Lunes 29 de Mayo de 2017

Manifiesto anti-emprendedor

Por: Marcos G. Hernando - 05-03-2016

Un fantasma recorre el mundo. El fantasma del anti-emprendimiento. Contra este espectro se ha conjurado una sagrada jauría, se han reunido todas las potencias de la vieja escuela. En contra de ese fantasma, el Homo Economicus blande enardecido su báculo satánico, parado sobre su trono, empapando todo en formaldehído.

Oímos conspiraciones en contra de su porfía en las favelas, en las ONGs, en los barrios empobrecidos de Bombay, en los informes de recursos humanos, en las facultades de economía, en los servicios públicos, en los medios de masas y en las oficinas de los rascascielos.

¿Hay un solo partido de oposición, una sola muestra de discrepancia que el Estado no califique de poco emprendedora? ¿Hay un solo partido que no escupa al rostro de su oposición más progresista, lo mismo que a sus enemigos más reaccionarios, la acusación estigmatizante de anti-emprendedor?

De ello se desprenden dos cosas. La primera, que el anti-emprendimiento ya es considerado como un poder a combatir en todas las esferas de la sociedad. La segunda, que ya es hora que los anti-emprendedores expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones (sí, las tienen), saliendo así al paso de esa leyenda del fantasma del anti-emprendimiento, con un manifiesto de su partido.

Hasta nuestros días, la historia de la sociedad ha sido la historia de la lucha entre los que se la compran y los que no, los que juegan el juego que les han impuesto sobre la mesa y los que están fuera.

Una búsqueda rápida en Google revela que bajo la etiqueta de anti-emprendedor, o poco emprendedor (que en el espíritu totalitarista del entrepreneur, vienen a ser lo mismo) se congregan las enfermeras, los profesores, la mayoría de los artistas, los filósofos, los que se preguntan por qué, los deprimidos, los locos, los curas, los poco motivados, los incrédulos, algunas facciones tradicionalistas, los demasiado soñadores, los pesimistas, los muy cuidadosos, los que protestan, los perplejos, los anticapitalistas, los que programan open source, los que prestan en vez de arrendar y dan en vez de vender.

¿Pero qué tiene en común esa masa indiferenciada, variopinta y unida sólo por el asco que le provoca a los emprendedores, que – con un simulacro bobalicón de una sonrisa – les recriminan en términos morales su falta de motivación?

Nada. Es más, sólo tiene sentido hablar de ella a partir del discurso que se nos ha repetido hasta el cansancio sobre la centralidad del empresario y el entrepreneur en la sociedad. Si no se es uno de ellos, si uno no se siente y piensa como ellos, queda varado al lado del camino, víctima de la inanición y los buitres inmobiliarios (entrepreneurs por antonomasia). Lo que a los no-entrepreneurs les faltaría es la “forma de sentir” del emprendedor, quien, con una autoridad moral salida de las cloacas más nauseabundas de la literatura de autoayuda, le señala sus fallas a la masa lega.

En un movimiento, no muy diferente al anterior, se unen en una sacra orgía Horst Paulmann, Henry Ford, la señora que vende mermeladas, Cristobal Colón, Mark Zuckerberg, Pablo Escobar y las PYMES (figura denostada en este mundo pero ungida en el más allá). En un giro satánico se pone de su lado todo lo que ha sido creativo, todo lo que ha prosperado, todo lo exaltado, todo lo que produce y no sólo reproduce, asumiendo que toda pasión tiene al dinero como bencina. De esta manera se reducen la formas de estar entusiasmado a sólo una. Así se encadenan las ideas nuevas y los grandes fervores para que sean las bestias de carga de una caravana muchísimo más vieja y aburrida, embruteciéndose hasta que terminan, resignadas, mirando al piso mientras marchan directo al averno.

Pero ello no es más que por el hecho que el emprendedor cumple aquí la misma función que el ario primordial en la Alemania de los 30s, que el proletario abstracto en la Rusia Soviética. No existe, pero todo lo que es se mide en relación a él. Resumiendo, se crea un mundo a partir de su propia imagen.

Contra ellos, dicen, la acedia del mundo conspira. Contra ellos, los demonios de la pereza y la introspección confabulan. Contra ellos, todo lo que tenga que ver con la duda se organiza para asediarlos. Se llaman a sí mismos enemigos del status quo, cuando lo único que hacen es perpetuarlo.

Los Anti-emprendedores nos negamos a suscribir de una vision de mundo tan carente de profundidad. Manifestamos que no es una pérdida de tiempo preguntarse por qué, que estudiar literatura de lenguas muertas no es necesariamente inútil. Que tenemos derecho a no portar una sonrisa hipócrita todo el día. Aplaudimos a los escritores que no son Coelho, a los artistas que no son Andy Warhol. Admiramos a los que cuidan a los enfermos, a los que trabajan en los asilos, y a los que creen que no toda creatividad debe estar abocada a encontrar nuevas formas de transformar al mundo en mercancía.

Contra esa vision plana del mundo en que todo se reduce a beneficio individual y valor de cambio, nosotros ungimos como vanguardia a Wikileaks (quienes, de haber sido emprendedores, habrían encontrado sórdidas maneras de aprovecharse de la información que poseían), a los hackers, a los que tensan los límites para ver hasta cuándo aguantan pero también a los que son fieles, los que tienen principios. A los que se inmolan pero también a los que son cuidadosos.

Alabamos a los inventores que inventan sólo por inventar, los descubridores que descubren sólo por descubrir, los pensadores que piensan sólo por pensar.

Nuestro objetivo es reivindicar a los que dan sin esperar recibir, a los que se dedican a reflexionar en lo que hacen, los que se preguntan por los fines. A los que despilfarran. A los que no creen que el mundo y los seres humanos son su instrumento. A los que la retórica exitista de los gobiernos, las empresas, los MBAs, los canales de finanzas y los organismos internacionales dejan fuera.

Se nos reprochará que el anti-emprendimiento es demasiado variado y etéreo ¡Esa es precisamente la idea! Contra un mundo unidimensional, los anti-emprendedores introducen profundidad. Ellos no tienen nada que perder más que su silencio. Anti-emprendedores del mundo ¡Uníos!



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