Domingo 25 de Febrero de 2018

El triunfo – ¿definitivo? – de los bandidos. El futuro de la izquierda en Chile

Por: Juan Pablo Orellana - 26-12-2017

Nos parece apropiado aquí comenzar recordando ese corajudo grito de Robespierre a la Convención el 9 de Termidor: “La República está perdida, porque triunfan los bandidos.” Lo ponemos en el centro de nuestra reflexión porque de alguna manera, nuestro joven siglo está marcado por la victoria indiscutida del capital-liberalismo y su forma política, la democracia parlamentaria. Tomamos el liberalismo en su concepción primitiva, tal como nos lo sugiere Alain Badiou: “esto significa fundamentalmente que la propiedad privada es la clave de la organización social, a costa de enormes desigualdades”. Este triunfo se ha convertido en dos cosas que nos parece pertinente destacar; por una parte, la caída o desaparición del bloque contra-hegemónico al capitalismo, lo que permite empujar hasta sus últimas consecuencias la idea de Herbert Marcuse respecto a la sociedad actual como una sin oposición y dos, el chantaje liberal al que la izquierda se ve sometida constantemente. Esto último, sin lugar dudas, es un lugar común para el liberalismo, en tanto está permanentemente señalando que cualquier intento de cambiar las condiciones sociales impuestas llevaría el ceño imborrable del Terror y del totalitarismo. Es decir, no le bastó al capitalismo con acabar con su antagonista, sino que había que borrar también sus posibilidad de existencia: son los llamados desesperados del famoso #Chilezuela.

Este último recurso, la apelación al Gulag o al holocausto, hoy en día con más liviandad, al ya mencionado Chilezuelanismo, es el trazado fronterizo del campo de lo posible en política. Quien siquiera ose traspasar ese límite impuesto, estaría jugando en un campo éticamente peligroso que pavimenta el camino de los totalitarismos.

Saint-Just preguntaba en 1793, bajo la revolución amenazada: “¿Qué quieren los que no que quieren ni la virtud ni el terror? Ellos quieren la corrupción”.  Y ahí está al desnudo el problema democrático contemporáneo: esa especie de vínculo irreductible entre el capital, digo, su situación concreta y el liberalismo, con su forma política predilecta, la democracia parlamentaria.

Ante esta miserable postración del espíritu, que nos obliga  a aceptar como hechos naturales la corrupción y el marco establecido, vamos a anteponer el gesto leninista que nos sugiere el mismo Alain Badiou (y aunque suene esquizofrénico para algunos, producto de lo que venimos señalando) debemos valorarlo más que nunca, hoy que caminamos a constituirnos en oposición.

Este gesto consiste en revitalizar una idea general, que entre sus principales características nos permita: “mantener la hipótesis histórica de un mundo libre de la ley del lucro y del interés privado”. Y reforzar la idea que nada nos obliga a mantener las cosas tal como están. Es refrescar la hipótesis comunista.

Por eso, “es preciso acabar con el terrorismo lingüístico que nos entrega a los enemigos”. Debemos poder decir nuevamente y sin sentirnos culpables de antemano, (esa es la invitación de Badiou por lo menos), «pueblo», «clase obrera», «fin de la propiedad privada», «lucha de clases», etc., y en lo que nos hayamos equivocado, rectificarlo, pero desde nuestra experiencia y perspectiva.

La conducta y actitud de la clase política, que se siente muy segura de su estatus y altura moral, que se da lujosos gustos y cenas rimbombantes con los mismos empresarios que los financian, que es capaz de enfrentar y cuestionar axiológicamente a la sociedad a pesar del evidente rechazo que muestra el conjunto para con ella, carga con una tesis en la espalda y que aunque no se haga explicita, se deja ver en estos detalles que acabamos de mencionar, esto lo podemos explicitar tal como lo hiciera Badiou y que compartimos íntegramente: “es una manera de decir que la izquierda ya no asusta a nadie: «Vivan los ricos, y al infierno con los pobres»”.

La invitación entonces es a no dar cosas por sentadas, es a decir que si tenemos algo que decir y que en definitiva, todos los caminos no conducen a Roma, porque algunos nos han mantenido extraviados por bastante tiempo y debemos volver a constituirnos en la negatividad de esta historia.

Notas al pie

  • [1] Le Bas, Philippe. Historia de la Francia. Trad. Una sociedad literaria. T.II. Imprenta Del Nacional. Barcelona. 1841., p. 269. 
  • [2] Badiou, Alain. Durante el horror de una profunda noche. Visitado el 9/12/2016.
  • [3] Badiou, Alain. A hipótese comunista. Boitempo, São Paulo. 2012., p. 25. (Traducción al español nuestra)
  • [4] Ibíd., p. 21.
  • [5] Ibíd., p. 21.
  • [6] Badiou, Alain. La hipótesis comunista. Extracto del texto modificado por el autor de De quoi Sarkozy est-ol le nom?, Circonstances 4, París, Nouvelles Éditions Lignes, 2007., p. 27.


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