Domingo 20 de Agosto de 2017

El bus: fundamentalismo a la chilena

Por: Editorial - 29-07-2017

Las operaciones del llamado bus “de la libertad” o “del odio” ha generado la visibilización de movimientos integristas y reaccionarios que ven con creciente normalidad el discurso intolerante y violento. Y es que hay que comprender que toda reacción social tiene una causa política y, lamentablemente en Chile, la ultra-derecha ha permanecido silente, sólo hasta hace poco. Pastores Soto hay muchos: fanáticos, desinformados, ignorantes o brutos, como quiera se les llame, que no tendrían la visibilidad que tienen si no fuera por padrinos políticos (directos o indirectos) que se regocijan de la violencia con la cual se expresan y avanzan su agenda. Pastores Soto que no sólo están presentes en temas de diversidad sexual o de género, sino en otros temas sociales y económicos, donde su objetivo es mantener un statu quo excluyente y discriminador.

El infame bus buscó confundir, tal como lo hacen varios fundamentalistas de otros temas sociales, la libertad con el deseo de fijar una posición dogmática a toda la sociedad, una que es inequívoca, que se basa en un constructo “sagrado” pero tan falible a la discusión pública como cualquier otra opinión. Es justamente ese deseo de imposición e infalibilidad de la posición lo que hace a este tipo de movimientos como incompatibles con la vida democrática, una que de acuerdo al paso de años va actualizando las normas de convivencia social, mediante la discusión y la inclusión.

Entendiblemente, la cordura da paso fácilmente a la exasperación. Los ultras conservadores esta vez se ensañaron con niños que componen una minoría trans-género, niños que han sido objeto de serias evaluaciones y cuya condición es innegable. Una madre de niño trans en televisión se preguntaba “¿por qué tanto odio, si no le hacemos daño a nadie?”, ¿por qué un grupo de fundamentalistas estima como amenaza la noción de diferencia, tolerancia e inclusión?

La respuesta es similar a aquella que se da respecto al fundamentalismo islámico. Una amalgama entre vida privada y pública, basada solamente en lo que el grupo entiende como forma de vida, aquella desvirtuada del Corán, en el caso de radicales islámicos; y una desvirtuada de la Biblia, para el fundamentalista cristiano. Una noción eminentemente anti-democrática, una amenaza, de hecho, para una sociedad democrática liberal que progresivamente va ampliando los derechos a todos sus ciudadanos sin importar sus características o preferencias individuales. Unos ocupan medios violentos y mortíferos para combatir lo que estiman se desapega de su ultra-conservadurismo; otros ocupan discursos de odio y los puños para negar al otro.

El segundo round vino con la discusión de la despenalización del aborto, donde se explicitó, a fin de cuentas, el fanatismo observado en las calles sólo días antes, en el hemiciclo político. Chile en el mundo sólo es acompañado por cinco otros países que prohíben completamente el aborto y no es parte de una tradición. En 1931 Chile legalizó el aborto terapéutico de manera mucho más amplia que las restrictivas tres causales propuestas en el actual proyecto de ley, pero todo cambió en 1989, cuando la Dictadura realizó una serie de modificaciones legales para dejar trabadas varias instituciones conservadoras preferidas por sus colaboradores políticos, incluyendo la prohibición total del aborto.

El proyecto de ley busca despenalizar el aborto sólo en causas extremas: como peligro de muerte de la madre, inviabilidad fetal y violación. A pesar de los avances, en el Senado, gracias al partido ultra-conservador UDI (nacido a la sombra de la Dictadura) y un par de miembros del Partido Demócrata Cristiano, el proyecto no fue aprobado en la Cámara de Diputados, debiéndose formar una Comisión Mixta para seguir discutiéndose los puntos en desacuerdo. Y eso no es todo, el Tribunal Constitucional, que en términos sencillos es un tribunal político que en la práctica funciona como una tercera cámara legislativa, con eventual mayoría de derecha, podría declarar la iniciativa –o parte de ella– inconstitucional e impedir su promulgación, a pesar de la voluntad soberana para realizar las reformas en cuestión y la favorable posición en la opinión pública para las tres causales impulsadas por el gobierno, como se aprecia en los datos de la Encuesta Nacional de la Universidad Diego Portales del año 2014.

Fuente: Encuesta Nacional UDP 2014

Desde el sentido común, y estando en el mínimo de estándares internacionales, los ataques al proyecto no tuvieron otro contenido que mentiras, distorsiones de la realidad, faltas de respeto hacia la mujer –a quien muchos legisladores parecen seguir viendo como incapaces relativas sin las facultades para tomar sus propias decisiones– o referencias religiosas, particularmente desde la UDI. Desde que Gustavo Hasbún indicó que “es la antesala de la eugenesia, Y legalizar le eugenesia significa que se acabó la Teletón, se acabaron los niños con discapacidad”, pasando por Enrique Van Rysselbergue “hay quienes dicen, al igual que los nazis y comunistas, que la vida humana se puede limitar”, por Rojo Edwards afirmando que “los abortistas son sucesores de los esclavistas, comunistas y nazis” hasta Iván Moreira indicando que “el rechazo [del proyecto] es obra de Dios”. O incluso referencias a que el proyecto va contra derechos humanos (una falsedad) por parte de uno de los partidos más ultraconservadores de América Latina.

El problema, claramente, no es la religión, sino sus fundamentalistas. El sacerdote jesuita Felipe Berríos afirmaba hace poco que “yo soy un sacerdote católico y estoy en contra del aborto, creo que es un daño siempre. Pero lo que se va a legislar no es a favor del aborto. Es la despenalización del aborto y en eso no tenemos que engañar a la gente… Yo no juzgaría ni penalizaría en ningún caso a una mujer que decida eso”.

Tras el retorno a la democracia el fanatismo se ha opuesto a varios avances sociales sensatos y necesarios. En 1999, el gobierno de Eduardo Frei modificó la Ley de Filiación, eliminando la distinción odiosa entre “hijo legítimo”, nacido dentro del matrimonio, e “hijo natural” nacido fuera de este. En modo más sencillo, eliminando el concepto de bastardo. La UDI, naturalmente, respondió que esto “debilitaría el concepto de familia, el de matrimonio”.

En 2004, el expresidente Lagos promulgó la nueva Ley de Matrimonio Civil que incorporó la figura del divorcio vincular, votada en contra entonces por la UDI Marcela Cubillos y el RN Andrés Allamand, quienes posteriormente se divorciaron y volvieron a casar. En aquel entonces, el centro de pensamiento ultraconservador Libertad y Desarrollo indicó que “los efectos [del divorcio] recaen, principalmente, sobre los hijos de matrimonios separados y se relacionan con temas como la pobreza, drogadicción, criminalidad, inestabilidad emocional y tendencia en los jóvenes a no formar familias estables en el tiempo”. Entonces, también, el UDI Jorge Ulloa explicaba que “… si acaso creen que siempre la mayoría tiene la razón, entonces ¿cómo explican que Cristo haya sido crucificado por una mayoría?”. En pleno siglo XXI. Situaciones similares, que sería largas de enumerar, se han dado en cuanto debate “valórico” ha ocurrido en el Congreso, desde el rol de la mujer en la sociedad hasta la apertura hacia la diversidad sexual.

De lo anterior se desprende que detrás del infame bus hay claras fuentes políticas y es vitoreado por oscuros ultraconservadores que envían a tontos útiles a sembrar el caos y la intolerancia. A la llegada del bus a Valparaíso, José Antonio Kast, Enrique Van Rysselbergue y Felipe Ward acudieron a saludarlo. La vocera del “bus de la libertad” Marcela Aranda es asesora del RN Francisco Chahuán y de la UDI Ena von Baer, además fue empleada de la administración Piñera.

No es el bien privado que está en juego, y sobre lo que frases como “a mis niños los educo yo” apuntan, sino el bien público, el cual está afecto de vivencias y realidades diferentes. El fanatismo y dogmatismo no tienen lugar en una concepción democrática del quehacer público, por definición. El respeto a minorías y buscar actualizar concepciones para sociedades cambiantes son la fortaleza de la sociedad democrática. Los “estudios” presentados por la vocera del “bus de la libertad” han sido calificados por múltiples fuentes como falaces. Del mismo modo, otra fanática afirmaba que “en Canadá están aprobando la zoofilia y la pedofilia” (como consecuencia de la legalización del aborto). Mentiras y Fake News, la propia embajada de Canadá debió salir a desmentir tales delirios.

Del mismo modo, el dogma económico que profiere un grupo importante de conservadores, donde sólo los mecanismos del libre mercado deben primar en la vida económica, sin intervención o regulación más allá del respeto de contratos. Para ellos el pobre es anómalo y no se puede hacer nada al respecto, la educación es un bien de mercado y la herencia representa una legítima pirámide social. Tipos como Axel Kaiser y Henry Boys, quienes los financian y dan tribuna, representan justamente el lado económico del más puro darwinismo social. Una afrenta a lo que conocemos como derechos económicos y sociales, en fin, derechos humanos discutidos e implementados universalmente en la post Segunda Guerra mundial.

Recientemente el Diputado Melero (UDI), exclamaba que “los derechos sociales son ideología”, a modo despectivo.  En algún momento, los antecesores de tal discurso creían que el trabajador no tenía derechos más que aquellos que le permitiesen durar más en sus funciones, que las mujeres no debían votar pues su lugar eran los asuntos del hogar y que el trabajo infantil por extensas jornadas era natural. Hasta hace sólo cincuenta años los campesinos chilenos no vivían de manera muy distinta a los vasallos medievales en las haciendas del campo y los mismos que hoy se oponen a los más elementales pasos civilizatorios en aquel tiempo se oponían a la reforma agraria impulsada por el cardenal Raúl Silva Henríquez primero, y por el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva, después.

Son estas fanaticadas que finalmente actúan como comburente para la insatisfacción y la impotencia. Luego, fácilmente viene el juicio popular de que las instituciones amparan los abusos y no hay mucho que hacer al respecto. Y caemos en que el mercado es malo, es cruel y es incompatible con un orden justo. Si la respuesta sensata es la regulación, el fanático libremercadista ayuda, justamente, a que el radical de la otra vereda exclame nacionalización o expropiación. Cuando la élite es indolente a las necesidades de la mayoría el camino del populista está prácticamente libre. John F. Kennedy decía, con razón, que quienes dificultan la revolución pacífica hacen inevitable la revolución violenta.

Recordemos que la ventana de oportunidad de Bachelet para el conjunto de reformas implementadas fue justamente la amplia decepción con el gobierno de Piñera, los tintes autoritarios de algunos ministros y el visible integrismo de varios directivos. Evelyn Matthei tuvo el desempeño electoral más bajo de un candidato a la presidencia en la historia de la derecha después del retorno a la democracia. Mientras las reformas implementadas están lejos de ser optimas o irreversibles. En otras palabras, el péndulo oscila de acuerdo al grado de obstrucción que el político hace a las ambiciones sociales.

El Chile del siglo XXI no necesita de fundamentalistas con delirios de grandeza guiando a una descarriada e infantil sociedad. El sistema político necesita corregirse hacia el centro político, deslegitimando fanatismos y cultivando entendimientos que tengan como objetivo el bien común, la protección de minorías y la evolución de la ley al ritmo de la sensibilidad social. Algo crucial en aspectos de género y derechos LGTB, ciertamente; pero aún más relevante para comprometer reformas socio-económicas que sean perdurables en el tiempo, sin caer en el inmediatismo o la ciega obstrucción.

Para leer las barbaridades vociferadas en el debate de la ley de divorcio entrar en este link



Comentarios

comments powered by Disqus
Newsletter
Redes Sociales
Sitios Amigos