Domingo 22 de Octubre de 2017

La oposición en la Asamblea Nacional de Venezuela

Por: Pablo A. Valenzuela - 05-01-2016

El 6 de diciembre se realizaron en Venezuela elecciones para renovar la Asamblea Nacional, el parlamento unicameral conformado por 167 miembros en los que el oficialismo ha tenido siempre la mayoría suficiente para gobernar sin trabas ni negociación política – incluso cuando el resultado del referéndum del 2007 le fue adverso –. Años después de esa derrota, prácticamente todas las reformas rechazadas a través del voto popular fueron implementadas a través de leyes habilitantes por el gobierno.

El resultado de las elecciones del 6 de diciembre revirtió por primera vez esta situación, entregando a la oposición política al gobierno de Nicolás Maduro – agrupada en la Mesa de Unidad Democrática – una mayoría calificada de 112 diputados, equivalente a dos tercios de los diputados. Esto significa que la oposición al PSUV podría controlar una serie de dispositivos legislativos para limitar e incluso poner fin al gobierno de Nicolás Maduro.

Como consecuencia de la nueva configuración política que se instala en Venezuela, se han producido en las últimas semanas una serie de tensiones entre el poder ejecutivo y la Mesa de Unidad Democrática, que han puesto dudas sobre si la oposición podrá efectivamente asumir el poder legislativo. Contrario a lo que pensaban los observadores más críticos del chavismo, Nicolás Maduro reconoció rápidamente en la noche de la elección la derrota del oficialismo, aunque progresivamente, a medida que pasaban los días y se concretaban las más optimistas proyecciones de la MUD – los 112 diputados –, el discurso y las acciones del gobierno se fueron endureciendo.

Entre las reacciones del gobierno venezolano a la nueva configuración política ha estado la implementación acelerada del parlamento comunal: una estructura político-legislativa paralela al Estado mediante la cual el PSUV busca seguir legislando al margen de la Asamblea Nacional de mayoría opositora. Adicionalmente, el gobierno presentó ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) una impugnación a la elección de 8 de los diputados opositores. El recurso, como es natural en un país donde la división de poderes es ficticia, fue acogido a trámite por la Sala Electoral del máximo tribunal venezolano (El Tiempo, 29/12/2015) y amenaza la mayoría calificada.

Adicionalmente, el gobierno ha acusado a la oposición de actuar de forma contrarrevolucionaria, agudizando los enormes problemas económicos y sociales por los que atraviesa Venezuela con el objetivo de desestabilizar el gobierno. Las analogías con la situación chilena durante el gobierno de Salvador Allende no han sido escasas e incluso se ha llegado al absurdo de decir que hay que proteger al pueblo de las acciones que pueda emprender la mayoría opositora elegida por el propio pueblo (VTV, 30/12/2015).

La Mesa de Unidad Democrática y su travesía por el desierto

La oposición venezolana al chavismo agrupa a una serie de partidos de muy distinto signo político. Su único punto de acuerdo es probablemente la oposición al régimen, estando en desacuerdo en las formas, la velocidad y la profundidad de las reformas necesarias para solucionar los problemas económicos que hoy sufre Venezuela. Tampoco tienen un líder claro que actúe como mediador entre quienes forman parte de esta amplia coalición. El ex candidato a la presidencia y actual gobernador del Estado de Miranda, Henrique Capriles, representa la cara más moderada de la oposición – más blanda, diría Przeworski – mientras que María Corina Machado y el detenido Leopoldo López adscriben a la vertiente más dura. Éstos últimos no dudan en calificar como dictadura al régimen de Maduro y apuestan por una salida institucional que ponga término anticipado al mandato del PSUV.

La consolidación de una propuesta opositora unificada en Venezuela no ha sido una tarea sencilla. De la MUD forman parte los retazos del sistema de partidos puntofijista que se derrumbó entre 1983 y 1998: Alianza Democrática (AD) y COPEI, además de muchos otros partidos que ganaron notoriedad entre principios de los 90 y fines de la primera década de los 2000. Entre los “nuevos partidos” hay descolgados y disidentes del puntofijismo que quisieron plantearse como alternativa a la crisis del sistema después del Caracazo de febrero de 1989, tales como Convergencia – fundado por el ex presidente Rafael Caldera para su candidatura presidencial en 1993 –, La Causa R, que se mantuvo como un partido de izquierda marginal desde su fundación a fines de los 70 hasta la crisis de los años 90. “Proyecto Venezuela”, fundado en 1998 como una evolución nacional de la agrupación “Proyecto Carabobo” también integra la coalición y surge igualmente mientras el antiguo sistema se desmoronaba.

Entre los partidos que agrupan intereses nuevos y cuyo objetivo fundacional ha sido la oposición al chavismo se encuentran, por ejemplo, Vanguardia Popular, surgido el año 2007 como un partido de izquierda no chavista; Voluntad Popular, fundado en 2009 y del cual son parte dos de los más reconocidos líderes de la oposición: María Corina Machado y Leopoldo López; Vente Venezuela y Avanzada Progresista, fundados ambos en 2012 y representantes el primero de una pensamiento liberal y el segundo de un programa progresista.

Así las cosas, la MUD es un abanico amplio de partidos que agrupa a la mayoría de las organizaciones no chavistas del país, tanto las más antiguas como aquellas nuevas surgidas de divisiones marginales del oficialismo o de nuevos grupos que se han consolidado. En el eje político de la MUD hay partidos de izquierda marxista, hasta liberales, pasando por ecologistas, socialdemócratas y democratacristianos. Su único punto de acuerdo es la oposición al Partido Socialista Unido de Venezuela. En consecuencia, es erróneo decir que la MUD agrupa a la derecha burguesa u oligárquica de Venezuela, pues entre sus militantes hay incluso antiguos militantes del Partido Comunista Venezolano, como el actual secretario ejecutivo de la coalición Jesús “Chuo” Torrealba.

La Mesa de Unidad Democrática es una agrupación diferente a los partidos que formaron parte de los gobiernos del punto fijo entre 1958 y 1993. Su consolidación formal como coalición opositora ocurre cuando fracasan las estrategias más insurreccionales planteadas en la primera mitad del chavismo. Entre estas tácticas se encontraron el golpe de Estado de 2002 en el que Hugo Chávez dejó el poder por 48 horas y asumió el dirigente empresarial Pedro Carmona. También el paro petrolero ocurrido entre fines de 2002 y los primeros meses de 2003 (El País, 2002) en el que la principal empresa del país: PDVSA, estuvo en una huelga general que amenazó el estado general de la economía. Le siguieron el referéndum revocatorio de 2004 que buscaba poner fin al mandato de Chávez y que se constituyó en el primer intento de la oposición para revocar el mandato presidencial a través de un dispositivo establecido en la Constitución de 1999. La no presentación en las elecciones legislativas de 2005, lo que le permitió al chavismo tener el 100% de la asamblea nacional en la legislatura 2006-2010, fue uno de los últimos intentos por boicotear al chavismo al margen de la Constitución. De allí en adelante la oposición inició un proceso de unificación que significó aceptar las instituciones chavistas y entrar a jugar dentro de sus reglas buscando derrotar al gobierno.

La coyuntura crítica que cambió el ánimo de la oposición venezolana ocurrió en el referéndum constitucional del año 2007, la única elección hasta la del 6 de diciembre pasado en la que el chavismo había sido derrotado. El rol de los estudiantes y de nuevas agrupaciones políticas permitió movilizar electores que frenaron al menos de forma momentánea las reformas que Hugo Chávez buscaba. Si bien la victoria fue pírrica – puesto que gran parte del paquete reformista se implementó de todas formas gracias a leyes habilitantes y al control total de la asamblea nacional que tenía el Partido Socialista Unido de Venezuela  – mostró a la oposición que el chavismo no era imbatible, incluso dentro de sus propias normas. Desde ese año, la polarización política se ha canalizado mayoritaria a través de procesos electorales. Tanto en las legislativa de 2010, como en las presidenciales de 2012 y 2013, la victoria chavista fue mucho más ajustada y potencias, en parte, gracias al sistema electoral diseñado a la medida de los resultados electorales previos, con el objetivo de sobrerrepresentar a los candidatos del gobierno.

El deterioro económico

La consolidación de la MUD como coalición opositora ha venido acompañada de un deterioro general de la economía venezolana. No sólo los precios del petróleo han caído en línea con el resto de los commodities.

 Fuente: Elaborado a partir de datos del Fondo Monetario Internacional http://knoema.com/

El gráfico 1 muestra el PIB per cápita de Chile, Brasil y Venezuela entre 1998 y 2015 (en barras y eje primario) y la relación entre el PIB per cápita de Venezuela y Brasil, y Venezuela y Chile,(en línea y eje secundario). En 1998 el PIB per cápita venezolano equivalía al 110% del PIB per cápita de Chile y al 136% del de Brasil. En 2015, en cambio, el PIB per cápita venezolano es un 67% del chileno y un 101% del de Brasil. Es decir, en 17 años de chavismo, la posición relativa de los venezolanos en términos de riqueza en comparación a Brasil y Chile se ha deteriorado, incluso considerando el súper ciclo de las materias primas que benefició a la mayoría de las economías emergentes exportadoras de productos primarias.

Entre 1980 y 2015 el crecimiento del PIB per cápita venezolano ha llegado a un promedio de 2,3% y, después de la llegada del chavismo, éste se aceleró solo 0,1 puntos porcentuales en promedio, llegando a un 2,4% entre 1998 y 2015. Esto está por debajo del 3,5% de crecimiento promedio del PIB per cápita en Brasil y del 5,8% en Chile medido entre 1980 y 2015.

Fuente: Elaborado con datos del Fondo Monetario Internacional http://knoema.com/

En 2015 se ha estimado que el PIB per cápita de los venezolanos caerá un 10,5% respecto de 2014. Esto es la segunda caída consecutiva después que en 2014 se redujera en un 3,9%. Esto es más de 3 veces el deterioro que tendrá Brasil en 2015 y más de 12 puntos menos que el 2,2% que crecerá el PIB per cápita chileno en el mismo periodo. Si se compara solamente el año 1998 y 2015, se tiene que el PIB per cápita venezolano se ha expandido un 33% en 17 años, el brasileño un 79% y el chileno un 117%. Todas las cifras se comparan en paridad de poder de compra.

Es cierto que se han implementado una serie de programas sociales que han generado una redistribución de la renta y una mejora en las condiciones de vida de los sectores más carenciados de la población venezolana. Sin embargo, la falta de generación de riqueza, los altos niveles de inflación y el gasto creciente producen un desequilibrio macroeconómico que a la larga resulta insostenible para seguir mejorando las condiciones de vida de la población y los programas de redistribución empiezan a repartir pobreza.

El deterioro de la economía venezolana ha venido afectando indicadores no solo de carácter macro, como el crecimiento, sino que también se ha transmitido a indicadores específicos, como la inflación, el desempleo y el desabastecimiento. De esa forma, la ciudadanía percibe que la situación económica actual del país es mala.

P. ¿Cómo calificaría en general la situación económica actual del país? ¿Ud. diría que es muy buena, buena, regular, mala o muy mala?

Fuente: Latinobarómetro 1995-2015

En la medición de 2015 de Latinobarómetro, un 61% de los venezolanos dicen que la situación económica actual del país es mala o muy mala. Esta cifra es similar al 60% que señalaba esto en 1998, cuando el chavismo triunfa en las elecciones, o en 2003, en medio del gran paro de la industria petrolera. Asimismo, significa un crecimiento de 24 puntos porcentuales respecto de la medición de 2013, lo que evidencia que en los últimos dos años el deterioro de la economía y de su percepción por parte de la ciudadanía se ha acelerado. En 2015, sólo un 9% dice que la situación económica del país es buena o muy buena.

Cuando se mide la forma en los ciudadanos evalúan su propio ingreso a través de la pregunta “El salario que usted percibe y el total del ingreso familiar ¿le permite cubrir satisfactoriamente sus necesidades?” es posible distinguir al menos cuatro etapas en el desarrollo del chavismo. Desde 1998 a 2002, cuando no hubo grandes mejoras y, por el contrario, la situación tendió a deteriorarse, con un 70% de ciudadanos que decían que su ingreso no les alcanzaba. Luego desde 2003 a 2006, cuando ocurre una mejora importante. La cifra de ciudadanos que decía que su ingreso no le alcanzaba cayó de un 70% en 2003 a un 37% en 2007, mientras que quienes decían que les alcanzaba pasaron de un 29% a un 58% en el mismo periodo. Es posible decir que entre 2003 y 2006 ocurre la mayor redistribución de renta en Venezuela, y son los años también donde el PIB per cápita alcanza sus mejores cifras de crecimiento, con un promedio de 13,2%. El tercer periodo va del 2007 a 2013, cuando la cifra de ciudadanos que dicen que su ingreso les alcanza se estabiliza entre un 37% y un 43%, sin grandes cambios en el periodo. El periodo final se inicia en 2015, cuando por primera vez en una década la cantidad de ciudadanos que afirman que no les alcanza supera a quienes declaran que sí les alcanza: 52% y 45% respectivamente. Este vuelve a mostrar que en los últimos dos años, justamente después que Nicolás Maduro llega a la presidencia, la situación económica del país se ha deteriorado, y si bien la percepción subjetiva del ingreso sigue siendo mejor que a mediados de los 90, ésta ha empeorado en comparación a los mejores años del chavismo.

 P. El salario o sueldo que Ud. percibe y el total del ingreso familiar, ¿Le permite cubrir satisfactoriamente sus necesidades? ¿En cuál de estas situaciones se encuentra Ud.?

Fuente: Latinobarómetro 1995-2015

¿El fin del chavismo?

El chavismo se ha consolidado en Venezuela como un tipo de autoritarismo competitivo, en el que las elecciones venían siendo una fachada para legitimar el atropello de las minorías y un programa global de mejora de la calidad de vida de la población que desde un punto de vista global no ha resultado sostenible. Sin embargo, hoy el oficialismo ha sido derrotado. En parte el resultado electoral es esperable si se considera que la ciudadanía está percibiendo un deterioro en su calidad de vida y en la situación económica general del país. La pregunta que surge es si será posible que la oposición a la cabeza de la Asamblea Nacional – incluso con una mayoría inferior a 2/3 si es que prosperan los intentos del gobierno por impugnar a ocho diputados – y el gobierno puedan encontrar algún mecanismo de entendimiento. Las primeras señales muestran que no será posible y que se está precipitando una crisis política en Venezuela no muy distinta a otras que ha habido en América Latina, en las que se enfrentan los poderes ejecutivo y legislativo.

El chavismo no está acabado después de estas elecciones, pues Nicolás Maduro sigue siendo presidente del país, pero el deterioro económico y social – ahora acompañado del ocaso político del PSUV – parecen acelerar el fin del proyecto chavista, que ha llevado a Venezuela a una situación inédita de pobreza y caos. Así, cae sobre los hombros de la Mesa de Unidad Democrática una gran responsabilidad para conducir un proceso pacífico, institucional y democrático de saneamiento del país, no sólo en el corto plazo, con una mayoría en el Congreso, sino que también en el largo plazo, considerando que tomará varias años reconstruir la democracia en un país que hasta los años 90 tenía una de las democracias electorales más sanas y estables de la región.



Comentarios

comments powered by Disqus
Newsletter
Redes Sociales
Sitios Amigos