Lunes 20 de Noviembre de 2017

Entendiendo la expansión de ISIS

Por: Gabriel Henríquez - 17-12-2015

Explicar al Estado Islámico (ISIS, Islamic State of Iraq and Syria) obliga a una tarea compleja que abarca una suma de factores ideológicos, materiales y geopolíticos. En los dos artículos dedicados al tema, de los cuales este es el primero, partiremos por explicar el impacto de de ISIS hoy, resaltando el impacto de los atentados en Paris, el reclutamiento en ISIS y la imposibilidad de considerar sólo variables militares para su reducción o aniquilación.

 

Si bien esta columna versa sobre aspectos descriptivos de ISIS, expondremos enseguida, y muy brevemente, aspectos geopolíticos para que el lector los tenga en consideración cuando el  artículo hable exclusivamente de ISIS, facilitando así las reflexiones propias y comprensión de la complejidad del “conflicto”. Mientras que en la segunda parte, por publicar, se tratará solo el aspecto geopolítico que rodea la guerra contra ISIS.

 

Por más de 10 años, el crecimiento de ISIS y otros grupos jihadistas en Siria e Iraq ha sido propiciado por intereses contradictorios de los países protagonistas e intervinientes, tanto en la guerra de Iraq como en Siria. El conflicto está lejos de ser una guerra entre civilizaciones o religiones, aunque esa es la interpretación que ha querido promocionar la ultra-derecha europea. Sin embargo, una buena caracterización del componente religioso del conflicto es que existe una guerra intra-civilizaciones, como reflexiona Slavoj Zizek (New Statesman, 12/2015). Una guerra donde, por un lado, las incursiones aéreas de Estados Unidos y la coalición se enfrentan geopolíticamente con Rusia – en una suerte de disputa por mundo cristiano. Mientras por otro lado, en su dimensión musulmana, los países sunitas del Golfo se enfrentan a países de orientación shiita, principalmente Irán, algo que sucede tanto en Siria como en Yemen.

 

Sabemos que EE.UU. y buena parte de Europa Occidental se declaran aliados de Arabia Saudita y Qatar, pero que a la vez la casa de Said comulga una interpretación radical del islam parecida a ISIS, el wahabismo. A ello se suma su rivalidad estratégica con Assad y el régimen iraní. Rusia apoya al régimen de Assad, mientras para Irán sería un retroceso en sus intereses la caída de Assad, ante la inminente instauración de un gobierno sunita influenciado por los saudíes.

 

Así, la lucha contra ISIS no podrá tener una estrategia clara hasta que las contradicciones en esta maraña de alianzas se solucionen. Algo que lentamente sucede en países europeos por la discusión respecto a al rol de Arabia Saudita y la excesiva benevolencia en el trato diplomático y comercial.

 

El contexto del ataque en Paris

 

Respecto a ISIS, el año pasado en esta misma publicación se señaló que se había transformado en un enemigo más letal y amenazante que lo fueron los talibanes o Al-Qaeda en Afganistán e Iraq. Esto fue posibilitado por el vacío de poder dejado en Iraq al destruir el esquema de poder que sostenía Saddam Hussein que, junto con el rechazo de los locales a una nueva intervención en el Medio Oriente, había sembrado las semillas necesarias para que se desarrollase un islam más organizado y resiliente – a estas alturas, conviene no olvidar que las milicias islámicas llevan cerca de 15 años de experiencia en combate. Entre estos grupos, ISIS es la agrupación principal, entre otras varias asociaciones islamistas que compiten entre ellas en Siria e Iraq. Mientras ,nuevos frentes de penetración de ISIS se abren en el Norte de Africa, particularmente en Libia, estado cuasi-fallido luego de la caída de Muammar Gaddafi.

 

La desestabilización de Medio Oriente provocada por EE.UU. y sus aliados es un asunto que tiene bastante clara la administración de Obama, evitando a todo momento ampliar las operaciones militares a tierra. El ex jefe de las Fuerzas Especiales en Iraq desde el 2004 al 2007, admite que sin la caída de Bagdad no habría ISIS, y que la estrategia norteamericana no fue inteligente, obsesionada por buscar lugares donde combatir el terrorismo y no investigar sus causas (Der Spiegel, 11/2015).

 

Si el ataque de Charlie Hebdo fue esquematizado como venganza contra la satirización del profeta Mahoma, el ataque a Bataclan y al Stade de France, son identificados con el objetivo de ISIS de llevar la guerra en Siria a los países que conforman la coalición. Otras aristas de la estrategia es realizar ataques en países donde la relación entre musulmanes (y con otras religiones) sea contraria a la propaganda jihadista (no conflictiva), como fue el caso del Líbano y Túnez.

 

Los atentados en París provocaron que la coalición occidental se pusiera en pie de guerra e incrementase la intensidad de sus ataques aéreos. Al tiempo que Rusia también se unía a la campaña contra ISIS luego del derribamiento de un avión en ruta desde El Cairo a Moscú. En Francia, el ataque provocó que Francois Hollande – un Presidente catalogado como blando y sumido en un abismo de desaprobación – pasara a transformarse en un jefe de guerra (The Guardian 11/2015), prometiendo “erradicación del terrorismo”. Un objetivo que, sin embargo, está lejos de lograr Francia por sí misma, incluso con el apoyo que hoy cuenta de Estados Unidos y otros países.

 

Por qué ISIS ha penetrado en Occidente

 

Para comprender a ISIS y su expansión en Occidente hay que dejar de lado las denominaciones de “terrorismo” o “extremismo violento”, que son categorías inexactas para la amplitud de la organización y sus objetivos. Lo que para muchos son actos de violencia sin sentido, para los seguidores de ISIS son parte de una campaña de purificación a través de muertes sacrificiales y auto-inmolación. El objetivo, según Abu Bakr al-Baghdadi, el jefe del auto-denominado califato de ISIS, es iniciar  el “volcán del jihad” o la creación de archipiélagos territoriales que destruirían el mundo presente para crear un nuevo mundo de justicia bajo la bandera del profeta. Las matanzas, cuya exhibición ha sido parte importante de la propaganda, sirve para persuadir a seguidores del fin absoluto y sagrado – y espantar a enemigos (New York Review of Books, 11/2015).

 

Un objetivo relevante para ISIS ha sido la atracción de juventudes desafectadas en Occidente, cuya rebeldía contra la autoridad, premura por el auto-sacrificio y fuerza e idealismo pueden ser recogidos por esta ideología radical. Algo que ha sido particularmente exitoso en Francia, desde donde provienen la mayoría de los cuadros extranjeros de ISIS, y cuyo pasado colonial pesa en el colectivo mental de los inmigrantes de aquellas excolonias. Más aun, a pesar de que en Francia cerca de un 8% es musulmán, la población carcelaria es en 70% de aquella religión, una situación que ha posibilitado la radicalización de muchos jóvenes tanto en las cárceles como fuera de ellas (New York Review of Books, 11/2015).

 

Sorprendentemente, un 90% de los radicales islámicos franceses tienen abuelos franceses, mientras un 80% proviene de familias no religiosas. Existe claramente un problema de identidad donde los jóvenes no se identifican con el país de sus padres ni en el cual viven, cayendo presa, fácilmente, del discurso liberador y fuertemente comunitario de ISIS. Convenciéndose, finalmente, de sacrificarse por un mundo que no vivirán.

 

Es una forma moderna y letal de rebeldía. Sin embargo, tampoco se sienten devotos musulmanes, sino que “guerreros sagrados”. El MI5 en 2008 indicaba que “lejos de ser fanáticos religiosos, un gran numero de los involucrados en terrorismo no practica su fe regularmente. Muchos carecen de lecturas religiosas y podrían… ser vistos como novatos religiosos” (New Statesman, 11/2015).

 

La religión, juega un rol secundario en ISIS, más bien es una excusa. De hecho, juega a favor de ISIS el anti-islamismo y otorgarle un carácter religioso al movimiento, pues hace fácil la tarea de congregar al mundo islámico contra Occidente. ISIS es tanto un producto de represión política, crimen organizado, como un matrimonio por conveniencia de resentidos y seculares Baatistas (el grupo que apoyaba a Hussein in Iraq) con la perversión de los valores y creencias islámicas, propugnados por al-Baghdadi. La religión al servicio de la política, de modo que el Estado Islámico es tan “islámico” como la República Popular Democrática de Corea del Norte es “democrática”. (New Statesman, 03/2015)

 

Así, el atractivo de ISIS está lejos de ser solucionable sólo mediante integración económica o de empleo. Hace sentido que personas que estén dispuestas a sacrificar sus vidas les importe bastante poco los incentivos materiales que se ofrezcan para des-ideologizarlos. Mientras tanto, ISIS se empeña en horas de adoctrinamiento mediante redes de amigos, en conocer las frustraciones de los jóvenes y enmarcarlas en el tema universal de la persecución a los musulmanes, traduciendo así la rabia y descontento en una nueva moral (New York Review of Books, 11/2015); aspectos que contribuyen a la complejización de la lucha contra el jihadismo.

 

La “organización” ha escalado al estatus de “Estado de facto”, organizado para proveer servicios tales como salud, educación, comercio, comunicaciones y trabajos para apoyar el objetivo de construir el califato declarado por al-Baghdadi en Junio del 2014. En este sentido ISIS es mucho más que unos cuantos miles de jihadistas.

 

Estado-teocrático militarista sería una buena definición para la situación actual de ISIS. De hecho, ya está entrenando futuros jihadistas desde niños, nacidos dentro del proto-estado. Mientras que para los jihadistas llegados desde afuera emplea mecanismos para culturizar elementos extranjeros con nativos a modo de poder crear un sistema social auto-suficiente.

 

Los principios de administración de ISIS son perfectamente racionales y eficientes. Comenzando por el adoctrinamiento, o educación, la construcción de mecanismos de gobernanza local, uso de tecnologías para expandir propaganda y un sistema flexible para aprender de sus errores. ISIS se ha constituido como una organización compleja cuyos dirigentes, si bien pueden ser entendidos como lunáticos religiosos, son altamente competentes en la cruda tarea de la administración del poder.

 

ISIS, en su constitución como Estado, busca mostrarse como único representante real de los musulmanes sunitas en la región, en una suerte de establecimiento de una nueva tierra prometida. Ello implica que cualquier estrategia para erradicar a ISIS pasa por el compromiso de países sunitas del Golfo (The Guardian, 12/2015).

 

 

ISIS como unos radicales más

 

ISIS no es la única agrupación radical presente en Siria e Iraq, aunque sí la más exitosa y visiblemente letal. Varias de estas agrupaciones compiten entre sí y tienen diversas estrategias de expansión en la región. Del mismo modo, debido a que la guerra civil enfrenta al gobierno de Assad contra muchos grupos rebeldes, la distinción de estos últimos tiende a ser opaca cuando se trata de jihadistas y no-jihadistas.

 

Por ejemplo, Jabhat-al-Nusra, el brazo sirio de Al-Qaeda que opera principalmente en Iraq, ha diferido de ISIS en el sentido de que este último ha sido frontal con sus pretensiones territoriales e ideológicas en Siria, conquistando y dominando territorios de manera agresiva y generando apatía en buena parte de la población siria. Al-Nusra, por el contrario, ha sido menos directo y, luego de iniciarse la guerra civil en Siria, comenzó a reclutar milicias sin reconocer su afiliación a al-Qaeda, escondiendo sus pretensiones ideológicas a largo plazo (Institute for the Study of War, 12/2015). Buscaba, de este modo, ser reconocida como fuerza de oposición nacionalista en Siria, hecho que fue consolidado en 2012, cuando los Estados Unidos la designaron una organización terrorista, mientras 29 agrupaciones de oposición moderada sirias protestaron tal calificación y anunciaron su apoyo al tentáculo de al-Qaeda.

 

La distinción entre combatientes radicales y no radicales, suponiendo que todos desean la caída de Assad, es difícil de trazar. Algo que dificulta la intervención contra milicianos radicales, y razón por la cual predominantemente se habla de ISIS pues es identificable más fácilmente.

 

Follow the money

 

Probablemente la mayor dificultad para combatir a ISIS, como sucede en todo conflicto, es el financiamiento de la organización. Y es que si en algún momento dependió de contribuciones de petro-millonarios sunitas – y aparentemente gobiernos de aquella orientación – hoy por la extensión del dominio territorial se sabe que la agrupación se financia autónomamente, principalmente mediante la venta de petróleo que controla entre Siria e Iraq. (Financial Times, 12/2015)

 

 

Muestra de lo anterior es el reporte de colas de 6km de camiones esperando abastecerse en el yacimiento de al-Omar, el más grande en dominio de ISIS, en una larga espera para reabastecer de combustible y distribuir a refinerías locales o vender a comerciantes intermedios que hacen transportes locales.

 

El por qué no se elimina tal infraestructura, perfectamente identificada, es una pregunta intentaré responder parcialmente en los siguientes párrafos.

 

Comerciantes locales e ingenieros estiman que la producción de crudo en los territorios dominados por ISIS es de 34,000 a 40,000 bpd, el cual se vende entre US$20 y US$45 el barril, otorgando ingresos de cerca de US$1.5 milllones por día. Esto en el contexto de una compañía petrolera de-facto en la que se ha transformado ISIS, para cuyas actividades recluta desde ingenieros a gerentes para manejar la cadena de producción desde yacimientos a refinerías y luego a logística.

 

La gasolina – o más bien el petróleo diésel – es un bien extremadamente necesario para la población de 10 millones cautiva en los territorios de ISIS, agregando una dificultad adicional al intentar cortar la producción del Estado. Sin contar, por supuesto, estados vecinos que se han beneficiado por el tráfico de petróleo, como varias fuentes sugieren ha sucedido con la familia Erdogan en Turquía (The Atlantic, 11/2015)

 

Es un modelo de negocios más serio y complejo que el de al-Qaeda, que dependía de donaciones de millonarios en el extranjero, particularmente desde las monarquías sunitas del Golfo. Así, ISIS, luego de un comienzo similar, se ha fortalecido financieramente, monopolizando la producción de un producto esencial en el territorio capturado y mediante exportaciones informales.

 

El petróleo también es consumido por áreas dominadas por rebeldes no jihadistas, que cuentan con nulo acceso al preciado commodity, clave para llevar a cabo operaciones militares y la administración territorial, complejizando aún más la red de intereses respecto al financiamiento de ISIS.

 

Un problema a corto plazo para ISIS es que no tiene suficiente capital y ni tecnología para mejorar los yacimientos petroleros. Capital, por ejemplo, con el que sí cuentan algunos países petroleros y multinacionales petroleras. La producción, por tanto, debería disminuir, acelerada por un precio del petróleo que continúa cayendo. (Financial Times, 12/2015). 

 

Una pregunta razonable es cómo podría suministrarse petróleo a rebeldes no-jihadistas y organizar una red de suministro para inyectar a los territorios que vaya perdiendo ISIS, en la medida en que las fuerzas militares en terreno les vayan quitando terreno y, eventualmente, dominen yacimientos petroleros no destruidos.

 

Pero, ¿Cómo dividir responsabilidades en múltiples milicias? ¿Qué autoridad tendrían las tropas leales a Assad? ¿quienes finalmente están combatiendo con ISIS? ¿Qué esperan los países externos que intervienen en el conflicto? ¿Por qué la guerra en Siria puede resumirse en un conflicto indirecto entre Irán y Arabia Saudita? ¿Por qué Turquía no está interesado en eliminar a ISIS?

 

Esos son aspectos que analizaremos desde una perspectiva más amplia, o geopolítica, en la parte dos de esta columna.



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