Lunes 29 de Mayo de 2017

Los límites de la estrategia gasífera en Bolivia

Por: Erika Gottlieb - 15-10-2016

En economía se conoce como enfermedad holandesa a las consecuencias negativas causadas por un aumento repentino e importante en los ingresos de divisas en un país. El nombre tan particular se debe a que en los años 60s los ingresos de divisas en Holanda aumentaron considerablemente debido a grandes descubrimientos de yacimientos de gas natural en el país. Esto provocó que la moneda nacional holandesa aumente su valor (se aprecie) por las grandes cantidades de gas natural que se empezaron a exportar, perjudicando así las exportaciones no petroleras del país. Holanda se volvió un país altamente dependiente de sus exportaciones de gas natural porque sus otras exportaciones no eran competitivas.

El término ha evolucionado o se ha difuminado y ahora prácticamente se dice Enfermedad Holandesa a una situación económica de estado en la cual un país se especializa en la exportación de un solo sector, el cual da grandes beneficios, pero distorsiona la economía y hace que los demás sectores se descuiden.

En Bolivia, la historia del gas natural como materia prima estratégica se inicia en la década de finales de los 60s cuando YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos) junto con 15 empresas extranjeras distintas inician serios trabajos de prospección y explotación. Esto le permitió a Bolivia suscribir un importante convenio de venta de gas a la Argentina que se firmó el 23 de Julio de 1968, estableciendo un compromiso por veinte años. En la primera mitad de la década de los 80s la exportación de gas natural superaba el 50% del total de los ingresos por exportaciones del país. Este fue un punto de quiebre crucial porque los minerales pasaron de ser la fuente de ingresos de exportación más importante a ocupar el segundo lugar.

La normativa y regulaciones respecto a la exportación de gas natural y la inversión extranjera fueron siempre reactivas y no así previsoras, de tal manera que la firma del contrato de exportación con Argentina forzó al gobierno boliviano a regular el sector de los hidrocarburos y en 1972 se redactó la primera Ley de Hidrocarburos en Bolivia.  Bolivia, en la segunda mitad de la década de los 90s firmó un acuerdo de venta de gas natural con Brasil que incrementó considerablemente los niveles producidos y exportados saltando de casi 200 millones de pies cúbicos al año en 1995 a más de 500 millones de pies cúbicos al año en el 2005. Desde entonces la exportación de gas natural es un tema clave para el desarrollo del país (Natural Gas and Inequality in Bolivia, Lykke E Andersen 2006)

A partir de entonces, la política económica se volcó y guio respecto al gas natural. Bolivia se convirtió en un país exportador de gas natural, claramente precio aceptante y dependiente de todo el contexto internacional de precios de los hidrocarburos.

El precio internacional del gas natural de haber llegado en febrero del 2014 a 6.135 USD/MMBtu (6.135 Dólares por un Millón de BTU) cayo paulatinamente hasta alcanzar en septiembre del 2016 un valor de 2.957 USD/MMbtu lo que significa un decrecimiento en el precio del gas natural de un 50.8% respecto al 2014.  Esto sin considerar que a finales del 2008 el precio internacional del Gas Natural llego a estar en más de 13 USD/MMBtu (340 % más del precio actual). (Bloomberg, Septiembre 2016).

Precio internacional del Gas Natural expresado en USD/MMBtu

 

En el año 2008 cuando los precios internacionales del gas natural estaban en su mejor momento Bolivia logró ingresos por concepto de exportaciones de 1.828 millones de dólares. A finales del 2015 Bolivia exportó un total de 2.700 millones de dólares en gas natural, esto quiere decir que a pesar de la caída en los precios internacionales de este commodity Bolivia ha logrado crecer en términos nominales con respecto a los ingresos que recibía el 2008 gracias a que el volumen de exportación aumentó. (Instituto Nacional de Estadística de Bolivia, 2016)

Lo complicado de toda esta situación es que Bolivia desde el 2005 está al mando de un solo partido de gobierno que puso todas sus energías en presupuestar el gasto público y la inversión en función a los ingresos obtenidos por la exportación de hidrocarburos. Se llevaron a cabo varias políticas de redistribución (bonos de salud, bonos de educación, entre otros) cuando los precios internacionales eran los óptimos, y se proyectó mantener el gasto y la inversión pública en niveles altos con la confianza de que los ingresos aumentarían a niveles constantes en los próximos años gracias a las exportaciones de los hidrocarburos.

A pesar de que el volumen de exportación de gas natural ha aumentado del 2008 al 2015 considerablemente, los ingresos solo incrementaron en un 47% (en el mismo periodo de tiempo). El país ha logrado aumentar sus volúmenes de exportaciones gracias a las negociaciones realizadas con Argentina y Brasil, pero el hecho de que en los últimos 10 años no se hayan realizado nuevos descubrimientos de yacimientos de gas natural es preocupante porque en el largo plazo el gasto y la inversión pública no serán sostenibles con la situación adversa de los precios internacionales y el desgaste de los pozos y reservas actuales.

Se ha llegado en Bolivia a un punto de inflexión importante. Existe un Plan Nacional de Desarrollo, que incluso está pensado hasta el 2025, donde se pretende convertir a Bolivia en el centro energético de América del Sur. Para esto, la fuente de ingresos para financiar todo el plan de desarrollo del país es la exportación de hidrocarburos. Bolivia en estos últimos 10 años ciertamente ha logrado mejorar las condiciones de extracción de gas natural para el país con la inversión de multinacionales, pero todos estos esfuerzos y proyecciones realmente no serán fructíferos si el Estado no empieza a ver el panorama completo y a entender que no se puede ser una economía tan dependiente y esclava de los precios internacionales de las materias primas.

Obviamente, a pesar de que internamente el gobierno pareciera estar en negación, las consecuencias de la situación económica no tardan en aparecer. En el mundo de las finanzas se pueden avecinar malas noticias para la economía boliviana, en junio de este año Moody’s califico a los bonos bolivianos con la puntuación de Ba3, bajando el nivel de calificación de los bonos del Estado de ¨estable¨ a ¨negativo¨. Esta decisión se basó principalmente en  la persistente presión sobre la balanza de pagos donde se puede observar que el país enfrenta un déficit presupuestario y de cuenta corriente (Moody’s Investor Service, 2016). Además, Moody’s ve que las políticas de gasto fiscal en Bolivia no han cambiado a pesar de que los precios internacionales de los hidrocarburos han disminuido poniendo en peligro los ingresos por concepto de exportaciones. Moody’s estima que para el 2016 y 2017 Bolivia tendrá déficits fiscales a final de dichas gestiones de un poco más de 6% del PIB. La calificación de los bonos del Estado de los países por partes de empresas como Moody’s es importante porque los inversionistas extranjeros toman decisiones de invertir según estas calificaciones, son en realidad indicadores de riesgo de inversión.

Es como la fábula de la canasta de huevos, donde una niña pone todos sus sueños e ilusiones en la venta de una canasta de huevos que lleva en el brazo y cuando la deja caer y todos los huevos se rompen de repente se da cuenta de que no fue buena idea no tener un plan B o no tener otra canasta. Es poco realista para un país basar todo el plan de desarrollo en función a un sector que es volátil a los precios internacionales y es también iluso pensar que las decisiones internas que se toman en cuanto a políticas de gasto e inversión públicas son aisladas y no tienen impacto en el mercado internacional.

Actualmente Bolivia está endeudándose para compensar los déficits que tiene en su balanza de pagos, pues resultaría muy complicado admitir que se deben hacer recortes de gasto e inversión fiscal para prevenir que la caída el 2016 y 2017 sea dura. Habrá que esperar y ver hasta cuándo se pueden hacer malabares.



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