Domingo 22 de Octubre de 2017

La segunda luna de miel nunca es tan dulce como la primera

Por: - 27-02-2014

Desde su confirmación como candidata hasta su reciente elección, se pensaba que la futura presidenta Michelle Bachelet tenía el camino completamente abierto para ganar la competencia. Y así fue, al punto de que los medios se preocuparon mucho más por la lucha del segundo, tercer y cuarto lugar. Esa victoria holgada se vio felizmente acompañada por una mayoría considerable en el Parlamento que eventualmente le permitiría avanzar en todas sus propuestas programáticas sin necesidad de negociar con la oposición, pues bastaría convencer a los independientes.

En política, se le llama luna de miel al primer año de un nuevo mandatario(a) en el que la popularidad que le llevó a ser electo(a) se vive a flor de piel, lo que le permite avanzar en los puntos centrales de su programa sin demasiada oposición. Para continuar con la analogía, lo que ocurre es que en esos meses es que la relación entre el presidente y el electorado se encuentra en su punto más intenso y el costo de manifestarse en contra de las políticas iniciadas por el Ejecutivo es demasiado alto.

Tomando en consideración los dos puntos anteriores, la conclusión más evidente – y que muchos ya han hecho – es que la luna de miel del segundo período de Michelle Bachelet será particularmente dulce, debido a la popularidad de su figura y al escenario favorable. Por lo mismo, buena parte del debate está centrado en la pregunta por la honestidad que hay detrás de las promesas de campaña. Los más partidarios de Bachelet están convencidos de que bajo su administración se realizarán las grandes reformas que hace tiempo está demandando el país, mientras sus críticos aseguran que con el tiempo se verán los verdaderos colores de la vieja Concertación disfrazada hoy de Nueva Mayoría.

Lo que se está pasando por alto es que las lunas de miel en política no son realidades inevitables. Si bien existe un mayor nivel de concreción de los proyectos en el primer año, éste está condicionado principalmente por dos factores. Lo primero y más evidente es el capital político del candidato(a) electo(a) en cuestión y, si se quiere, del equipo y la propuesta que lo acompaña. Por otro lado, puede influir fuertemente – a favor o en contra – el contexto puntual en el que se desarrolla el primer año de mandato, lo que permite concluir que dentro de un mismo fenómeno podamos encontrar distintas intensidades (Beckmann & Godfrey, 2007). Por ejemplo, en su momento se argumentó que el terremoto del 27 de febrero de 2010 contribuyó a que se ignorara el bajo capital político de Sebastián Piñera en sus primeros meses; los que rechazaban su figura se vieron obligados a callar en pos de la unidad necesaria para reconstruir y sacar adelante al país. Sin embargo, al tiempo que el evento potenció su luna de miel, también le obligó a cambiar su agenda.

Quisiera plantear que, contrario al sentimiento general, el primer año de la presidenta Bachelet no será más fácil que el de su período anterior. Hay que recordar que entonces le correspondió asumir las protestas estudiantiles del año 2006 y el costo político de la implementación del Transantiago – el nuevo sistema de transporte para la capital del país –, en febrero de 2007, que fue ampliamente repudiado por sus ineficiencias de parte de la ciudadanía y la Alianza. En este caso, tanto capital político como contexto no indican que el escenario sea particularmente favorable, pese a una victoria aplastante y una amplia mayoría en el Congreso.

Si bien Bachelet no es la única presidenta en la historia del país que ha iniciado dos períodos presidenciales, es la única que lo ha hecho bajo un mismo contexto institucional y de forma plenamente democrática, por lo que quizá sea el único caso que amerita comparación. Buena parte del capital político de Bachelet proviene de la alta aprobación de su primer gobierno y, desde su regreso al país en abril de 2013, ha trabajado sólo para mantenerlo intacto, dejando poco  espacio para que sus competidores intentasen disminuirlo. Esto implica que en la luna de miel no hay nada nuevo en la figura de la próxima mandataria que pueda cautivar a la ciudadanía y, aunque sigue siendo alta, su popularidad no ha hecho otra cosa que descender en el último tiempo; lo más probable es que siga así durante el primer año. Esto anula, en buena medida, el factor que inhibe a la oposición de rechazar las propuestas y se debería esperar que cada proyecto sea fuertemente disputado en la discusión previa, para evitar los escenarios de votación.

En breve, Bachelet es una figura popular, pero ya conocida. Sus atributos son conocidos tanto por la ciudadanía como por sus opositores, por lo que no habrá un período de marcha blanca.

En lo que al contexto respecta, la situación puntual de tener un Parlamento favorable es evidentemente ventajosa, pero el resto de lo que la rodea está lleno de críticas y potenciales trabas. La idea no es intentar predecir el futuro enumerando el sinnúmero de situaciones que podrían ocurrir en el camino que afecten la luna de miel, sino puntualizar en aquellas cosas ya manifiestas que jugarán en contra del nuevo gobierno. En particular destacan el movimiento de la desafección a la desconfianza, la oposición fuera del Congreso y las diferencias dentro de la Nueva Mayoría.

La desafección es la falta de interés de las personas en los temas políticos. En los primeros años de la transición toma la forma de una desconexión total con los temas políticos, pues no se consideran relevantes para la vida particular de cada ciudadano(a). Sin embargo, conforme se va dando el cambio generacional también el desinterés comienza a transformarse en falta de satisfacción y desconfianza con la clase política tradicional, que en un contexto de voto voluntario aleja a los ciudadanos críticos de las urnas y los acerca a la protesta (Carlin, 2006, 2007). Independiente de la valoración que se le dé a esto, quien antes simplemente no se interesaba en política hoy es un “escéptico sofisticado” que no dudará en criticar al gobierno que no cumple sus promesas. El margen de tolerancia para el próximo gobierno es estrecho y puede que sea la última oportunidad de la Concertación para cerrar la transición.

La oposición dentro del Congreso es escasa, pero así como hay ciudadanos dispuestos a criticar la política sin participar de ella, hay un movimiento estudiantil cuya consigna para el 2014 es no bajar los brazos e impedir que las reformas de este gobierno se realicen bajo los códigos actuales. Ya se demostró con la renuncia de la subsecretaria de educación incluso antes de asumir y las críticas a la designación de Nicolás Eyzaguirre en dicha cartera (La Tercera, 31/01/12) que el movimiento estudiantil no está dispuesto a transar ni un solo punto en la materia. Se debe considerar que, además, contarán con votos clave en el Congreso: algunos más independientes que otros, pero sin duda serán motivo de tensión en el transcurso del año. En general, los independientes dentro del Congreso – no solo la bancada estudiantil – jugarán un rol importante en las políticas que se aprueben e incluso pueden llegar a alterar significativamente el contenido de una reforma.

Finalmente, las diferencias dentro de la Nueva Mayoría no deben ser despreciadas. Por mucho que los partidos del oficialismo insistan en que están completamente comprometidos con el programa de gobierno, lo cierto es que hay diferencias de principios que complicarán el funcionamiento de los engranajes en el primer año. La promesa de reformas profundas en cualquier dirección se vuelve cada vez más compleja conforme aumentan los intereses representados en una coalición y, aunque exista acuerdo inicial en el programa, la discusión en el detalle de los proyectos de ley y sus enmiendas fácilmente puede derivar en puntos muertos.

Por lo tanto, no esperemos un año tranquilo. Para que se cumpla la hoja de ruta el nuevo gobierno se deben sortear muchos obstáculos. La segunda luna de miel nunca es tan dulce como la primera porque dejas de sorprenderte con lo nuevo y comienzas a fijarte en los detalles que resultan desagradables.

Referencias

  • Beckmann, Matthew & Joseph Godfrey (2007). “The Policy Opportunities in Presidential Honeymoons”. Political Research Quarterly 60 (2): 250-262.
  • Carlin, Ryan (2006). “The Decline of Citizen Participation in Electoral Politics in Post-authoritarian Chile”. Democratization 13 (4): 632-651.
  • Carlin, Ryan (2011). “Distrusting Democrats and Political Participation in New Democracies: Lessons from Chile”. Political Research Quarterly 64 (3): 668-687.


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