Domingo 22 de Octubre de 2017

Todos los votos valen lo mismo, pero algunos más que otros

Por: - 10-12-2013

Uno de los mayores problemas que ha tenido que enfrentar la democracia chilena es el hecho que descansa constantemente en la sospecha de que es, en sí misma, muy poco democrática o que tiene profundas carencias que la han limitado desde su extraño origen. Es decir, la democracia chilena nos presenta dudas con respecto a su misma condición de tal, democrática, y, a la vez, con carencias de origen – el haber sido “inventada” y legitimada en dictadura – lo que la lleva a tener que cargar constantemente con una deslegitimidad de origen que no se  puede evadir sin apelar a las ventajas de ésta en relación a otras formas democráticas: estabilidad, gobernabilidad, creación de pactos, triunfo de mayorías, la negociación entre partidos, etc.

Para que no ocurran los errores del pasado, hoy tenemos una nueva tradición democrática que busca enmendar las fallas que tanto daño hicieron a nuestra tradición republicana, convirtiendo nuestro pasado reciente en la mayor demostración de aquellos límites que la democracia no debe sobrepasar. Una democracia limitada desde su origen, con un sistema electoral que – democráticamente – dice “no a la democracia” en pos de salvar a la democracia que se obligó a abrazar por todos los chilenos bajo el riesgo de que, en caso de no aceptarla, ser tildado de “poco democrático”. Trabalenguas… no, democracia en Chile con legitimidad de trabalenguas.

La actual senadora electa, Ena Von Baer, escribió con respecto al sistema electoral binominal: “Desde el punto de vista de sus objetivos, el sistema binominal no busca tener resultados proporcionales”. Se comprende que ahí donde el objetivo de un sistema electoral difiere totalmente de lo que el elector busca – que su candidato resulte ganador por medio de la voluntad de la mayoría – es poco y nada lo que podemos hacer en pos de defender lo democrático del sistema y tan sólo nos queda apelar a sus “objetivos”, que pueden ser muy loables y legítimos desde diferentes visiones, menos en búsqueda del objetivo de ser democrático. Como lo dice la senadora – hoy elegida con 22% de los votos de Los Ríos – “el sistema ha generado resultados proporcionales para los partidos que deciden entrar en una de las dos grandes coaliciones”. Perfecto, ahora ya podemos comenzar a divisar con mayor transparencia un sistema electoral “democrático” que –apelando a su falta de democracia – tiene como objetivo el no buscar resultados proporcionales para así salvar la democracia misma. El triunfo en las urnas de Marisela Santibáñez sólo puede ser legitimado como derrota apelando a un sistema electoral que se define por objetivos en pos de muchos principios – estabilidad, equilibrios, gobernabilidad, etc – pero no puede apelar a ninguna legitimidad de democracia como valor en sí.

Es curioso, al menos, el hecho de que el objetivo de un sistema electoral democrático sea garantizar la falta de democracia para salvar la democracia. Es como si en pos de la búsqueda de una cada vez mejor salud de algún paciente enfermo se decida el no sanarlo, sino el garantizar ciertos niveles de enfermedad para así no correr el riesgo de que, una vez alcanzada la salud, el paciente se encuentre en una situación peor, ya que la última vez que estuvo sano contrajo una enfermedad. Miedo a la democracia para ayudar a la democracia, “la última vez que disfrutamos de esta fue un desastre y debemos aprender del pasado”; una democracia como mínimo y no una democracia que aspira a maximizar su democracia. Así como la frase “justicia en la medida de lo posible” nos decía de manera indirecta; “no es justicia pero es lo que debemos de aceptar por limitada y mínima que sea bajo el riesgo de perderlo todo”; hoy nos encontramos con que el sistema democrático de mínimos ha llegado a niveles intolerables. ¿Bajo qué sistema democrático es posible el defender el hecho de “quien saca más votos no gana”? La única posibilidad es que sea una democracia con “actos mágicos”, donde el acto antidemocrático se convierta “mágicamente” en un acto de defensa de la democracia misma – y que nosotros simples mortales con definiciones terrenales de democracia no podemos llegar a dimensionar.

El “acto mágico” está en la necesidad de que futuros diputados o senadores no sean simples candidatos en busca del respaldo y el apoyo de la ciudadanía en base a votos; no, eso es secundario. El primer paso y fundamental es el firmar el respaldo a “esta democracia”, jurar su lealtad política y dependencia a ella, sólo así se te puede asegurar “cierta proporcionalidad” –como dice Von Baer– de las reglas del juego democrático de las urnas. Si estás fuera de alguna de las dos grandes coaliciones no estás en condiciones de solicitar proporcionalidad o el respeto a las reglas del juego básicas de cualquier sistema democrático – el que saca más votos gana – y no puedes exigir garantías democráticas al encontrarte fuera de los límites de aquello que esta democracia puede tolerar. La proporcionalidad es un lujo sólo para quienes forman parte de las dos grandes coaliciones, el que saca más votos gana sólo si eres parte de esas coaliciones, los fundamentos de la democracia electoral sólo operan para las grandes coaliciones, la democracia y sus fundamentos funcionan – y pueden ser exigidos – si eres parte de esas dos grandes coaliciones. Democracia entrampada o como dice el chiste; “todos los cambios deben ser por la vía institucional, que impide hacer cambios”.

Las instituciones funcionan, siempre y cuando estés dispuesto a competir por la vía institucional que garantiza el funcionamiento de la democracia y la representatividad del voto – ser parte de la Alianza o la Nueva Mayoría –. Si usted no está dispuesto a esto no solicite democracia en las urnas, usted es quien no respeta las reglas democráticas o, su definición de democracia es demasiado “democrática” para ser tolerada por esta democracia.



Comentarios

comments powered by Disqus
Newsletter
Redes Sociales
Sitios Amigos