Lunes 20 de Noviembre de 2017

En torno al poder (del) matar

Por: Paula Muñoz Hornig - 23-10-2017

Dominio y muerte. Fenómenos fundamentales de la existencia para Eugen Fink [1], fenómenos fundamentales de su existencia para Raskolnikov, protagonista del drama dostoyevskiano Crimen y castigo (1866).

—Entonces me convencí, Sonya -continuó, acalorándose cada vez más-, de que el poder no se le concede más que al que se inclina para tomarlo. Todo consiste en eso: basta, pues, atreverse. Desde el momento en que esa verdad se me presentó, clara como el sol, quise «atreverme», y asesiné…; únicamente quise ser audaz, Sonya, y ese fue el móvil de mi acción. [2]

En lo que sigue, apostamos a leer y pensar ciertos momentos de Crimen y castigo en clave críticamente finkeana. Ello implica explorar -en un mismo movimiento- cómo las tesis del filósofo alemán se manifiestan en el texto y cómo tal texto las vivifica.

Consideraciones iniciales

En Fenómenos fundamentales de la existencia humana (1979), Fink nos ofrece una meditación sobre la existencia y sus fenómenos desde la interpretación central del hombre -y por tanto de él mismo- como testigo del ser [3]. Acogiéndose a una perspectiva fenomenológica, describe el filósofo en su co-originariedad las nociones de muerte, trabajo, dominio, eros y juego, procurando siempre evitar los vicios de posturas psicologistas y cientificistas. Fink no se queda, eso sí, en la mera descripción, sino que apunta a una comprensión de la existencia que asuma su ineludible enigmaticidad.

Ahora bien, dado que los fenómenos fundamentales se encuentran ya encubiertos por lo dicho y hecho en la tradición, Fink ha de arrojarse a recuperar su significancia original y radical. Ello conlleva, entre otras cosas, sostener una mirada co-existencial, no reduciendo el fenómeno a una figura de mismidad.

En este contexto tienen lugar los postulados finkeanos sobre dominio y muerte. Nuestro afán de cavilarlos con la literatura se basa en el presupuesto hermenéutico de que ésta no es puro contar, sino lugar de verdad [4]. La ficcionalidad -que no estimamos negar- detenta poderío ontológico: lleva a patencia lo que es. Las palabras, pues, lo dicho y no dicho en ellas, configuran mundo.

Crimen y castigo, publicada hace ciento cincuenta años, resulta todavía hoy una obra que nos devela ejercicios existenciales capitales. Entre ellos, el poder matar y el poder del matar.

Poder matar. El crimen.

El dominio, señala Fink, “es fundamentalmente una relación de hombre a hombre” [5]. Ni los animales luchan, ni Dios lucha; éste porque no lo necesita, aquellos porque no lo pueden. Como luchadores, son los hombres constructores de la historia. De ahí que, junto al trabajo, el dominio se nos manifieste -según Fink- como fenómeno productor del contenido de la historia [6].

El dominio es una estructura de orden, de organización, de consolidación de relaciones de poder, fundada por hombres [7]. Tal estructura está presente, con las particularidades propias del caso, en Crimen y castigo; mas no como simple ambientación de los hechos, sino como condicionante práctica e, incluso, moral. En efecto, el sistema social y económico de la Rusia Imperial del siglo XIX afecta a Raskolnikov. Agobiado por la pobreza, el joven estudiante abandona sus cursos y constantemente se escabulle de la patrona a quien debe dinero. Vive, además, atormentado por las humillaciones que han de pasar su madre y hermana a fin de obtener rublos para él. Hablando para sus adentros, señala Raskolnikov:

Eso es el futuro; pero ¿y el presente? Se trata de hacer algo ahora mismo. ¿Comprendes? ¿Y qué es lo que haces de momento? Arruinarlas, obligar a la una a empeñar su pensión y pedirle a la otra un anticipo con cargo al señor Svidrigailov. Con el pretexto de que más adelante serás millonario pretendes disponer hoy de su suerte; pero ¿puedes subvenir actualmente a sus necesidades? ¡No podrás hacerlo hasta dentro de diez años! [8]

Así las cosas, Raskolnikov decide asesinar a una vieja usurera, Aliona Ivanovna, con quien ha tratado negocios anteriormente. Notemos que dentro de la estructura social es, precisamente, la vieja quien domina a Raskolnikov (y quien sabe que domina); básicamente, ella decide su suerte. Se desprende de tal vínculo un rasgo fundamental del dominio, apuntado por Fink; a saber: la gradación de poder [9]. Hay quienes dominan y quienes son dominados; hay quienes sufren y quienes hacen sufrir.

Vieja mezquina, necia y perversa no merece, pues, vivir. Ahora bien, aun cuando sea la usurera quien domina social y económicamente a Raskolnikov, es este último quien detenta el poder. ¿Por qué tal paradoja? Porque “el poder único y decisivo de un hombre sobre los congéneres es la amenaza de muerte. El poder surge en lo más profundo a partir de la disposición de matar” [10]. Manejar lo inmanejable, la muerte, es la posibilidad existencial de la que se apropia Raskolnikov. Ella implica no solo el acto mismo de asesinar, de provocar anticipadamente el fin de un congénere, sino que también su planificación. Al tanto de esto estaba Raskolnikov: debía adecuar su paletó para sostener el hacha, preparar el objeto con que distraería a la vieja, caminar los setecientos treinta pasos que lo separaban de su casa, matar y robar.

Las cosas no salen nada bien para Raskolnikov. Mata a la vieja, sí; mas, presa del pánico, liquida también a su hermana -quien llega al lugar por sorpresa- y lo que logra robar son solo migajas de escasísimo valor. Surge la pregunta: ¿es que realmente Raskolnikov mata por dinero? En los últimos capítulos de la obra el joven confiesa sus motivos, motivos que venían ya resonando implícitamente:

Si maté no fue por aliviar el infortunio de mi madre, ni para consagrar el bien de la humanidad el poder y la riqueza que, a mi entender, me ayudaría a conquistar aquel crimen […] El dinero no fue el principal móvil del asesinato para mí; fue otra razón la que me determinó a ello…Ahora lo veo…Compréndeme: si tuviera que repetir aquello es posible que no lo hiciera. Pero entonces tenía prisa por saber si yo era un gusano como los demás o un hombre, en la verdadera acepción de la palabra; si tenía o no en mi la energía para franquear el obstáculo, si era una cobarde criatura o si tenía «derecho». [11]

Raskolnikov no mata, por tanto, porque quiere o porque debe, sino porque puede. En lo que se nos presenta a todas luces como un crimen, se juega para él el ejercicio de un derecho: poder matar más allá del bien y del mal [12].

Poder del matar. El castigo.

La muerte es, para Fink, certeza inconmovible [13]. Como los demás fenómenos fundamentales, pertenece ella a la existencia. Ni los animales mueren, ni dios muere; éste porque es eterno, aquéllos porque no existen en la apertura a la transitoriedad. Si bien el hombre no puede vivenciar la muerte (por lo menos no la propia), se comporta continuamente con respecto a ella, tanto en la euforia como en la angustia. Resulta la muerte, pues, inesquivable.

La figura del difunto es, en perspectiva finkeana, clave. Posee el muerto un poder pocas veces sospechado [14]. Es claro que, en comparación con las potencias finitas, no puede él hacer nada, decir nada, reclamar nada. Mas tal debilidad es, verdaderamente, su fuerza; ella “no se determina primeramente a partir de lo que ha sido [el difunto], sino a partir de lo que él es ahora en tanto difunto” [15]. El difunto pone a los vivientes en una relación decisiva con el problema del ser, de la nada, de la des-individuación.

 ¿Qué poder ejerce el muerto para su matador? Volvamos a Crimen y castigo. Luego del asesinato, la confusión, el abatimiento y el terror invaden a Raskolnikov. Permanece durante varios días en un estado febril y de semiconciencia. La vieja usurera -ausencia por él provocada- no lo acosa tanto con sentimientos de culpabilidad o de arrepentimiento, como sí de fracaso. Dice Raskolnikov:

—¿Y cómo maté? ¿Acaso se asesina de esa manera? ¿Se procede así como yo lo hice cuando se va a matar a alguien? Ya te contaré algún día todos los detalles… ¿Acaso maté yo a la vieja…?¡No, me maté a mí mismo, y me perdí para siempre…! En cuanto a la vieja, no la maté yo, fue el diablo. [16]

La frustración de Raskolnikov viene dada por no haber logrado con el asesinato la transmutación moral que esperaba. Lejos de establecer un dominio, Raskolnikov queda azotado por lo que pudo haber sido y no fue. El poder que otrora diera el matar a sujetos como Napoleón, no adviene a él. El único poder del matar es, para el joven estudiante, su castigo.

Dominio y muerte. Asuntos en apariencia propios del trato de la filosofía, mas no pocas veces verdaderamente interpelados en la literatura. Dostoyevski los recoge y los atiza, y nos indica -fuera de todo logicismo- caminos que a la descripción y a la explicación simplemente se les escapan. Así pues, lo aquí escrito no ha sido sino un intento de pensar a Fink y a Dostoyevski en recíproca donación de sentido.

Notas

  1. Filósofo alemán, 1905-1975.
  2. Dostoyevski. F. (2013). Crimen y castigo, Ed. Edaf: España, p. 535.
  3. Holzapfel, C. (2014). Ser-humano. (Cartografía antropológica). Disponible en: http://www.facso.uchile.cl/publicaciones/moebio/libros/holzapfel_ser_humano.pdf
  4. Cf. Heidegger, M. (2001). Arte y poesía, Ed. FCE: México.
  5. Fink, E. (2011). Fenómenos fundamentales de la existencia humana. Revista Observaciones Filosóficas: Chile, p. 192.
  6. Fink, E. Fenómenos fundamentales de la existencia humana.
  7. Ibíd.
  8. Dostoyevski, F. Crimen y castigo, p. 79.
  9. Op. cit.
  10. Fink, E. Fenómenos fundamentales de la existencia humana, p. 195-196.
  11. Dostoyevski, F. Crimen y castigo, p. 536.
  12. Sería interesante a este respecto un estudio riguroso y comparativo entre la necesidad teorética de ir más allá del bien y del mal en Fink, y la necesidad práctica de ir más allá del bien y del mal en Raskolnikov.
  13. Fink, E. Fenómenos fundamentales de la existencia humana.
  14. Ibíd.
  15. Ibíd., p. 114.
  16. Dostoyevski, F. Crimen y castigo, p. 537.

Bibliografía



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