Domingo 24 de Septiembre de 2017

Elecciones en República Dominicana: politización y reordenamiento partidario

Por: Pablo A. Valenzuela - 13-04-2016

El próximo 15 de mayo República Dominicana celebrará elecciones presidenciales, legislativas y municipales. La configuración del actual escenario partidario dista de aquella que se dio a inicios del proceso reciente de democratización del país a fines de los 70, cuando tres partidos políticos relevantes, el PLD, PRD y PRSC, competían por las preferencias de los electores y por abrirse espacio en la incipiente democracia. Pocos años antes el país  había sido invadido por los Estados Unidos y la larga dictadura de Rafael Leonidas Trujillo había terminado con el asesinato del tirano.

En poco más de un mes el PRD y el PLD van juntos apoyando en la misma fórmula presidencial, lo cual significa un reordenamiento partidario importante en comparación a las anteriores elecciones. Esto ha generado un clima de menor competencia por la presidencia de la República, mayor certidumbre sobre el ganador y, al mismo tiempo, abre las interrogantes sobre las deudas sociales de la segunda economía más grande del Caribe y los mecanismos para enfrentarlas.

La reciente democratización de la República Dominicana

República Dominicana fue uno de los primeros países latinoamericanos en iniciar el camino de la tercera ola de democratización en 1978. Ese año, el gobernante en ejercicio Joaquín Balaguer intentó desconocer los resultados electorales de las elecciones presidenciales, ocupando militarmente las instalaciones de la Junta Central Electoral donde se realizaba el conteo de votos. El proceso fue interrumpido y el país se sumió en una grave crisis política que amenazaba con terminar en un golpe de Estado.

Los Estados Unidos, en ese entonces presididos por Jimmy Carter, habían empezado a impulsar una nueva agenda de Derechos Humanos hacia los países de América Latina, lo cual ya había puesto en aprietos a varias de las dictaduras militares del Cono Sur. Fue desde la Casa Blanca que se inició una fuerte presión hacia el gobierno dominicano para detener el intento de fraude electoral y respetar la voluntad popular, que le estaba dando el triunfo al candidato opositor del Partido de la Revolución Dominicana (PRD), Antonio Guzmán Fernández. A fines de mayo de 1978 La Junta Central Electoral dio a conocer los resultados de las elecciones que confirmaron como ganador a Guzmán Fernández.

Pero en julio de 1970 la Junta Electoral acogió impugnaciones del Partido Reformista –encabezado por Balaguer – contra los resultados electorales de cuatro provincias del país: Bahoruco, El Seibo, La Altagracia y María Trinidad Sánchez. El resultado de esta decisión, conocido en la historia dominicana como “fallo histórico”, otorgó al partido oficialista de Balaguer cuatro senadores y un diputado. Esta decisión cambió el equilibrio del Senado y, a pesar de haber aceptado la derrota en las elecciones presidenciales, el Partido Reformista y Joaquín Balaguer lograron tomar control del Senado, con las amplias facultades que la Constitución del país entregaba a este órgano.

Este escenario  fue resultado de una serie de negociaciones entre el saliente Joaquín Balaguer, que aspiraba a mantener espacios relevantes de poder al interior del Estado dominicano, y el triunfante Antonio Guzmán Fernández. Mediaron en este acuerdo los gobiernos de los Estados Unidos y Venezuela. De esta forma se inició un nuevo ciclo democrático en el que el Partido Reformista mantuvo el control del poder judicial y legislativo y el Partido de la Revolución Dominicana ocupó el poder ejecutivo. El reparto de poder impidió que se investigasen crímenes y actos de corrupción cometidos durante los 12 años de gobierno balaguerista.

El reordenamiento político del actual momento electoral

Desde el inicio de la democratización en 1978 y con la excepción de la década comprendida entre 1986 y 1996 – presidida nuevamente por el Partido Reformista y Joaquín Balaguer – los dos partidos principales de la República Dominicana han sido el Partido de la Revolución Dominicana (PRD) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), ambos fundados por el intelectual dominicano de mayor renombre internacional: Juan Bosch. El PRD en 1939, como instrumento político de oposición al régimen de Rafael Leonidas Trujillo, y el segundo en 1973 como una división del PRD.

Hasta las pasadas elecciones de 2012, el PRD y el PLD – partidos surgidos del mismo tronco – habían competido en las elecciones y se habían alternado en el poder. Excluyendo la segunda presidencia de Balaguer (1986-1996), desde 1978 tres presidentes han sido del PLD y cuatro del PRD. Sin embargo, en la contienda electoral que se definirá el próximo 15 de mayo ambos partidos históricos de la democracia dominicana van en coalición y llevan como candidato al actual presidente Danilo Medina. Quienes se negaron a apoyar al candidato del PLD formaron un nuevo partido, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y levantaron la candidatura de Luis Abinader.

La presidencia de Danilo Medina fue parte de una estrategia del ex presidente Leonel Fernández, de quien Medina fue funcionario. La Constitución de República Dominicana permitió entre 2002 y hasta 2010 la reelección presidencial por un periodo inmediato. De este modo, fueron reelectos en 2004 y en 2008 los presidente Hipólito Mejía (PRD) y Leonel Fernández (PLD). Imposibilitado por la Constitución de postular a un tercer periodo, Fernández realizó una reforma constitucional para impedir la reelección inmediata, con el propósito de volver a la presidencia en 2016. Esta agenda oculta quedó a resguardo cuando Fernández impuso como vicepresidenta de Medina para el periodo 2012-2016 a su esposa, Margarita Cedeño.

Sin embargo, el candidato ganador en las primarias del PLD de 2011, Danilo Medina, tenía su propia agenda política y en 2015 volvió a reformar la Constitución para permitir su propia reelección, por sólo un periodo inmediato. Esta acción le valió a Medina la enemistad de Fernández, quien en las últimas semanas se ha sumado a la campaña reeleccionista del PLD.

Danilo Medina no posee no posee una retórica brillante. Por el contrario, su lenguaje es más bien pedestre y sencillo. Muy probablemente, esta aparente debilidad se ha convertido en un gran activo durante su campaña, pues le ha permitido mostrarse como un político de origen humilde, cercano al pueblo — reflejado en su slogan de campaña “Danilo Presidente, siempre con la gente –. Sus spots televisivos lo muestran en reuniones con habitantes de distintos pueblos y provincias de la República Dominicana y toda su campaña se ha estructurado sobre la base de la cercanía entre las personas y el presidente. Su campaña se ha valido también de los altos niveles de popularidad de Medina. La encuesta Latinobarómetro de 2015 lo situó como el presidente más popular de América Latina, con un 82% de aprobación, una cifra anormal en un momento en que presidentes otrora populares, como Lula Da Silva, Dilma Rousseff o Michelle Bachelet, han visto desplomarse sus índices de aprobación.

Las encuestas recientes de la firma CID Latinoamérica — filial dominicana de CID Gallup Latinoamérica — muestran que Danilo Medina se impondrá en las elecciones del 15 de mayo con un 62,5% de las preferencias, frente a un 30,1% que recibiría el candidato Luis Abinader (Diario Hoy, 17 de marzo 2016). Así las cosas, las elecciones no sólo han unificado bajo una sola fórmula presidencial a los dos partidos históricos de la República Dominicana – la segunda economía del Caribe después de Cuba –, sino que han llevado la incertidumbre electoral a niveles históricamente bajos. Salvo algún hecho imponderable y de gran alcance político en el próximo mes, el Presidente de la República Dominicana seguirá siendo Danilo Medina.

Dominicana, entre la politización y la pobreza

La República Dominicana es un país particularmente politizado en el contexto latinoamericano. Los partidos tienen una importan raigambre en la sociedad, lo que se aprecia en las campañas callejeras. Sólo como contraposición, a diferencia de lo que ocurre en Chile en cada campaña, los partidos dominicanos no ocultan sus logos ni sus colores. Los candidatos al Congreso, a las alcaldías y a la presidencia relevan en sus afiches de campaña la identificación partidaria. Los discursos de los candidatos también enfatizan la militancia de cada uno de ellos.

De acuerdo a Latinobarómetro 2015, un 63% de los dominicanos votaría por algún partido si las elecciones fuesen este domingo. Esta cifra es superada en la región únicamente por Uruguay, donde alcanza un 76,1%. En ese mismo sentido, en República Dominicana un 54,9% de los ciudadanos dice sentirse cercano a algún partido político, ubicándose en tercer lugar por detrás de Uruguay y Honduras, y por sobre países con amplia tradición partidaria, como Chile y Costa Rica.

Fuente: Latinobarómetro2015

Asimismo, República Dominicana se encuentra en la parte superior de la distribución en cuanto al comportamiento político de sus ciudadanos. El 28,8% de los dominicanos dice “hablar de política con los amigos” de manera frecuente o muy frecuente, siendo esta la cifra más baja comparativamente hablando. Un 16,8% dice que frecuente o muy frecuente “trabaja por un partido político”; y un 25% dice que “intentar convencer a alguien de lo que piensa políticamente”. Estas dos últimas ubican a República Dominicana como el país más politizado de la región.

Fuente: Latinobarómetro 2015.

Estos índices de alta politización van acompañados con negativos indicadores sociales. Hay que destacar en esto los altos índices de inequidad entre los dominicanos. De acuerdo a los datos de la oficina del PNUD de República Dominicana, el índice de desarrollo humano de 0,701 (entre 0 y 1) pierde un 23,6% de su valor cuando se ajusta por inequidad de ingresos y un 44% cuando se ajusta por inequidad de género (PNUD, 2015). Siguiendo a Latinobarómetro, un 43,8% de los dominicanos dice que en los últimos 12 meses no ha tenido suficiente comida para alimentarse “algunas veces” o “seguido”, siendo la cifra más alta de la región. Adicionalmente, un 52,3% dice que su ingreso mensual no les alcanza.

Fuente: Latinobarómetro 2015

En consecuencia, República Dominicana parece ser un país con un desarrollo político considerable en el panorama latinoamericano, cuyos partidos parecen estar electoralmente consolidados y tener una considerable raigambre social. La configuración del sistema de partidos parece la de un país con una larga tradición política y electoral. Empero, la República Dominicana ha tenido en los años recientes varias reformas constitucionales; la democratización, al fin y al cabo, se inició hace menos de 40 años. Las debilidades políticas quedan en evidencia cuando se analiza la institucionalidad partidaria, muy influenciada aún por liderazgos personalistas que no ocultan sus aspiraciones por permanecer en el poder más allá del tiempo permitido por la Constitución. Balaguer, Mejía, Fernández y Medina son nombres que se repiten seguido en las elecciones presidenciales de los últimos 30 años.

Existen también grandes carencias sociales, propias de un país con desarrollo político reciente y accidentado, con una industria débil y una gran dependencia de la agricultura y las remesas desde la diáspora que vive principalmente en los Estados Unidos. Pero, a pesar de todas estas debilidades, el país muestra un proceso de democratización vigoroso y una discusión política fuerte. Sin dudas que la clave del futuro en la República Dominicana estará en usar las herramientas de la política en favor de los ciudadanos, reduciendo los altos niveles de corrupción y la inseguridad que atemoriza a los dominicanos. Los datos parecen indicar que el rol de Danilo Medina en la solución de estos problemas ha sido valorado en los últimos años y  lo más probable es que en las elecciones del 15 de mayo reciba un nuevo mandato.



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