Miércoles 29 de Marzo de 2017

Axel Kaiser y la perpetuación del privilegio

Por: Raimundo Villarroel - 08-05-2016

El libro "La tiranía de la igualdad" de A. Kaiser comienza con el supuesto de que el ideario igualitarista de la izquierda en Chile, se expresa metodológicamente en un totalitarismo estatal para generar una "igualdad forzada". Ante esto la pregunta sería; ¿cuál es la "igualdad natural"? El problema del autor es que afirmando generar una crítica en base a parámetros científicos, objetivos y racionales,  establece como premisa que cualquier forma de distribución concebida por el mercado sería un incuestionable estado que en su más innata pureza sólo refleja la competencia entre individuos con esfuerzos y capacidades diversas, sin reconocer que ese sistema sigue siendo una creación. Desestimando también que la acumulación excesiva de recursos e influencia genera dominación de un sector frente a otro, impidiendo el ideal libertario que el mismo autor defiende en un comienzo.

Un argumento interesante y contradictorio que se plasma en el libro "La tiranía de la igualdad",  es la crítica frente a  los modelos reformistas, ya que proclaman, según el autor, que ante el egoísmo e incapacidad de benevolencia por parte de los ciudadanos, debe existir una forma de dirección hacia el interés público y la solidaridad, negando el autor tal postura debido a la existencia de filantropía privada. Sin embargo, son precisamente las teorías clásicas, argumentos fundadores del liberalismo, que defienden esta ambición innata por parte de unos individuos frente a otros. Este ambición es la que satisface el interés público [N. del E.], el cual se supone es la fuente de funcionamiento del mercado [2]. Kaiser acusa a los movimientos reformistas de mantener una "noción pesimista", apelando a que un sistema de donaciones privado podría resolver las necesidades sociales,  pasando por encima del conocimiento básico  de un “policymaker” que  se asume incapaz de generar políticas públicas en base al altruismo personal. Del mismo modo cualquier aproximación a la regulación económica le es imposible: la inversión, identificar beneficiarios, etc.

Ahora, si bien es cierto que siempre existirán  grupos ideológicos que intenten liberalizar o estatizar según intereses políticos más que técnicos, también es cierto que  los sectores políticamente reformistas no han vuelto a tener poder sobre transformaciones estatistas importantes, y más bien se han dedicado a regular y fiscalizar a los privados [3].  La crítica del libro responsabiliza a la base ideológica de la tradición políticamente de izquierda como doctrina que no respeta los fundamentos técnicos-económicos, y que declinan inevitablemente siempre en el fracaso, olvidando una  cantidad considerable de evidencia histórica  que demuestran los resultados desfavorables que han presentado los modelos liberales desregularizados [4].  Mientras el libro proclama que "El problema no es la desigualdad, sino la falta de recursos, y esto se arregla con economía libre y creación de riqueza..."[5], hoy los actuales movimientos de izquierda, que han germinado especialmente desde las Universidades, ya no sólo demandan reformas regulatorias sino que intervenciones directas,  reflejando un descontento importante por los resultados más que por ideología, aunque sin duda esta última es utilizada, ocasionalmente, como retórica sobre lo que se quiere reformar. Afirmar entonces, como lo plantea el libro,  que existe por parte de la izquierda una desconfianza irracional a la libertad personal no es completamente verídico, ya que el origen del problema son las consecuencias económicas y sociales que ha generado esta libertad indiscriminada [6], reflejada en una acumulación de riqueza excesiva que finalmente menoscaba la libertad de aquellos en la base de la pirámide de ingresos.

El sistema, tal cual defendido, impide el crecimiento de muchos debido a una desigualdad base, a través de un sistema de capitales culturales y económicos diferenciados[7], que impide una competencia “justa”, desmoronándose el ideal meritocratico amparado en las raíces del  liberalismo clásico[8]. Así reproduciendo la situación de los desfavorecidos y los privilegiados que, evidentemente, no son de conveniencia criticar por el autor, defendiendo la reproducción de privilegios heredados y heredables, violando, al mismo tiempo, los principios de eficiencia de una justa competencia. Justificando con argumentos vacíos, en base a un “naturalismo” Darwiniano que proclama una desigualdad intocable e incuestionable, pero que finalmente oculta el temor de competir en condiciones equitativas donde, ajustando capital social y económico, los talentos objetivos de muchos aventajados de hoy serían probablemente corrientes, relegando al privilegiado de hoy, al promedio del mañana.

Lo interesante de esta lógica, es que se construye según la misma base de la teoría liberal, que identifica que un mercado con competencia desigual genera desincentivo al esfuerzo por parte de los competidores beneficiados, generando no sólo desigualdad, sino que también ineficiencia. Por otro lado los capitales se tienden a reproducir, existiendo menor movilidad, lo que contempla restricciones estructurales para que se produzca una desigualdad forzada.  

Lo que este artículo denomina como "la tiranía de la desigualdad", es este desequilibrio distributivo estructural, con aún escasas posibilidades de ser revertido, haciendo que en un mundo competitivo (independiente de la crítica que se pueda realizar a la competencia en sí), existan "ganadores" y "perdedores" predestinados según el nivel socioeconómico. Es necesario rescatar que, aunque efectivamente se presentan casos  que  por medio del esfuerzo y circunstancias aventajadas, se ha podido romper con esta tendencia, aquellas distan de tener un sentido de proporcionalidad representativa que demuestre una equidad base, siendo que los estudios demuestran que las habilidades se encuentran distribuidas homogéneamente dentro de la sociedad.

 La "tiranía de la desigualdad" mantiene y reproduce niveles de inequidad que conviene a un sector históricamente beneficiado, que no quiere perder los privilegios heredados y heredables, honrando las bases individualistas más rudimentarias que inspiran al liberalismo, pero traicionando  la eficiencia de una competencia en igualdad de condiciones.

Una de las variables fundamentales para equilibrar las habilidades en la competencia es mantener un nivel de calidad de educación equilibrada. Donde el libro de Kaiser argumenta que el propósito de los igualitaristas es eliminar cualquier participación privada para evitar diferencias, el objetivo real es equiparar calidad, lo que significa, entre otras cosas, redistribuir recursos entre establecimientos. Lo que evidentemente no significa eliminar la participación privada, sino permitir que el avance progresivo de la educación pública converja hacia un nivel que le permita competir en aspectos académicos con establecimientos privados, donde hoy se reproduce una elite cuyo capital principal  no es precisamente intelectual, sino económico.

Notas al pie

  • [1] Crítica realizada en base al libro de Axel Kaiser (2015) "La tiranía de la igualdad". Ed. El Mercurio. Santiago, Chile.
  • [2] Smith, Adam (1974) “La riqueza de las naciones”. Universidad de Sevilla. p.443
  • [3] De La Fuente, Gloria (2010). “Continuidades y cambios de la matriz sociopolítica en Chile desde la reinauguración democrática”. Revista de Sociología, N°24  P.188
  • [4] French-Davis, Ricardo (2008). “Chile entre el neoliberalismo y el crecimiento con equidad. Reformas y políticas económicas desde 1973”. JCSÁEZ. Santiago, Chile.P. 34
  • [5] P.40
  • [6] Recordando que según la OCDE Chile sigue siendo el país con mayor desigualdad salarial de los 18 Estados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. La Tercera. “Chile es el país con mayor desigualdad salarial de la OCDE”. Ver aquí
  • [7] Gayo, Modesto. (2013) "La teoría del capital cultural y la participación cultural de los jóvenes. El caso chileno como ejemplo". Scielo. Ultima décad. vol. 21 no. 38
  • [8] Contreras, Dante. (2013). "No puede ser desarrollado un país donde la cuna importa tanto". Entrevista del diario La Segunda. Santiago, Chile.

Nota del editor

  • [N. del E.]. Adam Smith señala que: “Todo trato es: dame esto que deseo y obtendrás esto que deseas tú; y de esta manera conseguimos la mayor parte de los bienes que necesitamos. No es la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino el cuidado que ponen ellos en su propio beneficio. No nos dirigimos a su humanidad sino a su propio interés, y jamás les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas. Solo un mendigo escoge depender básicamente de la benevolencia de sus conciudadanos”. (Smith, Adam (2015[1776]) La riqueza de las naciones. Alianza Editorial, Madrid, pp. 46-47)


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