Martes 25 de Julio de 2017

El año del descaro

Por: Editorial - 17-01-2016

El pasado 2015 será recordado por la cantidad de episodios de corrupción que fueron descubiertos, salpicando a toda la clase política e incluso a aquellos intocables en la cima de los negocios y los grupos económicos del país. El 2015 de Bachelet fue tempranamente saboteado por su propio hijo, involucrado en el caso Caval, mientras la derecha se dinamitó con los episodios de financiamiento irregular de la política que afectaron ampliamente a la UDI, entre otros representantes de RN y centro-izquierda (en más detalle: Ballotage, 2015). Otros intentaron racionalizar que la corrupción “había llegado”, ante la violenta pérdida de confianza en la clase política, afirmación que sugería su surgimiento y no su descubrimiento, luego de años de tolerancia y conocimiento de figuras políticas y empresariales. Casos como los MOP-GATE o el de las facturas falsas de publicam, donde estuvo involucrado el actual senador por Santiago poniente Guido Girardi, muestran que la corrupción en la política no es un fenómeno nuevo en el país. Desde la derecha varias voces manifestaron que eran cosas que “todos” hacían y que no era “novedad”. Incluso el lobista de gobierno, Enrique Correa, manifestó que el “financiamiento irregular de la política no es corrupción” (La Tercera, 2015)

Hasta los militares han sido descubiertos orquestando una gran estafa, que asciende a miles de millones de pesos, respecto al fondo reservado del cobre –ese 10% sobre las ventas (no utilidades) de CODELCO que va a las FF.AA. (The Clinic, 2015). Con eso queda la incómoda duda de cuántos otros episodios de corrupción fueron tolerados en la dictadura y en los años de post-dictadura, cuando el Ejército fue prácticamente intocable.

A pesar de todo, es bueno que la burbuja chilena se haya reventado. Por años, buena parte de la élite política ha mirado con desprecio los publicitados episodios de corrupción en otros países de la región. Y en Chile en general, ha decantado una actitud similar respecto a nuestros vecinos, alimentada por noticiarios mediocres en su tratamiento de la realidad de Latinoamérica. Un orgullo indolente y a ratos xenofóbico ha tendido a penetrar ciertos segmentos de la sociedad, bajo cuyos lentes se observa el contraste entre la estabilidad económica y la alta inflación, volatilidad del tipo de cambio, desempleo y bajos niveles de desarrollo en algunos vecinos; sin nunca saber bien las causas, pero satisfecho de lo que sus autoridades cuentan por los medios.

Titulamos el año del descaro pues todos los protagonistas, a pesar de haberse visto involucrados en episodios vergonzosos –mediados por la mentira, la arrogancia y la indolencia– han continuado ejerciendo sus actividades como si nada. Si se han disculpado, lo han hecho más bien con el aire de lamentar haber sido descubiertos; si han sido condenados, ven sus acciones como meros errores de individuos ingenuos (aunque reconocidos como hábiles y oscuros dirigentes políticos). Un ejemplo de lo anterior es la UDI, que se ha convertido en el partido más corrupto desde el regreso de la democracia. Aun así, dentro de él se le sigue rindiendo incondicional tributo a Jovino Novoa, condenado como autor y ejecutor de delitos tributarios para financiar campañas políticas, mas no sancionado por los organismos internos del partido. De la UDI también renunció el hoy desaforado senador Jaime Orpis, acusado de ser un brazo político de CORPESCA en el Senado. Lo último con lo que el partido decidió defender a los suyos es tildar a los tribunales de sesgados y de plantear que existe una persecución política (DF, 2015) –esto desde el partido nacido al abrigo de la censura y la persecución de la dictadura. Víctor Pérez, el intransigente jefe de bancada en el Senado, indicó que el Ministerio Publico y el Servicio de Impuestos Internos estaban persiguiendo políticamente a Novoa y Pablo Longueira, involucrados en la emisión de boletas falsas a SQM. Y naturalmente a varios otros, como Ivan Moreira, Ena Von Baer, Jaime Orpis, etc.

“Ya no son los 90s” podría ser un buen memo para el Gremialismo. Pero la razón y sentido común parecen no ser abundantes en la derecha dura. Por ello, quizás consuelan un poco las revelaciones de la ex jefa comunicacional de la UDI, Lily Zuñiga (The Clinic, 2015), que despojan brutalmente al partido del aura de santidad  con que sus representantes pretenden ungirlo. Más bien, siguiendo a Zúñiga, la UDI es un micro-mundo clasista y machista que aún rinde un culto irreflexivo a sus padres fundadores, como Novoa y, más atrás, el propio Jaime Guzmán, convertido en mártir por la acción de los resabios del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, pero cuya valoración por la democracia era práctica nula y además sentía una gran admiración por el dictador español Francisco Franco. Un partido sin miedo al ridículo con tal de lograr más votos o consolidar cuotas de poder.

En la derecha no tan dura, varias ex autoridades del gobierno de Sebastián Piñera han sido investigadas por la justicia. Pablo Wagner, ex subsecretario de Minería, a principios del 2015 fue formalizado por la justica y pasó varios días en prisión preventiva, medida que luego fue rebajada al arresto domiciliario, luego de ser formalizado por lavado de activos, delitos tributarios y cohecho. Esto en el marco de la investigación del Caso Penta, que descubrió 14 pagos del grupo de inversiones a Wagner mientras era autoridad pública. Algo similar sucede respecto a la ex subsecretaria de Energía de Piñera, Jimena Bronfman, acusada a principios del año por falsificación de instrumento público tras la fallida licitación para la explotación del litio (La Tercera, 2015). Con todo, el ex Presidente se ha negado a hablar de la situación de sus ex colaboradores, menos de la emisión de facturas falsas por parte de empresas suyas a SQM. Por alguna extraña razón, parece creer que todo se olvidará y que será aclamado públicamente como adalid de la probidad y la eficiencia en un futuro intento de  volver al Ejecutivo.

En la coalición de centro-izquierda el descaro es bastante similar, aunque las consecuencias financieras menos escandalosas. La DC es el principal partido vinculado al escándalo de SQM, donde se investigan boletas falsas emitidas por hijos del presidente de partido, Jorge Pizarro, a la minera no metálica. Este mismo parlamentario, luego de un fuerte terremoto que golpeó la región de Coquimbo (su circunscripción) en septiembre, fue espectador en el Mundial de Rugby en Inglaterra, mientras muchos de sus electores se encontraban desaparecidos o damnificados, provocando la ira pública y contribuyendo al espiral de desaprobación de su partido.

El rol de la DC en el gobierno, por otra parte, ha estado lejos de la conformidad –o la lealtad, como se quiera ver–. Al enterarse que la Presidenta había realizado  un viaje sorpresa a la Araucanía sin poner al tanto a su Ministro del Interior y Seguridad Pública, Jorge Burgos, la DC ha salido públicamente a advertir al Ejecutivo que tal episodio “no se vuelva a repetir” y que haga “cambios en sus asesores”. Sin embargo, el actuar de Burgos y la DC ha tendido a distanciarse del interés del Ejecutivo. Un momento crucial fue la actitud favorable del primero a recibir una delegación de camioneros –el histórico gremio de choque de la derecha dura–, que amenazaba con paralizar Chile, diferenciándose de la opinión mayoritaria en el oficialismo. Últimamente, el ex presidente del partido y declarado precandidato presidencial demócrata cristiano, Ignacio Walker, se alió a la derecha respecto a la emblemática reforma educacional y su componente de gratuidad para los estudiantes, alineándose así con el ala más renuente del partido a la aplicación del programa que apoyaron en las elecciones de 2013 (Pulso, 2015). Entre estos y otros episodios que exhiben tensiones latentes, no sorprende la decisión de Bachelet de ignorar a su Ministro de Interior y, por derivación, a la Democracia Cristiana.

En la Nueva Mayoría, está casi de más decirlo, no se ha podido superar la desfachatez de principios de año de Sebastián Dávalos, quien hace poco declaró que el caso Caval –la especulación sobre terrenos de la empresa de su esposa– es una operación destinada a encubrir irregularidades en la pre-campaña presidencial de la Presidenta. Molesto por la cierta protección que ha tenido Rodrigo Peñailillo, está dispuesto a hacerlo caer, incluso si eso significa perjudicar a su propia madre (El Mostrador, 2015). No está de más recordar la propia caída de Peñailillo, cuando justificó boletas millonarias emitidas a una empresa vinculada al caso SQM con unas dudosas publicaciones, que luego se pudo observar contenían párrafos idénticos a documentos publicados en España.

En el ámbito de los negocios, en diciembre, 10 ejecutivos farmacéuticos de Salcobrand, Ahumada y Cruz Verde fueron absueltos de cargos por la Corte de Apelaciones por alterar fraudulentamente precios de medicamentos entre el 2007 y el 2010. Mientras, a una de las principales empresas del oligarca Eliodoro Matte, CMPC Tissue (una de las cinco filiales de CMPC), se le descubría una colusión de más de 10 años con SCA (ex PISA), para fijar cuotas de mercados y precios en productos derivados del papel. Gabriel Ruiz-Tagle, ex ministro de Piñera, se desempeñaba a la cabeza de PISA en ese periodo. Sí, uno de los empresarios más ricos de Chile ha estafado por años a todo el país con el papel higiénico.

La guinda del descaro, sin duda ha sido la pírrica victoria en el futbol en la Copa América. Esto especialmente al descubrirse que el presidente de la ANFP, Sergio Jadue, recibió sobornos por más de US$2.2 millones, cometió faltas contables en la administración de los pagos de la Copa América, ante el aparente desconocimiento de los principales dirigentes del fútbol. De más está recordar que Jadue partió a EE.UU. a declarar ante la investigación sobre la FIFA, cómodamente escoltado por la policía chilena y sin ninguna imputación por parte de algún tribunal chileno.

Y así, entre otros episodios no detallados, por espacio o para ahorrar náuseas y malos ratos, pasó el año en Chile. El año del descaro.



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