Lunes 20 de Noviembre de 2017

Mercado de telecomunicaciones: concentración y uso social

Por: - 08-09-2016

Durante la década de los noventa Internet comenzó a introducirse en la vida cotidiana de milones de personas en diferentes partes del mundo. Tras la llegada del siglo XXI, se volvió, efectivamente, en una tecnología imprescindible. Hasta hace unos años, a pesar del mundo virtual que ofrecía, la conexión a Internet se lograba a través de soportes visibles y fácilmente identificables por sus usuarios, tales como cables y módems. Si bien estos “intermediarios” técnicos no han dejado de existir, los últimos tiempos han dado lugar a otros tipos de conexiones, como las wireless, que permiten las comunicaciones con usuarios en movimiento.

El wifi, el 3G y más recientemente el 4G son las tecnologías que nos resultan más familiares cuando pensamos en conectarnos a la red por medio de la telefonía móvil. En estos casos los medios que sirven de soporte para utilizar Internet ya no parecen tan físicamente obvios. La computadora de escritorio se reduce a dispositivos de menor tamaño como smartphones o tablets, y el medio más inmediato que nos sirve de conexión ya no consiste en la conjunción de cables y módems, sino en la utilización del espectro radioeléctrico.

El espectro radioeléctrico es un bien escaso e intangible. Estas características facilitan que los primeros operadores en obtener licencias para su uso, obtengan la ventaja de ingresar en un mercado de oferta reducida y condicionar así la aparición de nuevos competidores.

No obstante, el espectro no es por definición monopólico. Su distribución depende de los criterios usados por las autoridades en la concesión de licencias para su explotación. Por decisión de organismos internacionales como la UIT – Unión Internacional de Telecomunicaciones –, el espectro es clasificado en 8 bandas de frecuencias. Como se puede ver en el cuadro, la más baja es la banda conocida como VLF (very low frecuency), que incluye desde la frecuencia 3 KHz hasta 30 KHz. La más alta es la EHF, que comprende desde los 30 hasta los 300 GHz.

Alrededor de todo el planeta, las emisoras de televisión suelen usar frecuencias de la banda VHF (30-300 MHz) o UHF (300 MHz – 3 GHz). Las licencias para su implementación se abocan a zonas determinadas, que según el caso puede tratarse de territorios municipales o nacionales. En el caso de América Latina, generalmente son los Estados nacionales los encargados de entregar licencias, tanto para la cobertura de espacios geográficos municipales como de todo el territorio nacional.

Si bien el uso y aprovechamiento que se le ha asignado durante décadas al espectro ha incluido principalmente a emisoras radiales y señales de televisión, las innovaciones tecnológicas demandan que una porción cada vez mayor de las frecuencias radioeléctricas sean destinadas a la telefonía móvil.

Para presionar a los gobiernos, las principales compañías del mundo se agrupan en organismos de alcance internacional que buscan imponer procesos de estandarización de las soluciones técnicas más convenientes a sus intereses. Luego de la UIT, órgano de la ONU que fija las bases para el desarrollo del sector, se han creado otras entidades con áreas de influencia de nivel continental para ejercer el lobby empresarial sobre el conjunto de los gobiernos.

En el caso de América se creó el grupo 4G Américas, ahora llamado 5G Américas y cuya sede se ubica en Washington. El mismo está integrado por compañías privadas, entre las que se incluyen América Móvil, AT&T, Cisco, Entel Chile, Ericsson, Intel, Nokia, Qualcomm y Telefónica, entre otros.

A pesar de que la mayoría de estas empresas influyen de una u otra manera en el sector telecomunicaciones de cada país del continente, ya sea como operadores o como fabricantes, las más visiblemente vinculadas al proceso de adjudicación de espectro a lo largo de América Latina son América Móvil y Movistar. Precisamente lo que se pone en juego cada vez que los gobiernos anuncian la apertura de licitaciones o la adjudicación directa de frecuencias destinadas al 4G.

Las redes Long Term Evolution (LTE), conocidas como de cuarta generación o 4G, precisan del uso de frecuencias para funcionar (al igual que cualquier otra tecnología que opere de manera inalámbrica). Inicialmente, la mayoría de las frecuencias entregadas por los gobiernos para operar estas redes en América Latina han pertenecido a los 1700 MHz (forma parte de la llamada banda AWS), 1800 MHz, 2100 MHz (también conocido como banda AWS) y 2600 MHz. No obstante, las asociaciones que agrupan a las empresas de telecomunicaciones insisten en que las frecuencias pertenecientes a la banda de 700 MHz son las más adecuadas para la implementación de redes 4G, y en efecto las frecuencias adjudicadas van siendo complementadas con frecuencias de 700 MHz. La complicación con la que se encuentran las empresas telefónicas, radica en que esa banda no se encuentra completamente libre en muchos de los países de la región, ya que es utilizada por otros servicios, mayoritariamente de televisión.

Oportunidades a aprovechar

El desarrollo de la televisión digital permite, por tanto, transmitir tanto señales ya existentes como incrementar el número de señales, ocupando menor porción del espectro radioeléctrico, liberando así frecuencias para su uso en la telefonía móvil.

Las oportunidades que ofrece la digitalización, ya no solo para la televisión sino en un plano más general de las comunicaciones, son variadas. Inmediatez en las formas de comunicación, mayores posibilidades de transparencia y difusión pública de cualquier tipo de contenidos, la capacidad de almacenamiento de información en espacios físicos reducidos, y otras cuestiones que permitirían facilitar el acceso al conocimiento, a la información de interés público, a la discusión e intercambio de ideas o proyectos. Es decir, las nuevas tecnologías podrían ser usadas para fortalecer la vida democráctica.

Lamentablemente lo que está en frecuente discusión en los gobiernos no es la calidad del uso de los modernos dispositivos info-comunicacionales, sino los modos de acelerar su funcionamiento y comercialización.

Respecto al grado de penetración de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la sociedad, Leonardo Norberto Murolo (2010), licenciado en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Quilmas e investigador del CONICET, afirma que:

“Los avances tecnológicos ligados a los lenguajes mediáticos son cada vez más urgentes. De la lengua oral hasta la escritura, pasó más tiempo que desde la escritura a la imprenta, y que desde la imprenta a la radio, y que desde la radio a la televisión, y que desde la televisión a internet. Pero no sólo la urgencia es la característica definitoria de estos descubrimientos, sino la rápida deglución de ellos por parte de la sociedad. La apropiación acontece cada vez menos puesta en crítica. Todo lo que sea un libro es visto como alta cultura, y las más grandes atrocidades de la historia también están escritas en libros”

Por otro lado, los problemas identificados tanto desde los medios de comunicación como desde los eventos (tales como foros o congresos internacionales) sobre el tema, giran alrededor de las cuestiones técnicas, tales como la saturación de los servicios, o aspectos regulatorios, como el retraso en la adopción de ciertos estándares o las restricciones gubernamentales. La discusión sobre los usos sociales de estas tecnologías está muy relegada, casi en exclusividad al ámbito académico, e incluso en ese campo los trabajos pueden estar muchas veces motivados por intereses comerciales (la discusión pasa por la compatibilidad o no en los estándares elegidos por los distintos países, o en las ventajas económicas ofrecidas por los nuevos modos de difundir contenidos).

De esta manera, si bien se pueden encontrar autores críticos respecto a la convergencia de las diferentes tecnologías de la comunicación, también existen trabajos académicos donde con extraños argumentos se señalan las supuestas ventajas de este fenómeno. A modo de ejemplo, José Alberto García Avilés (2009), Doctor en Comunicación de la Universidad de Navarra, España, pretende señalar las fortalezas y debilidades de la convergencia de medios. Respecto a las primeras, sostiene que “[...] la propia digitalización ya supone una importante reducción de costes para las industrias culturales. La utilización de recursos ajenos, como los de los propios usuarios, implica una nueva disminución de los costes, que para las organizaciones supone la distribución de contenidos en Internet basados en el uso de recursos que no son propios. De esta manera, se traspasa al usuario la mayor parte del coste de implantación, gestión y mantenimiento del servicio.”

Además de esta afirmación, que efectivamente es acertada, García Avilés sostiene que la cadena de valor prototipo de cualquier sector de las comunicaciones “incluye distintos agentes: producción de contenidos, acondicionamiento de servicios y contenidos, prestación de servicios, suministro de infraestructuras, terminales (tanto hardware como software) y usuarios. Las empresas suelen estar presentes en uno o más elementos de la cadena de valor, por lo cual la convergencia les induce a participar en actividades distintas a las de su negocio tradicional. Las alianzas o fusiones horizontales se realizan para compartir riesgos y reunir competencias complementarias, mientras que las fusiones verticales se apoyan en la convergencia tecnológica para penetrar en otros segmentos de la cadena de valor superior o crear economías de escala.” En efecto, el autor llega a la conclusión de que “Desde este punto de vista, cabe considerar las fusiones verticales como uno de los indicadores más representativos de la respuesta de las empresas a la convergencia.”

Resulta inquietante que este tipo de consecuencias sean consideradas en ocasiones como aspectos positivos, por lo cual aquellos que estamos interesados en los cambios implicados por la evolución de las nuevas tecnologías, debemos estar atentos para saber identificar qué análisis reflejan posibles oportunidades de la convergencia de medios y cuáles de estas aparentes oportunidades sólo favorecen a ciertos grupos..

Henry Jenkins (2006) afirma que la convergencia mediática es más que un mero cambio tecnológico, ya que altera la relación entre las tecnologías existentes, las industrias, los mercados, los géneros y el público. Sostiene que “Gracias a la proliferación de canales y a la portabilidad de las nuevas tecnologías informáticas y de telecomunicaciones, estamos entrando en una era en la que los medios serán omnipresentes. La convergencia no es algo que sucederá un día cuando tengamos suficiente ancho de banda o descubramos la configuración adecuada de los aparatos. Preparados o no, vivimos ya en una cultura de la convergencia. Nuestros teléfonos móviles no son simplemente aparatos de telecomunicaciones; también nos permiten jugar, bajar información de Internet, y hacer y enviar fotografías o mensajes de texto.” Asimismo, asevera que “La convergencia implica un cambio tanto en el modo de producción como en el modo de consumo de los medios.”

Jenkins agrega que esas funciones también pueden realizarse usando otros aparatos mediáticos, y afirma que “Esta convergencia tecnológica se ve alimentada por el cambio operado en los patrones de la propiedad de los medios. Mientras que el viejo Hollywood se centraba en el cine, los nuevos conglomerados mediáticos tienen participaciones mayoritarias en toda la industria del entretenimiento.”

Si bien en varios países los gobiernos anunciaron argumentos demagógicos en torno a la incorporación de las nuevas tecnologías (la digitalización de la televisión posibilitaría la inclusión de nuevas señales más pluralistas), el fin último es cumplir los deseos de las compañías de telecomunicaciones, en particular de las telefónicas. Esto se evidencia en el hecho de que en casi toda América Latina, Movistar y Claro logran adjudicarse nuevas frecuencias, en particular de la banda de 700 MHz. Generalmente este reparto incluye también a algún cableoperador local que previamente haya incursionado en las telecomunicaciones (ya sea a través de Internet y/o de la telefonía).

En julio de 2012, Chile adjudicó frecuencias de la banda de 2.6 GHz a Claro, Entel y Movistar, destinadas a la prestación de servicios de 4G. Luego, en febrero de 2014, las mismas tres empresas recibieron nuevas frecuencias pero en la banda de 700 MHz, a cambio de $11 billones en moneda local (Prensario Internacional, 2013; SUBTEL, 2014).

Ese mismo año Digitel recibió en Venezuela la asignación de frecuencias de 1800 MHz (El mundo, 2013). Dos años más tarde, Movistar, Movilnet y DirecTV obtuvieron porciones de espectro de las bandas AWS y de 2.5 GHz a cambio de un pago que en conjunto alcanzó una cifra equivalente a los 728 millones de dólares (Telesemana, 2014).

En marzo de 2013 Uruguay concedió espectro AWS y de 1900 MHz, a Movistar y Claro. La recaudación estatal fue mayor a los 60 millones de dólares (Telesemana, 2013).

A mediados de ese año Colombia concedió espectro correspondiente a los 2.5 GHz a Claro, y de 1.7 GHz y 2.1 GHz (conocidos como bandas AWS) a Movistar, Tigo (en asociación con etb), DirecTV y Avantel, logrando recaudar 400 millones de dólares (Prensario Internacional, 2013c).

En 2013 Perú también hizo entrega de una porción del espectro radioeléctrico, de la cual Movistar y Américatel (Entel Chile) consiguieron segmentos de la banda AWS. En mayo de este año Perú cedió espectro de 700 MHz a esas empresas, a las cuales se sumó Claro, logrando recaudar más de 900 millones de dólares (Prensario Internacional, 2016a).

En septiembre de 2014 Brasil adjudicó frecuencias de 700 MHz a Claro, Telecom Italia, Vivo y Algar, obteniendo una recaudación superior a los dos mil millones de dólares (Prensario Internacional, 2013a).

Dos meses después Argentina hizo lo propio. Claro, Personal y Movistar resultaron adjudicatarias de porciones del espectro AWS. En 2015 a estas mismas empresas se les asignó además frecuencias de la banda de 700 MHz. La recaudación del Estado fue cercana a los 2 mil millones de dólares (La Nación, 2015).

Ecuador adjudicó, en febrero de 2015, frecuencias para Movistar y Claro, con una recaudación de 330 millones de dólares (Prensario Internacional, 2015a).

A fines de ese año en Paraguay, las empresas Claro y Tigo obtuvieron la adjudicación de porciones del espectro AWS (Prensario Internacional, 2015a).

Como particularidades, cabe mencionar que en Bolivia, Ecuador y Uruguay, se dio prioridad a empresas estatales antes de comenzar la operación privada de redes 4G. De esta manera, en Uruguay la estatal ANTEL presta 4G desde diciembre de 2011.

En Bolivia la estatal Entel Móvil lanzó la primera red 4G del país en diciembre de 2012, mediante el uso de frecuencias de 700 MHz. Posteriormente se sumaron Tigo y VIVA.

CNT, la compañía estatal de Ecuador, operaba la tecnología LTE en este país previo a la adjudicación de licencias a privados.

Si bien no es exhaustiva, esta enumeración de concesiones del espectro indica la omnipresencia de la familia Slim (a través de Claro) y de Telefónica (Movistar y Vivo) en las telecomunicaciones de cada país sudamericano. No obstante, la compra de DirecTV por parte de AT&T, las ventas de las distintas filiales de Nextel (salvo en Brasil) y el creciente interés de Turner en la región (por ejemplo a través de la adquisición de todo el paquete accionario de CNN Chile y la oferta por la adquisición de Telefé), son algunos de los hechos que indican que el mercado de las comunicaciones en América Latina está abierto a sufrir modificaciones.

La cuestión, sin embargo, del aprovechamiento social y local de las telecomunicaciones digitales, carece de atención suficiente por parte de los gobiernos de la región.

Bibliografía:

 Otras fuentes:



Comentarios

comments powered by Disqus
Newsletter
Redes Sociales
Sitios Amigos