a cargo del Banco Central Europeo (BCE) y la política fiscal, en la práctica, a cargo de los países miembro. Mientras las cosas marcharon bien no hubo problemas, el BCE se encargaba de controlar la inflación y los gobiernos de manejar sus finanzas en el boom previo de la crisis caracterizado por un barato endeudamiento y pronósticos de buen tiempo que reforzaron lo anterior. Cuando explotó la burbuja y la crisis llegó a Europa, los Estados se encontraron con niveles de deuda (post-rescates en algunos países) que el mercado estimó cada vez más difícil de “servir”, y los costos de vender bonos soberanos se elevaron. Debido a que los Estados no pueden manipular la moneda, el tipo de cambio, ni crear inflación para reducir la deuda, sólo la política fiscal quedó disponible, lo que significó, obviamente, reducir el gasto.

Sin embargo, reduciendo el gasto la economía se contrae y se deprime (reveladoramente en el caso griego) creando una recesión donde las entradas del Estado se reducen y, enseguida, el mercado estima que el país no podrá servir su deuda, incrementando el costo de endeudamiento. Un espiral directo a un abismo.

A la vez, la crisis ha revelado es que la política de la Eurozona no es supra ni intergubernamental en contexto de igualdad soberana. La política monetaria no varía sin la venia de Alemania (obsesionada con el control de la inflación) y Francia. Y, hasta ahora, la política fiscal de los países en aprietos, ha sido fuertemente presionada por las cabezas de la Zona Euro, Bruselas y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El caso de Grecia probablemente de para hablar de un protectorado financiero.

La falla estructural

La introducción de la moneda única, en el contexto de las amplias liberalizaciones económicas de la década de los ’90, ayudó a integrar los mercados europeos, notablemente en términos financieros. Los bancos pudieron pasar de un país a otro sin grandes dificultades y poder hacer negocios a nivel transnacional de una forma no antes vista. Por otra parte, la moneda única, significó un amplio acceso de los países de la zona monetaria al mercado de capitales internacional. Mientras el crédito fluía gracias al histórico e inusualmente largo ciclo económico previo a la crisis, la incompleta arquitectura institucional que amparaba a la moneda única no producía problemas. Existía la creencia que básicamente los flujos financieros y económicos, en el largo plazo, harían factible una unión política. Sin embargo, varios factores a considerar contribuyeron a la gravedad de la actual crisis:

  1. La enorme financialisation previa a la crisis permitió un incremento sustancial de la deuda de los países europeos. Reino Unido entre el 2000-2008 aumentó su deuda en un 157%. Mientras en Alemania en el mismo periodo la deuda alemana se incrementó sólo en un 7%. Las reformas al mercado laboral del Canciller alemán German Schroeder, consensuadas entre sindicatos y empresariado, incrementaron la competitividad en 15% y las exportaciones subieron en un 30% más del promedio.
  2. El Tratado de Maastricht de 1992 fue flexibilizado por razones políticas. A pesar de no tolerar más de 60% del PIB de deuda e imponer un déficit de no más de 3% en tiempos normales, Italia, Bélgica y Grecia fueron admitidos a la unión.
  3. Una coordinación fiscal inadecuada inhabilitaba respuestas a shocks asimétricos en el núcleo de la Eurozona. Se creía que tales shocks sólo podrían venir de un descontrol de la inflación. A pesar del objetivo de un 3% del BCE, que puede resultar asombroso, no fue suficiente para controlar flujos de deuda o inestabilidad financiera.
  4. Al estar el BCE a cargo de la política monetaria, se creía que los países más débiles estarían obligados a igualar la competitividad alemana al no poder devaluar la moneda. Sin embargo, estos aumentaron su nivel de precios en vez de la productividad y la competitividad divergió. Los salarios subieron, no así la productividad.

Estos entre otros factores revelan que el endeudamiento es un síntoma de un proyecto económico con fallas estructurales más que el fondo del asunto. Con vínculos más fuertes entre política fiscal y monetaria difícilmente la deuda hubiese explotado de la forma en que lo hizo, aunque, a decir verdad, tal desajuste fue a la par con el inusual ciclo económico pre-crisis. Todos creían que el boom “esta vez era diferente” (fenómeno examinado por Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart en “This Time Is Different: Eight Centuries of Financial Folly”, 2009).

Así, los desafíos de la unión monetaria están lejos de resumirse al recorte de la deuda y las políticas de austeridad que no han traído grandes beneficios (más bien al contrario). Todo esto en el juego de poder entre Alemania, Francia, los países en crisis y la burocracia de la UE. Donde los primeros buscan mantener la política monetarista de la BCE, al sólo permitirle competencias en el control de la inflación, lo que choca con la constante presión para que el Banco pueda servir de prestamista de último recurso y/o aliviar el financiamiento de los países en crisis vía compra directa de deuda (particularmente los Eurobonos). Papel que sí juegan la mayoría de los Bancos Centrales en el mundo.

Precisamente el 6 de Septiembre, Mario Draghi, el Presidente de la BCE, presentó un plan de financiamiento que involucra la compra de deuda ilimitada de países en aprietos con una madurez de hasta 3 años (Guardian.co.uk), bajo condición de la ejecución de ciertas reformas. Todo esto con el fin de reducir la dependencia de los países en crisis en el mercado de capitales que fija cada vez intereses más altos para las economías deprimidas.

Así, habrá que ver cuán factible es el plan de Draghi. Ya la Bundesbank anunció que no está de acuerdo con el plan, pues lo considera similar al financiamiento de gobiernos por la impresión de moneda: la política monetaria subyugada a la política fiscal. Con tales dificultades, habrá que ver hasta qué punto la diplomacia europea podrá convencer a los alemanes en su fijación en la estabilidad de precios. Asunto que se ve improbable, al menos hasta nuevas elecciones en Alemania, o el estallido financiero de algún país, como Grecia, que genere la presión suficiente para un cambio de política del más poderoso.

PUBLICADO EN POLÍTICA INTERNACIONAL

Referencias:

  • Andrews, David (2006). International Monetary Power. Cornell University Press.
  • Davies, Howard (2010). The Financial Crisis: Who is to blame? Polity Press.