Domingo 20 de Agosto de 2017

Bartleby y compañía: la paradoja de los escritores del no

Arthur Rimbaud, sin duda, es uno de los hitos decisivos del itinerario de la poesía moderna. Considerado precursor de la escuela simbolista francesa, logró combinar la técnica perfecta del lenguaje con la imaginería sutil y misteriosa; un joven prodigio que inició su trabajo literario a los 16 años, pero a los 19, sin más, renunció a la vida de poeta, dedicándose, posteriormente, al tráfico de armas. Ludwig Wittgenstein, un hombre de decisiones extravagantes y de ingenio insaciable, en varias oportunidades, a lo largo de su carrera filosófica, anunció su retiro, sin embargo, nunca lo hizo propiamente. Juan Rulfo, un prócer en la historia de las letras hispánicas contemporáneas, aunque nunca se apartó del ínterin literario, después de la publicación de El llano en llamas y Pedro Páramo nunca más volvió a publicar. Harper Lee, escritora que debe su fama a la novela To kill a mockingbird (Matar a un ruiseñor), publicada en 1960, vuelve a la palestra literaria después de 55 años de silencio con la publicación de lo que en realidad fue el primer borrador de su primera novela. Estos nombres son solo una ínfima muestra de la larga lista de escritores del No, de escritores que como Bartleby, el personaje creado por el escritor estadounidense Herman Melville, han dicho “I would prefer not to”, y como el escribiente que ya no escribe, públicamente han manifestado su retiro o simplemente y sin mediar, han dejado su oficio en el silencio, y paradojamente, desde el letargo, la renuncia y el sigilo, se han vuelto razón seminal en la escritura de Enrique Vila-Matas.

Bartleby y compañía obra del escritor barcelonés Enrique Vila-Matas es, sin duda, un libro curioso, difícil de encasillar dentro de un género narrativo. Los 86 microrelatos expuestos como aforismos, epigramas, biografías, autobiografías y ficciones, restringen y, al mismo tiempo, expanden todo intento de clasificación. No obstante, este raro texto, pese a su excéntrico estilo, se funda en un claro hilo conductor, un argumento bien expuesto, una tesis que eslabona a cada uno de los relatos: reunir un gran número de ejemplos de escritores que en cierto momento de su vida dejaron de escribir, decidieron no publicar o tajantemente le dijeron No a la literatura. La explicita claridad del argumento, junto a la proliferación de elementos descriptivos, inmersos en un retoricismo de invención y realidad, en el que el autor da ficción a través de la cita, muestra también la paradoja interna bajo la cual ha entretejido la obra.

El personaje principal, el jorobado Marcelo, nos recuerda la célebre paradoja de Zenón: “ningún eleata dice la verdad”. Él dice ser autor de una novela de amor y ha abandonado  su  primera  vocación  porque  se  siente  incapaz  de  escribir. Sin embargo, después de veinticinco años de sequía narrativa decide retomar la pluma para coleccionar casos parecidos al suyo. La idea de esta nueva empresa le viene de una epifanía literaria, muy parecida a aquellas que han manifestado los prósperos escritores: “La idea de rastrear la literatura del No, nació el pasado martes en la oficina cuando me pareció que la secretaria del jefe le decía a alguien por teléfono: el señor Bartleby está reunido” [1].

Con esta actitud narrativa, Marcelo no solo solidariza con aquellos seres “en los que habita una profunda negación de mundo” [2], sino que, al mismo tiempo, negándose a sí mismo su capacidad de escribir, logra vivificar la experiencia literaria y, por otra parte, entabla un discurso con el silencio, pues, de una u otra forma, escribimos para ser leídos, pero en esta obra, nuestro narrador escribe para ser olvidado.

El manejo lúdico y dialéctico entre lo que debe escribirse y la imposibilidad de escribir, entre los personajes reales y los personajes ficticios, entre la cita biográfica y la invención hilada que la completa, crea una ambigüedad que apaña al paradójico talante que define a Marcelo, es decir, el hombre que bloqueado en la escritura, muestra tal bloqueo escribiendo. En esta forma de vivificar al escritor que hay en él desde la negación, nuestro narrador desaparece de la obra y, en su ausencia, convierte a los autores citados (verdaderos o ficticios) en los auténticos protagonistas. No obstante, este escritor de la no escritura sabe muy bien cuando aparecer, mantener vigente el hilo narrativo y recordarnos que él mismo es el argumento, que el personaje novelesco que lo define es el eslabón de los relatos.

Otro ejemplo del carácter paradójico de nuestro personaje aparece en el relato 66. En este microrelato surge sin ningún anuncio una voz sin cita, sin anécdota anclada a algún personaje. Por un momento no se logra reconocer la voz del narrador, pues Marcelo ha desaparecido del relato y la historia se ha vuelto discurso. No obstante, en el continuo juego dialéctico de lo que no se está escribiendo, el discurso vuelve a sepultarse y aparece el narrador para recordar, por medio de bloqueo mental, la traba literaria y las ganas de salvar la literatura de su propia imposibilidad.

“He  trabajado  bien,  puedo  estar  contento  de  lo  hecho.  Dejo  la  pluma,  porque anochece. Ensueños del crepúsculo. Mi mujer y mis hijos están en la habitación contigua, llenos de vida. Tengo salud y dinero suficiente. ¡Dios mío, qué infeliz soy! ¿Pero qué estoy diciendo? No soy infeliz, no he dejado la pluma, no tengo mujer, no tengo hijos, ni habitación contigua, no tengo dinero suficiente, no anochece.” [3]

Vila-Matas desde un juego de alusiones y ambigüedades logra ilustrar sin equívocos la temática central de la obra: por qué se deja de escribir. Así, desde frases cortas, descriptivas y bien definidas, con preguntas retóricas y comentarios de asuntos que no atañen a ningún personaje, el autor consigue que en el texto convivan todos los géneros literarios, que pensemos en Bartleby y compañía como un ensayo sobre la literatura futura, o en una reflexión sobre lo que debe entenderse por literatura o una crítica sobre lo que no podría llamarse literatura.

Con andamiaje novelesco y la conjunción entre ficción y realidad Enrique Vila-Matas logra involucrar al lector y hacerlo parte de la novela. En este texto, la experiencia del espectador gira en un espiral infinito, pues cerraremos el libro viéndonos o nosotros mismos con un Bartleby o, en el menor de los casos, continuaremos indagando para aumentar la lista de los escritores del No.

Notas al pie

  • [1] VILA-MATAS,  Enrique  (2000),  Bartleby  y compañía, Barcelona, Anagrama, pp. 12
  • [2] Ibíd., pp. 11-12
  • [3] Ibíd., 147-148

Bibliografía

  • CONTE, R., y OTROS (2000), "Los mundos particulares de Enrique Vila-Matas y Miguel Sánchez-Ostiz", En  Historia y crítica de la literatura española (Coord. Francisco Rico), Vol. 9/1, Los nuevos nombres: 1975-2000 (Coord. Jordi  Gracia), Barcelona, Crítica.
  • POZUELO YVANCOS, J. M. (2010), Figuraciones del yo en la narrativa, Ensayos literarios, Universidad de Valladolid.
  • RODRÍGUEZ FISCHER, A. (2003), "Shandys, Bartlebys y Montanos: Las novelas (peligrosas) de Enrique Vila-Matas" En Cuadernos Hispanoamericanos, Vol. 635, Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación.
  • VILA-MATAS, Enrique  (2000), Bartleby y compañía, Barcelona, Anagrama. 


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