Domingo 24 de Septiembre de 2017

Neoliberalismo (1979-2008)

Por: - 22-04-2015

Publicado originalmente en Kings Review

Traducido por Marcos González Hernando

Hace unas semanas, 40 estudiantes utilizaron candados de bicicleta para atrincherarse en la London School of Economics. Declarándose “Occupy LSE”, los estudiantes protestaron contra la "universidad neoliberal”, con gran éxito en Twitter.

Pero, ¿qué es exactamente la universidad "neoliberal"?

En su uso (académico) corriente, “neoliberalismo” puede referirse al capitalismo como sistema social total. O, a veces, el término alude únicamente al sistema económico mundial conducido por el FMI y el Banco Mundial. A veces quiere decir la penetración de la lógica mercantil en sistemas que no son de mercado, como la NHS [salud pública] o la educación superior. O bien, significa “ciencia”, en su variante vagamente definida como "positivista"; o incluso puede referirse a burocracia unidimensional y "nuevo gerencialismo"; o a los conservadores de Thatcher, incluyendo a UKIP y los movimientos anti-inmigración; o al patriarcado; o a créditos estudiantiles privatizados; o a los medios globales de comunicación y los patrones de consumo masivo; y así sucesivamente.

Aún si ciertas explicaciones y definiciones de "neoliberalismo" son más precisas que otras, el término claramente se ha descarrilado. "Neoliberalismo" significa cualquier cosa que el crítico del día quiera que signifique.

Que yo sepa, nadie, vivo o muerto, ha adoptado el término "neoliberalismo" en su uso actual como auto-descriptor. Aún si fue propuesto en Mont Pelerin en 1947,  el concepto no fue, al fin y al cabo, adoptado formalmente por la camarilla asistente de filósofos y economistas heterodoxos. Tampoco los gobiernos de Reagan/Thatcher utilizaron el término durante la década en que supuestamente aplican esta lógica maligna sobre un poco dispuesto demos anglo-americano (que votó abrumadoramente a favor de estos dos políticos alrededor de 1979).

El neoliberalismo no es ni una filosofía política ni una estructura de políticas públicas formalmente organizada. Los estudiosos citan documentos específicos que se refieren a un "consenso de Washington" de 1989 como si éste fuera un evangelio al que políticos juran lealtad absoluta. Mientras tanto, el único consenso neoliberal que se mantiene hoy es el que persiste entre los críticos académicos; convencidos de que este mal es responsable de todos los problemas sociales pasados, presentes y futuros.

Considérese: muchos de estos mismos cientistas sociales estaban vivos y activos en 1979, cuando Thatcher fue elegida y Reagan comenzó su campaña para las primarias republicanas. Si rebobinamos la cinta, ¿Se oía un coro de lamentaciones advirtiéndonos de la inminente desdicha causada por una torcida adhesión a la escuela austriaca de economía? No. Dentro de las ciencias sociales, veíamos técnicas exégesis debatiendo "posiciones contradictorias de clase”,' “socialismos reales”, el “capitalismo desorganizado”, o los “tres mundos del estado de bienestar".

Sólo un puñado de cientistas sociales predijo el evento que en diez años voltearía de verdad el orden mundial en su eje: la caída de la Unión Soviética, bajo el peso de su propia inercia.

Sí, Francis Fukuyama [1992] lamentablemente citó a Hegel. Sí, Jeffrey Sachs era demasiado joven y estadounidense para dirigir al ex Segundo Mundo hacia la prosperidad capitalista. Sí, el "neoliberalismo" tuvo un papel que desempeñar en la justificación de la ortodoxia económica liberal de izquierda, durante un período en que los servicios profesionales de economistas fueron solicitados regularmente por gobiernos, empresas y organizaciones no gubernamentales [Fourcade, 2009]. Pero eso fue hace más de 25 años.

Entre las definiciones más precisas de neoliberalismo de estos días, Jamie Peck [2011] recientemente describió al proyecto como un "zombie". Este cadáver andante sufrió una grave crisis de legitimidad tras la Gran Depresión de 2008 y amenaza con avanzar tambaleándose azarosamente hasta que su oposición política desafíe su dominio ideológico en las políticas públicas.

Si estamos dentro de la fase zombie del neoliberalismo, estaríamos en lo correcto al retwitear Occupy LSE. Sin embargo, como cualquier fan de George Romero puede decirnos, los no-muertos nunca mueren “desde las bases”. Se mata a un zombie con un tiro en el cerebro. Esto hace que el trabajo de economistas jóvenes en, por ejemplo, Repensando la Economía [Rethinking Economics, 2015], la Sociedad de Cambridge para el pluralismo económico [CSEP, 2015] y la Fundación para una Nueva Economía [NEF, 2015] sea tan importante.

Desde 2008, los estudiantes han logrado progresos tangibles desafiando el paradigma neoclásico dominante dentro de la economía como disciplina académica. Cambios curriculares claros y transformaciones institucionales son observables en el meollo pormenorizado del asunto de la reforma del plan de estudios. En pocos años, podemos esperar cursos teóricos pluralistas que se ofrecerán en los principales departamentos de economía. Pronto estos cursos pueden incluso llegar a ser obligatorios para economistas de pregrado.

Nuestra fase actual, por lo tanto, equivale a un cambio gradual de la ortodoxia neoliberal de cara a una crisis de legitimidad; igual que la economía, en la década de 1970, se apartó del paradigma keynesiano dada la estanflación (Pieria, 2013), o, como en 1878, la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia [Lybeck, 2013] impulsó el desarrollo de la sociología y la eugenesia, tras el fracaso del utilitarismo en predecir o explicar la depresión económica de la época victoriana tardía.

Aún así, el trabajo de los pluralistas y economistas heterodoxos, por importante que sea en desafiar el paradigma académico actual, falla en notar que:

El neoliberalismo zombie en realidad murió una muerte tranquila hace años.

Observé la autopsia cuando me auto-invité a un evento organizado por el Centro para la Ciencia y Política en Cambridge [CSaP]. La charla se titulaba “la imperfecta dominación de la economía” [CSaP, 2013]. Al ver en el programa de la retórica de pluralismo, incluidas referencias a los supuestos erróneos de actores racionales y de mercados perfectos y todo lo demás, esperaba ver un grupo de cientistas sociales promoviendo puntos de vista heterodoxos.

En su lugar, descubrí que la nueva ortodoxia ya se había establecido, no en cursos de postgrado avanzados dentro facultades de economía, sino en “Introducciones a la Economía” en las escuelas de negocios de élite.

Ni entre los presentadores ni entre los asistentes se contaban los oídos-sordos de los cientistas sociales que Aditya Chakrabortty (The Guardian, 2012) conminaba a derrocar la ortodoxia económica. La audiencia tampoco incluía a los historiadores que David Armitage y Jo Guldi (2014) recientemente convocaron para luchar contra el “fantasma” del pensamiento cortoplacista.

Al igual que en 1988, antes de la caída de la cortina de hierro, los eruditos humanistas continúan cazando fantasmas (zombies, más bien) de épocas pasadas. En contraste, los empresarios y tecnólogos que co-organizaron el evento lo entendieron: el neoliberalismo murió en 2008 con el resquebrajamiento de la economía global.

Con el apoyo de sus patrocinadores en la Royal Society of Arts, y su “Unidad del Cerebro Social’” (RSA, 2015), el mensaje de la CSaP fue fuerte y claro: Hoy en día, los nuevos avances en la “economía del comportamiento” y la “neuroeconomía” – inspirados en la ideas “interdisciplinarias” y “pluralistas” de la psicología evolutiva, la bio-antropología y la ciencia cognitiva – nos señalan el camino hacia el futuro.

¡Olvídese de los economistas idiotas que piensan que todo el mundo es racional! ¿Ha visto las TED talks (Salon, 2013)? El psicólogo de Harvard Steven Pinker (TED, 2007) dice que hemos terminado con la violencia gracias a descubrimientos cruciales que apuntan a nuestras irracionalidades “pre-programadas”! El futuro de la economía y las políticas públicas radica en la exploración de estas características biológicas, implantadas cuando nuestros antepasados ​​huían de tigres dientes de sable en la sabana africana (NYT, 2013).

¿El neoliberalismo y la teoría de la elección pública? Olvídese. ¿Quién necesita elegir cuando la racionalidad no existe? Todos sabemos lo que queremos, es decir: evitar tigres, propagar nuestra semilla con cada pareja atractiva que nos encontremos, comer carne paleolítica y semillas, liderar una manada, y solucionar el calentamiento global con nuestros iPads.

Por supuesto, el plan de estudios para los ricos, hijastro pelirrojo de todas las universidades – la escuela de negocios – es tonto. Es por eso que se construyó a kilómetros de distancia de la universidad “real", llena de físicos, clasicistas y economistas. Es por ello que no habían científicos en el evento de la CSaP.

Pero, al igual que las escuelas de gestión se basaron en Foucault para introducir el biopoder y la disciplina en el "nuevo espíritu del capitalismo" (Boltanski y Chiapello, 2007) durante los 1990, las escuelas de negocios ya han comenzado a usar el lenguaje de pluralismo económico, reintroduciendo la lógica pavloviana de Walden Two (Altus y Morris, 2009), cubiertos en la supuestamente nuevo antifaz científico de la psicología evolutiva.

Este es el presente y el futuro de la economía que debemos desafiar y resistir.

Sin embargo, para desmantelar adecuadamente los embustes de la neuroeconomía, primero tenemos que dejar de entrenar estudiantes en el obsoleto arte de matar zombies. Se quedó en el olvido por una razón: como el neoliberalismo, nunca funcionó en primer lugar.

Ocuppy LSE, tal como su antepasado ‘​​Occupy’, está formado por expertos en asaltar la Bastilla neoliberal – sin líderes ni timón, precisamente, como es indicado de forma explícita por el Líder Supremo David Graeber (Guardian, 2015).

Empero, que se sepa que la universidad neoliberal ha sido reubicada. Usted puede encontrar su cadáver enterrado en el sótano del departamento de bio-antropología, donde neuroeconomistas y hombres de negocios se preparan para la llegada pluralista, Una Vendée neo-conductista.

Hay mucho que criticar en el sistema contemporáneo de educación superior en el Reino Unido – el aumento de aranceles, la obsesión, el impacto y las auditorías, un profundo descuido del empleo de los postgraduados – ¿Pero son éstos resultados del neoliberalismo o simplemente el sintomático final de la profesión académica, después de 40 años de huir de su propósito?

Más aún, dentro de la economía, el cambio curricular es evidente, y, en cualquier caso, sus disputas académicas tienen mucho menos peso en el mundo económico comparadas con los cambios de paradigma en las escuelas de negocios. Los banqueros son más propensos a ser educados en business que en la ciencia económica avanzada.

En este sentido, producir aún más crítica contra el neoliberalismo es en gran medida innecesario, obsoleto y contraproducente. El neoliberalismo ya está muerto. Kaput.

Si debemos elevar nuestras horcas – o candados de bicicleta – por algo, debemos desafiar la incoherencia intelectual de la psicología evolutiva y de la economía conductista. Esta es la ola del futuro.

Aquí nos paramos en la tierra firme de la historia y la conciencia – de la teoría de la civilización humana, de la evolución institucional, de las dinámica psico-sociales, del “boundary-work” discursivo y de la genealogía de la moral – un reino mucho más rico y rojo en diente y garra que cualquiera basado en la sabana paleolítica o el mítico páramo neoliberal de antaño.

Referencias

  • Altus, D. y Morris, E. (2009) B. F. Skinner's utopian vision: Behind and beyond Walden two. The Behaviour Analyst., 32:2, pp. 319-335. Disponible aquí
  • Armitage, D. y Guldi, J. (2014) The history manifesto. Cambridge: Cambridge University Press
  • Boltanski, L. y Chiapello, E. (2007) The new spirit of capitalism. London: Verso
  • Fourcade, M. (2009) Economists and societies: Discipline and profession in the United States, Britain and France, 1890s to 1990s. Princeton: Princeton University Press
  • Fukuyama, F. (1992) The end of history and the last man. London: Penguin Books
  • Lybeck, E. (2013) Review: Renwick, C. (2012) British sociologys lost biological roots: A history of futures past. New York: Palgrave Macmillan. Disponible aquí
  • Peck, J. (2011) Neoliberalismo zombie y Estado ambidiestro. Disponible aquí


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