Miércoles 29 de Marzo de 2017

Continuidad de los parques de Julio Cortázar: El papel del lector en la literatura fantástica

Por: Eliana Dugarté - 01-12-2016

Los escritos siempre tienen, como mínimo, dos dimensiones inevitables que cualquier lector, por muy superficial que sea, pone al descubierto. Por un lado, expone el asunto sobre el cual el autor se ha propuesto contribuir. Pero, por otro, los textos dicen algo más de lo que pretenden, a menudo bastante más de lo que el propio autor esperaba mostrar. Sin embargo, en la escritura de Julio Cortázar, la complejidad de dimensiones y espacios narrativos no son, precisamente, un hallazgo tácito de quien se propone a escribir una obra cualquiera, sino un modo de creación consciente que condiciona, de una u otra forma, la lectura de su obra, tirante, siempre, entre lo cotidiano y lo fantástico.

Estar atento al binomio realidad/fantasía no es suficiente para atender a los requerimientos estéticos que nos propone la compleja prosa de Cortázar. Sabemos de antemano que nos encontraremos un hecho irreal, contado con una sencillez tan cotidiana, que todo lo increíble logra adquirir categoría de recurrente normalidad. Razón tiene Todorov al decir que en el realismo mágico “se describe el mundo nuestro, pero con acontecimientos imposibles de explicar por las leyes naturales de este mismo mundo” [1]. En este sentido, lo atractivo de la narración cortazariana es que, por más raro que sea el acontecimiento, se plantea dentro de patrones lógicos de la cotidianidad y el sentido común, que invitan al lector a entregarse y enredarse en el texto con una perplejidad complaciente. De hecho, por la naturaleza de su narrativa, es ya imperativo abordar a Cortázar mencionando el papel activo que tiene el espectador de la obra dentro de la lectura y el texto mismo, pues, para que exista propiamente un realismo mágico, el lector debe estar dispuesto a integrar su plano de la realidad al de la historia para que el relato se complete. Es necesario, entonces, que el lector se transforme, dentro de la obra, en una especie de personaje anónimo, omnisciente, que no conozca más que las leyes naturales, y bajo esa estructura de normalidad, se enfrente al acontecimiento sobrenatural que narra la obra.

Vladimir Soloviov afirmaba que “en el campo de lo fantástico existe la explicación de la posibilidad exterior y formal de los fundamentos, pero al mismo tiempo, esta explicación carece por completo de probabilidad interna” [2]. Es decir, aunque el fenómeno ilusorio claramente pueda ser explicado o anulado a partir de causas racionales, el lector que experimenta lo fantástico no compromete en la lectura su racionalidad. No obstante, tampoco anula la razón, ya que es la sensación de su latencia la que provoca la incertidumbre. Dicho de otro modo, para que se dé íntegramente una experiencia fantástica, el lector debe aceptar el desafío de caminar el abismo de lo fantástico con los zapatos de la perplejidad; alumbrado con la duda, pero con la razón bien dispuesta en su mochila y, bajo esta duda, sentir en forma continua la contradicción entre los dos mundos: el real y el ilusorio. En efecto, es en la vacilación del lector donde se encuentra la primera condición de lo fantástico [3].

En Continuidad de los parques, ya el título muestra el lazo mistérico de varias realidades que se tejen en una sucesión de hechos, poniendo en sobre aviso al lector e incitándolo a continuar cualquier viaje que encuentre en la narración hasta el término de la historia, que, como sabemos, no culminará en el punto final del cuento, sino en la perplejidad que acapara al lector. Con este anticipo nos enfrentamos a una intensa historia de dos párrafos. En el primero, con una sutileza hipnotizadora el autor describe, como quien describe un cuadro, las imágenes que configuran el cronotopo del texto. Luego, al referirse a la emocionalidad del personaje frente a la novela que lee, nos exige a nosotros la misma pasión, el mismo “placer perverso” [4] y el mismo ensimismamiento con el que el personaje principal degusta sereno su propio drama [5].

Dos planos de la realidad se unen bajo el hilo conductor de una misma voz, que refleja la creencia de Cortázar en la unidad fundamental de la realidad y la influencia de André Bretón, quien pensaba el mundo como un gran crucigrama [6]. En este primer párrafo, sin ninguna parafernalia, Cortázar conecta la pasividad del lector con una imagen cotidiana del mundo, que da pie a la construcción de un juego mágico de paradojas incoherentes, narradas bajo un lenguaje que no genera ninguna intransigencia en el lector. Con la misma inusitada calma que persiste en el personaje del cuento, el autor dibuja la inversión del espacio, del tiempo y de la incertidumbre de quien lee la novela junto a la ventana y el personaje en el que, de a poco, nos vamos convirtiendo.

Somos ahora uno más que también lee su propio drama, ya que lo fantástico en este cuento dejó de situarse en el texto y pasó a formar parte de la experiencia del lector. En este primer párrafo Cortázar logró confundir nuestra perversa pasividad, con la pasividad del hombre que lee y la del personaje leído, pues de la misma forma que guarda en su memoria cada imagen del cuento, todo el eslabón de actores que forman parte de los tropos narrativos, tampoco han olvidado nada [7]. De esta forma, por más incoherente que parezca, la voz que hila el cuento logra describir las escenas dentro de una cotidianidad tan llana, que no necesita ser cuestionada.

En el segundo párrafo se incluye una nueva realidad, que es evidente solo si hemos mantenido la atención hipnótica que exige el autor. Ya no solo formamos parte del cuento, sino que ahora leemos la novela que el personaje lee como nuestro propio ajusticiamiento, como en una ilustración de Escher, donde todo se va tejiendo, y aunque se pueda mantener la atención en el argumento que conduce el cuento, como en las escaleras del gráfico holandés, todo sigue confuso y, al mismo tiempo, evidente [8]. Dos personajes (los amantes) corren en dos direcciones distintas por lo que parece ser un parque, el mismo parque que une las realidades fractales cortazarianas. Se describe la pasión que tienen los amantes, la misma que los conduce a la necesidad de ejecutar rígidamente la tarea esperada [9]. No hubo error, todo sucede de manera perfectamente conspirativa, “los perros no debían ladrar, y no ladraron” [10].

En esta parte del párrafo el autor vuelve a intercambiar las realidades. Ahora bajo una cimentada pasión caminamos los mismos pasos que el amante, subimos “los tres peldaños del porche” [11] y entramos a la casa. Nuestra irrigación sanguina también se enloquece y la sentimos galopando en los oídos junto a los susurros de la mujer que describe minuciosamente el recorrido: “primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada” [12]. Al terminar el recorrido, el nuevo personaje llega sin error al lugar indicado, encuentra al marido junto a la ventana frente a dos parques, el del libro y el de su realidad.

Nada más se dice en el cuento. No hay crimen ejecutado, y el escritor tampoco lo debe ejecutar si su intención es mantenernos en estado de perplejidad, ya que, lo fantástico dura mientras hay duda [13]. Por tanto, si en nuestro compromiso con la lectura alguien muere, es porque se ha cometido un triple crimen: el de la novela que se lee, el del cuento de Cortázar y el que nosotros mismos cometemos. No obstante, si al final de la historia el lector considera que las leyes de la racionalidad pueden explicar lo sucedido, entonces, el cuento dejará de extasiarnos.

La coexistencia de varias realidades y la convergencia mágica en un punto determinado, en el caso de Continuidad de los parques, muestra la creencia de Cortázar de que el universo es tal cual es en virtud al conjunto de relaciones misteriosas que lo conforman, de modo que, cualquiera de sus partes puede ser tratada como símbolo o metáfora que descifre a las otras [14]. Como amante del romanticismo alemán, Julio Cortázar concibe el mundo inserto en una totalidad viviente, por tanto, en este cuento, como en muchos otros relatos, todos los elementos logran disponerse perfectamente como un organismo vivo, es decir, lo que tiene que suceder para darle forma a la conspiración, sucede de forma perfecta. Tampoco hay cuestionamiento en el intercambio de realidades, ya que, bajo este horizonte, cada una de las partes siempre está relatando el ritmo de la otra.

Notas al pie

  • [1] Todorov, T., Introducción a la literatura fantástica, México D. F., Coyoacán, 2009, p. 23.
  • [2] Véase Soloviov, V., Citado por Todorov, T., Introducción a la literatura fantástica,…, p. 36.
  • [3]
  • ·Ibíd.
  • [4] Cortázar, J., Final del juego (FDJ), Continuidad de los parques, Madrid, Alfaguara, 1982. p. 56.
  • [5] “[…] su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi enseguida. Gozada de placer casi perverso de irse desgajando línea a línea lo que lo rodeaba…” Ibíd.
  • [6] Puleo, A. H., Cómo leer a Julio Cortázar, Madrid, Júcar, 1990, p. 16.
  • [7] “[…] Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora, cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido…” Cortázar, J., (FDJ) Continuidad de los parques,…, p. 56.
  • [8] Véase Escher, M. C., Relatividad, litografía, 1953.
  • [9] “[…] sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña…” Cortázar, J., (FDJ), Continuidad de los parques,…, p. 56.
  • [10]
  • ·Ibíd.
  • [11] Ibíd.
  • [12] Ibíd.
  • [13] Todorov, T., Introducción a la literatura fantástica,…, p. 38.
  • [14] Véase Puleo, A. H., Cómo leer a Julio Cortázar,…, p. 23.

Bibliografía

  • Cortázar. J., Final del juego, Madrid, ed. Alfaguara, 1982.
  • Puleo, A. H., Cómo leer a Julio Cortázar, Madrid, ed. Júcar, 1990.
  • Todorov, T., Introducción a la literatura fantástica, México D. F., ed. Coyoacán, 2009


Comentarios

comments powered by Disqus
Newsletter
Redes Sociales
Sitios Amigos